Marcos Llorente

marcosllorenteFIRMA DE SHARK GUTIÉRREZ | ‘¡Las doce en punto y sereno!’, gritaban los serenos cada vez que los relojes de las iglesias retumbaban en las desiertas calles de cualquier población española durante dos siglos. Los serenos fueron una figura importante a lo largo de casi 200 años en la convulsa historia contemporánea de España. Usado como un elemento de control en la dictadura franquista, esta singular figura procuraba guardar las llaves de todo un barrio o un vecindario. Se trataba de una persona de confianza, de cierto resguardo y orden. Si un sereno otorgaba un certificado de buena conducta, se tenía derecho a prácticamente un pasaporte. Se trata, en consecuencia, de un personaje que casi nadie echa de menos en ningún lugar de nuestra geografía, a pesar de ciertas iniciativas modernas como las de Gijón o el madrileño barrio de Chamberí.

El rol del sereno también se hacía notar en Vitoria. Una de las capitales de provincia con mayor patrimonio monumental es la sede del gobierno autonómico vasco, así como el lugar de alegrías del TAU —hoy Baskonia— y el Deportivo Alavés. No en vano, el fútbol casi siempre ha vivido en un segundo plano con respecto al baloncesto. Mientras el Buesa Arena miraba con admiración al deporte de la canasta, Mendizorroza apenas tuvo un pequeño ciclo de éxitos para el ‘Glorioso’. Preso de una pésima gestión de un avaro multimillonario ruso en su anterior etapa en Primera, Vitoria había vivido el descenso a los infiernos de una Segunda B de la que tanto le costó salir en la década de los 90. Posterior a aquella etapa, cualquier aficionado al fútbol mayor de 25 años recordará con simpatía a aquel modesto que se atrevió a ser grande durante un par de temporadas. Gracias a Mané, así como a un elenco inolvidable e histórico de jugadores, el Deportivo Alavés asomó la cabeza al contexto europeo merced a una machada: ser subcampeón de la Copa de la UEFA. Pese a todo, fueron más conocidos por una derrota con orgullo que por una victoria agónica, como fue la del Liverpool en aquella ocasión. La eterna promesa de establecerse en la zona noble de la tabla —y que no consiguió, como sí haría el Villarreal—, parecía una cosa del pasado que todos recordaban con lágrimas de emoción.

Ha pasado más de una década y lo que fue una desgraciada noche primaveral tendrá una oportunidad histórica de convertirse en todo lo contrario. Aunque esta vez será en nuestro país y en una final copera frente al Barcelona. ¿Cómo ha conseguido el Deportivo Alavés volver a las primeras páginas del foco mediático? Empezando de cero tras su ascenso a Primera la pasada temporada. Un entrenador nuevo —Pellegrino—, muchas bajas y muchas altas después, los blanquiazules han conformado una mezcla de juventud y experiencia en la máxima categoría a base de cesiones y fichajes de bajo coste con los que los vitorianos han conformado un equipo recio, sobrio y correoso, donde jugar bien se entiende de distinta manera a como lo hacen muchos aficionados al juego vistoso. Defensa de tres centrales y dos carrileros, un doble pivote que mezcla de fábula y libertad para la vanguardia. Sacrificio y orden que conforman hombres —y no sólo nombres— como Pacheco, Laguardia, Kiko Femenía, Theo Hernández, Camarasa, Ibai Gómez y, sobre todo, Marcos Llorente.

El centrocampista, cedido por el Real Madrid, ha encontrado un motivo para la sonrisa. Como hace el club de Concha Espina con el talento joven que necesita madurar lejos de la exigente plaza madridista, Llorente aceptó irse a un equipo recién ascendido. Allí ha contado con minutos desde el primer momento, siendo capital en las alineaciones de Pellegrino. El técnico argentino ha tejido un entramado defensivo que causa admiración entre los más modestos de la Liga Santander. Llorente ejerce de mediocentro posicional, un rol que ejerce con bastante eficiencia: en repliegue bajo, no es de los que acude rápidamente a presionar al poseedor del balón, sino que le espera pacientemente hasta que éste intente traspasar su zona. Es el momento en que anticipa, roba y desahoga al equipo. Esto no siempre implica que el Alavés juegue directo sobre sus puntas, sino que también cuenta con sus carrileros para influir en campo contrario. El madrileño esconde y guarda el esférico como si de un tesoro se tratara. Ni le quema en los pies ni tiene la imperiosa necesidad de retenerlo, algo que ha aprendido en estos cinco meses en Vitoria. No tiene que pasar por él, pero, aun así, pasa. Mayoritariamente ocurre cuando el Alavés quiere conservar el cuero y atacar con posesiones más largas. Ahí también luce el canterano madridista, que no sólo encuentra a compañeros y apoyos cercanos, sino que también se atreve con los más lejanos a él, los delanteros, quienes permiten acentuar la amplitud que dan Hernández y Femenía, así como la presencia de Camarasa. El que fuera jugador levantinista mezcla a la perfección con Llorente, ya que ofrece remate y llegada desde segunda línea y apoyos constantes cuando quieren asentar una posesión, pero también más agresividad cuando el Alavés pretende iniciar los partidos con un ritmo más alto para así poder controlar los partidos desde el resultado. En cualquier caso, Camarasa facilita la toma de decisiones de Marcos Llorente cuando éste tiene el cuero entre sus pies.

llorente

Si anteriormente se destacaba la labor sin balón de Llorente cuando el Alavés permanece en defensa organizada, sus movimientos sin balón cuando el equipo vitoriano tiene la posesión no pueden —ni deben— pasar desapercibidos. Cuando el equipo tiene dificultad para avanzar, el ‘6’ acude a socorrer a su compañero y ofrece una línea de pase distinta. Una opción alternativa y una ocupación posicional que permite despistar al rival. De esta forma, Marcos abre puertas para tomar decisiones correctas.

“Cualquier sistema que montéis sin nosotros será derribado. Ya os avisamos antes, y nada de lo que construisteis ha perdurado. Oídlo mientras os inclináis sobre vuestros planos, oídlo mientras os arremangáis, oídlo una vez más. Cualquier sistema que montéis sin nosotros, será derribado. Tenéis vuestras drogas, tenéis vuestras pirámides, vuestros pentágonos. Con toda vuestra hierba y vuestras balas, ya no podéis cazarnos. Lo único que revelaremos de nosotros es este aviso. Nada de lo que construisteis ha perdurado. Cualquier sistema que montéis sin nosotros, será derribado”. La voz de Constantino Romero permanece inalterable al paso del tiempo mientras traducía el poema de Leonard Cohen “Any System”. Más o menos como el Deportivo Alavés y Marcos Llorente, un auténtico sereno del siglo XXI.

22/02/2017

Anuncios

One thought on “Marcos Llorente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s