¿Por qué Falso 9?

Este ambicioso e ilusionante proyecto nace de la pasión de cinco periodistas en cuyos primeros recuerdos siempre hay un balón de por medio al que se une el sonido de un comentarista que narra, indignado, cómo Tassotti le acaba de romper la nariz a Luis Enrique. Inspirados por una filosofía romántica sobre el fútbol, queremos hacer de “Falso 9” un lugar donde entender el deporte rey como una forma de vida, un constante estímulo que convierte a los goles en el eje de las más variopintas sociedades y que, en la dinámica de lo impensado de la que hablaba Dante Panzieri, traza historias de personas con nombres y apellidos que unas veces ganan —las menos— y otras veces pierden —las más—. El balón como nexo de civilizaciones, como un elemento que nos acerca a otras culturas y nos ayuda a entenderlas. El interlocutor capaz de poner fin a una guerra y de llenar los estómagos de los que no tienen para comer. Sentimientos, al fin y al cabo, sin colores ni fanatismos.

¿Por qué un falso 9?

Con esta denominación nos referimos a un concepto del que cualquier español de a pie ha debatido durante la Eurocopa de 2012. Sin embargo, la apuesta de vanguardia con la que Del Bosque convirtió en eterna a esta generación de jugadores y con la que Pep nos hizo exclamar “¡Viva la vida!”, no se trata de un arrebato de genialidad espontáneo que concluye con un sucedáneo de eureka, sino que tiene su origen casi un siglo atrás. Así las cosas, un marqués y un filósofer, dos denominaciones que no podrían ser más renacentistas, han conseguido un reconocimiento unánime echando la vista al pasado para reinventar el futuro dejando una huella imborrable en el presente.

Del Wunderteam a la Naranja Mecánica, de los Magiares Mágicos a La Roja, de la Máquina de River al Barça de Guardiola. Sindelar y Cruyff, Hidegkuti y Fábregas, Di Stefano y Messi. ¿En qué posición se encuadran? ¿Delantero centro? ¿Extremo? ¿Mediapunta? De todo y de nada, según tramos del partido: unas veces pegados a la cal, otras por el frente, algunas en la medular. Polivalencia y fantasía, no exactamente por ese orden.

Y esa es la razón por la que nos identificamos con ellos, porque extrapolando al fútbol la actual perspectiva del periodismo nos toca adaptarnos a los planteamientos del contrario, jugar en banda y en el centro al mismo tiempo, ser imaginativos en ataque y sacrificados en la recuperación del balón, fantasistas en una baldosa y agresivos en la presión: el futbolista total que prioriza lo colectivo por encima de lo individual y que, aunque a veces sea inevitable, no busca el lucimiento personal. No es que sea la receta definitiva para ganar el Balón de Oro, pero estamos seguros de que así tenemos más posibilidades de marcar muchos goles.

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