El viaje del pulmón

Real Sociedad vs VillarrealMARIO BECEDAS | Cuando algo va mal hay que tirar de pulmón. Coger aire con fuerza. Aspirar y, después, exhalar. Algo así hizo la Selección española aquel verano de 2008. Las cosas no iban demasiado bien, se cuestionaba a los jugadores y se precisaba oxígeno. Luis Aragonés lo encontró. Tras una primera fase de omnipotencia, la Eurocopa se topaba con Italia. Y fue en ese momento, en los cuartos, cuando de repente nos dimos cuenta de que Marcos Senna estaba ahí. Un portento que aparecía cuando se le necesitaba. Cada vez que Xavi levantó la cabeza, supo que nunca estaría solo. Sergio Ramos no pudo tener más coberturas por la diestra. Detrás ya no podía haber peligro.

La colocación perfecta de Senna le hizo partirse el alma en todos los balones. Hasta que un choque fortuito le dejó tendido en el suelo. Fue en ese instante cuando decidió reincorporarse y hacer historia. Aguantó la prórroga sobrehumanamente y, sin dudarlo, se atrevió con la tanda de penaltis que cambió para siempre nuestro fútbol. Aterrizó como un roble en semifinales. Su fortaleza de ébano quedaba patente. La Juventus suspiraba por él, pero sabía que su sitio estaba comandando a su ‘Submarino Amarillo’, el Villarreal.

Su poderío en el torneo hizo tirar de hemeroteca. Ya había estado en el Mundial de 2006 en Alemania, siendo pieza clave en la renovación que hizo Luis. Los violinistas necesitaban una sólida plataforma sobre la que atreverse a tocar. Tras caer contra Zidane, ‘El Sabio’ observó cabreado el círculo central y chasqueó los dedos. Ya sabía lo que había que cambiar. Ayudó un detalle de pocos conocido: en la temporada 2007/08 Senna recibió un galardón como el mejor jugador de LaLiga tras catapultar al club que siempre había confiado en él. Atrás quedaban los años de dificultades.

Fue en el lejano 2002 cuando Fernando Roig mandó a su cercano Manuel Llaneza a Brasil a buscar un delantero barato pero de garantías. El enviado se enamoró del juego de ese bastión del São Caetano. Por 600.000 euros el presidente lo tuvo aquí. En vez en un ariete le trajeron un centrocampista. Nunca se arrepentiría. Los comienzos, como siempre, fueron duros. Dos graves lesiones de rodilla en menos de un año y una estulta sanción por dopaje cuando el ‘Submarino’ se sumergía entre las tibias aguas de la Intertoto. Aquello supuso dos meses en la nevera. Marcos se equivocó, un antiinflamatorio traidor. Sólo un susto. Su honorabilidad era a prueba de bombas, como después se iba a ver.

Pellegrini le dio el mando. Se llegó a las semifinales de la Champions, donde sólo les tumbó aquel penalti de Riquelme ante Lehmann. El brasileño añadía tintes de calidad a su incombustible fondo. Un humilde superclase se fraguaba en las entrañas de la Liga, como ese gol inolvidable desde 50 metros al Betis. La recompensa vino con la nacionalización. Aunque siempre declaró que quería seguir el ejemplo de Mauro Silva y Donato, se quedó con el del último. La Selección le ganó y Brasil le perdió. Senna se adaptó enseguida al medio, excepto por no saber quién era Naranjito. Al primer ‘gafapasta’ convocado por ‘La Roja’ incluso le hizo ilusión la vacuna contra la garrapata previa a la Eurocopa de Austria y Suiza. El pinchazo significaba, casi seguro, estar en la cita. Su reluciente calva iba a iluminar las comunicaciones entre zagueros y artistas.

Después volvieron las lesiones y las molestias. En El Madrigal lo notaron, en la Selección Xabi Alonso se lo comió. Del Bosque movió los pinceles hasta que cambió el lienzo. Una locura que hubiera estado en Sudáfrica, no tanto en Ucrania y Polonia; pero el reloj había avanzado demasiado. Las piernas se habían gastado y tantos kilómetros pasaban factura. Quiso alcanzar los 40 en su casa amarilla, pero le estalló el descenso. El ya capitán Senna fue rotundo: “Llegué con el equipo en Primera, por lo que no quiero irme de aquí con el Villarreal en Segunda”. Aguantado el bochorno de las 42 jornadas en el infierno y devuelto a Primera, el pulmón ha dejado de oxigenar al ‘Submarino’ después de 363 partidos. Al otro lado del charco quieren tomar sus respiraciones. Aquí ya le espera para siempre la bocanada de la gloria.

Artículo escrito para Revista Minuto 116 el 25 de junio de 2014.

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