Sirigu

salvatoresiriguJULIÁN CARPINTERO | Dejando a un lado las impactantes lesiones de Aleix Vidal y Tano, seguramente una de las imágenes del fin de semana en LaLiga sea la parada de Sirigu a Benzema en El Sadar. El marcador del partido era 1-1 cuando Cristiano Ronaldo le sirvió un pase cruzado desde la derecha al francés que, con el tiempo suficiente para decidir, eligió la única opción que no le conducía al gol: los brazos de un Sirigu que con sus 192 centímetros se venció e intuyó que el ‘9’ del Real Madrid optaría por un toque sutil. Sin embargo, antes de que Isco, primero, y Lucas Vázquez, después, volvieran a batirle, el italiano aún tuvo tiempo de sacar con el pie un disparo raso de Cristiano. Porque, ya que a Osasuna le cuesta un mundo ganar, Vasiljević quiere tener la seguridad de que con un portero como él tampoco será fácil derrotarles.

No es casualidad que Osasuna sea el colista de la Liga Santander. Una victoria y siete empates en 22 partidos son cifras que dejan al descubierto lo dura que se le ha hecho a los ‘rojillos’ su vuelta a la élite del fútbol español. No obstante, desde que el serbio se hiciera cargo del equipo sustituyendo a Enrique Martín, las sensaciones del equipo hablan de una mejoría generalizada en todas las líneas salvo en una: la defensa. Con 49 tantos en contra, los navarros son también el equipo más goleado de Primera, un conjunto que en el ecuador del campeonato ha utilizado ya hasta a cuatro porteros diferentes. Ni el lesionado Nauzet (13 partidos y 29 goles encajados), ni el ex racinguista Mario Fernández (siete partidos y 14 tantos) ni el canterano Álvaro (un choque) han sido capaces de transmitir seguridad a una defensa ya de por sí joven e inexperta combinando grandes intervenciones con errores de bulto, especialmente en el caso de Nauzet. Por ese motivo, cuando el canario sufrió un golpe en el hombro en la vuelta de la Copa ante el Eibar desde la Dirección Deportiva vieron la necesidad de buscar en el mercado de invierno un portero fiable y experimentado. Y surgió la opción de Sirigu, que aterrizó en Pamplona con ganas de reivindicarse.

El camino de Salvatore Sirigu (Nuoro, 1987) hasta el fútbol de máximo nivel ha sido de todo menos sencillo. Como cuenta Jordi Quixano en El País, el ahora meta de Osasuna comenzó jugando de delantero, pero el hecho de ser asmático hizo que su entrenador le retrasara hasta la portería aprovechando su estatura y sus grandes manos. Con once años, el Cagliari le descartó en sus pruebas y puso rumbo a Venecia antes de que el Palermo se fijara en él por su sobriedad. Tras dar positivo por testosterona, en la capital siciliana empezaron a compararle, por su apariencia y sus cualidades, con un mito como Walter Zenga, que, curiosamente, fue el entrenador que le dio la oportunidad de debutar en la Serie A y que le envió a Cremona y Ancona antes de hacerle ver que era mejor que el brasileño Rubinho. Ya se había estrenado con la Azzurra cuando Leonardo viajó a Palermo para convencerle de que él era el portero que necesitaba el PSG. Y, después de muchas dudas, firmó.

Pero, aunque comenzó con el cartel de suplente, su paso por París no pudo ser más exitoso. No sólo por las cuatro Ligue 1, las dos Coupes, las tres Copas de la Liga o los dos premios a portero del año en Francia, sino que en el Parc des Princes Sirigu se convirtió en un portero de talla mundial, capaz de destrozar el récord de imbatibilidad del club que poseía Bernard Lama y dejarlo en 949 minutos gracias a su dominio del juego aéreo, su valentía en las salidas y su buena colocación. Por mucho que el lenguaraz Aurier pensara que estaba acabado, sólo la llegada del joven Trapp le desplazó de una titularidad que se había ganado a base de trabajo. Así las cosas, cuando Emery repescó al fantástico Aréola, Sirigu entendió que debía buscar una salida. No en vano, en Nervión tampoco iba a poder asentarse por la omnipresencia de Sergio Rico. Ni siquiera cuando Sampaoli probó las rotaciones fue capaz de ocultar su evidente falta de ritmo y no volvió a jugar después de ser expulsado en la jornada 6 en la derrota frente al Athletic.

Con la salvación a ocho puntos, el reto que este amante de la novela histórica y de los documentales marinos tiene por delante es mayúsculo: levantar un muro en una portería que en lo que va de Liga sólo se ha quedado a cero en una ocasión —contra el Celta, en la jornada 4— y recuperar la confianza que le llevó a ser una estrella más de la galaxia parisina. Aunque el resto piense lo contrario.

13/02/2017

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