Emre Çolak

emrecolakSERGIO DE LA CRUZ | No hay raza más especial en el mundo del fútbol que la de los mediapuntas, una especie en peligro de extinción. Esos seres que deambulan fuera del área, de poca fiabilidad pero poseedores del don que más ansía ver un espectador en el terreno de juego: la magia. El chasquido, el conejo en la chistera, el as de picas, las palomas volando fuera del sombrero. En La Coruña, bajo el influjo de las meigas, también tienen a su druida.

Emre Çolak es una de las muchas buenas noticias que ha visto surgir ante sus ojos el público de Riazor. El turco es la viva imagen del mediapunta que muchos llegamos a querer ser: el futbolista bajito, de apariencia frágil, que de vez en cuando saca la varita de la túnica y lanza sortilegios a diestro y siniestro. Regates, desbordes, pases que rompen la última línea… Incluso tantos llegando desde detrás. El repertorio de trucos es bien amplio, todo lo que llegó a prometer en su paso por el Galatasaray, club en el que recibió la sabrosa influencia de Arda Turan. También la irregularidad que le hizo perder la comba respecto a esa diferencia. Con ese bagaje llegó al Deportivo de La Coruña, entidad en la que se ha ganado un hueco.

No lo ha tenido fácil hasta el momento de la consolidación. No acumuló los méritos suficientes en la pretemporada y Gaizka Garitano le sometió a un meditado banquillazo que, sin embargo, se fue disolviendo con el paso del tiempo. El trabajo en los entrenamientos y el talento en los minutos en el campo fueron torciendo el brazo al técnico, que le introdujo en el once titular. La alegría duró poco, pues se quedó fuera de la convocatoria para el derbi gallego. “Todos sabéis que no fue una decisión técnica”, llegó a decir el entrenador. Y, otra vez, las dudas…

Emre Çolak debió echar la mente atrás, a los años en los que no fue capaz de asentarse en el Galatasaray. Seis temporadas de irregularidad en las que nunca llegó a ser imprescindible, en las que no dio forma a la inmensa calidad que atesora. Cursos de querer y no poder, y el tiempo que se le echaba encima. Nunca se es joven eternamente. De ahí una decisión que le daba mucho, mucho miedo, quizá la más complicada desde que empezó a alimentar a su familia con su labor como futbolista: dejar Turquía. Así es cómo llegó un turco a la patria de los turcos. Un salto al vacío que no podía acabar tan pronto.

Esto es lo que pensó Emre Çolak, lo que le sirvió para hacer propósito de enmienda y agachar la cabeza. El punto de inflexión del derbi gallego supuso un cambio de actitud en el irreductible otomano. A Garitano se le convence con hechos, cosa que él mismo también demuestra con hechos. Y la máxima expresión de este cambio de dinámica es la presencia que va ganando el ‘8’, que ya se ha convertido en uno de los protegidos de la grada y que suma cinco partidos completos consecutivos en LaLiga. Ante el Eibar, en una dura derrota para los suyos, hizo el gol de la honra —lleva dos—, pero el mejor dato es el de las asistencias: ocho, que ya le colocan como el mejor pasador de la escuadra.

Uno de los mejores socios de Florin Andone y gran artífice del juego de un Deportivo que este año no debería sufrir para conseguir la permanencia, el turco es parte del mobiliario en la playa de Riazor. Tras los titubeos de los primeros meses, parece entonado, metido en el equipo y acoplado a una ciudad con mar, como Estambul, y muy similar a su Ordu natal. Incluso se ha aficionado al arroz con bogavante. Ahora sí, lo tiene todo para ser, por fin regular. Todo depende de él. En el Depor, desde luego, esperan que así sea.

03/02/2017

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