Rabiot

AdrienRabiotFIRMA DE FRANCISCO MARISCAL | Cuando Unai Emery llegó a París lo primero que hizo fue solicitar el fichaje del que, hasta la fecha, había sido su hombre de confianza en Sevilla y, a su vez, uno de los mejores mediocentros de Europa: Grzegorz Krychowiak. El traspaso del polaco hacia la capital francesa tenia lógica, porque de sobra es sabido que el técnico vasco busca en su pivote unas características muy definidas y, al fin y al cabo, el ex del Stade de Reims ya tenía asimiladas todas las funciones que el ‘modelo Emery’ pide. Con Thiago Motta apunto de cumplir los 35 años y Stambouli camino a Gelselkirchen, lo normal es que Krychowiak fuera el dueño y señor del mediocentro dentro del 4-3-3 que Unai iba a colocar en el Parc des Princes. Sin embargo, factores ajenos a todos y cada uno los que vivimos fuera del club nos han sorprendido al ver el ostracismo que está viviendo el polaco. El sempiterno Motta se ganó la confianza de Emery adelantando por la derecha en las alineaciones al antiguo pivote del Sevilla y, lo que es aún más llamativo, es que cuando el ítalo-brasileño no ha podido jugar ha sido un fino interior de sólo 21 años el que ha tomado el eje del equipo. Hablamos de Adrien Rabiot.

El mediocentro francés, nacido en Saint-Maurice (1995), es uno de los jugadores con mayor futuro de toda Francia y, a pesar de llevar ya cuatro temporadas en el primer equipo del PSG, ha sido desde la llegada del técnico español el pasado verano cuando Adrien ha conseguido dar un paso más, dejando semana a semana posos de su infinita calidad.

La historia de Rabiot es muy curiosa y osada para haber superado la veintena hace poco tiempo. En edad juvenil probó con el Manchester City, pero el tener a su padre muy enfermo le obligó a tomar la decisión de volver a París. Aunque Ancelotti le subió al primer equipo en 2013, fue Blanc quien comenzó a darle minutos por delante de Cabaye, Matuidi o Chantôme y convirtiéndose en el jugador número 12 dentro del equipo. Si sus predecesores vieron en él condiciones para ser una pieza importante en el futuro dentro del club, Emery, además de ofrecerle la posibilidad de jugar en más demarcaciones, está apostando por él más de lo que se podía prever a comienzo de temporada.

-¿Cómo juega Rabiot?

Se trata de un jugador fino, elegante y que, a pesar de que sus aptitudes vayan encaminadas hacia el aspecto defensivo, necesita estar en contacto con el balón permanentemente. Con Thiago Motta instalado en el pivote desde su llegada a París hace ya varios años, lo normal es haber visto a Rabiot participar casi siempre desde la zona de interiores, lugar donde destaca porque sus 188 centímetros de estatura le otorgan una envergadura que le permite abarcar mucho campo con esa zancada tan elegante que posee para el ida y vuelta. Así, es en el presente curso cuando mayor intervención está teniendo en su posición ideal: el mediocentro. Emery, estandarte de la política de rotaciones, perdió la confianza en Krychowiak y para dosificar a Motta ha encontrado en Rabiot a su hombre idóneo. Desde la sala de máquinas, Rabiot mueve los hilos del equipo con una precisión quirúrgica. La perla francesa alberga las cualidades de un centrocampista defensivo al uso —buena lectura del juego sin balón para la anticipación, un físico que engaña por ser espigado pero que le hace ser efectivo en la cobertura y una ayuda constante para el compañero cuando toca defender—. No obstante, lo que le hace especial es su exquisitez cuando el esférico pasa por sus pies. Con esa magia que suelen tener los zurdos cerrados, Rabiot tiene un dominio del juego espectacular y avanza metros con una conducción elegante que recuerda a Fernando Redondo. A todo esto hay que añadir su gran desplazamiento en largo y preciso toque en corto para devolver siempre el balón al compañero en ventaja. Y, por si esto fuera poco, cuando se descuelga y aparece en zonas de tres cuartos de campo también deja ver su buen disparo desde media distancia.

De este modo, Emery ha encontrado en Rabiot un todo en uno, porque tiene al hombre que le permite salir jugando con criterio desde atrás, al que le da un plus al sector defensivo y al que le hace ganar una altura extra en ataque cuando Verratti no participa.

Su partido frente al Barcelona en la ida de los octavos de Champions League fue consagratorio. Más allá del imponente nivel colectivo de todo el equipo que arrolló a los de Luis Enrique, Rabiot dejó una de esas actuaciones que son definitivas para un jugador de su edad y en un escenario propicio donde sólo los elegidos brillan, demostrando por qué está llamado a ser uno de los medios dominadores de Europa la próxima década.

08/03/2017

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