Resignación

bojan_stoke_city_2SERGIO MENÉNDEZ | Fue a raíz del fichaje de David Villa cuando Bojan empezó a palpar una realidad que se le venía insinuando desde que Guardiola se sentó en el banquillo del Barcelona: no había sitio para él en ese equipo. Estaba claro que daba igual lo bien que entrenara. Nunca lograría ganarse la confianza de su técnico. Ni siquiera el papel que jugó durante la recta final de la temporada anterior, cuando la actitud de Ibrahimović conspiró a su favor para que el actual preparador del City, harto del sueco, volviera a recurrir a él para ocupar el extremo izquierdo contra Tenerife y Sevilla, partidos en los anotó sendos goles que acabaron siendo decisivos para que el Barcelona se alzara con el título de Liga, fue suficiente para ganarse el beneficio de la duda sobre su rendimiento y demostrarle que estaba en condiciones de darle todo lo que buscaba en un delantero.

Precisamente esa temporada la empezó como titular contra el Sporting de Gijón. Y marcando. Pero también lesionándose. El de Santpedor encontró en la rotura fibrilar que Bojan sufrió en su aductor a escasos minutos del final del partido la excusa perfecta para alejarle de su vista durante un mes. Quizá la lesión, unida a un temor a la recaída bien argumentado por su parte, podría incluso brindarle la oportunidad perfecta de reservarle para los minutos de relleno o partidos intrascendentes y, prácticamente, olvidarle hasta el final de curso. No es que opinara que el futbolista no gozaba de calidad o talento suficiente para jugar bajo sus órdenes. Durante esa campaña y la siguiente, de hecho, llegó a manifestar públicamente en más de una ocasión que era consciente que estaba siendo injusto con Bojan y que tenía una deuda con él. Hubiera o no cinismo en sus declaraciones, la cuestión, simplemente, es que no terminaba de encajar del todo en su sistema de juego. Así lo demostró pidiendo la contratación de Villa, primero, y rompiendo la promesa que le hizo a él y a su padre de que si todo iba bien contaría con minutos en la final de Champions League contra el Manchester United en Wembley, la gota que colmó el vaso de su paciencia.

Justo en ese momento se presenta ante Bojan una dolorosa encrucijada. Dado que entonces no existían motivos que invitaran a pensar que Guardiola fuera a dejar de dirigir al Barça a corto o medio plazo, tenía que elegir: renunciar a su ilusión de triunfar en el club de toda su vida y buscar una salida que le permitiera volver a sentirse futbolista o mantenerse firme en su decisión de quedarse y seguir acudiendo cada día a entrenar a cambio de una nula garantía de volver a jugar. Emprender una travesía a quién sabe dónde por el bulevar de los sueños rotos o perpetuarse en su condición de ciego que no quiere ver. Ser valiente o cómodo. Moverse o caducar. Resignarse o morir.

Aún le costaría un par de temporadas asumir que nunca llegaría a consagrarse como lo que la prensa dio en llamar ‘El nuevo Raúl y encontrar un club en el que tratar de reinventarse. Parecía que lo iba a hallar en la Roma, de la mano de Luis Enrique, una etapa que tiempo más tarde resumiría declarando que no se tomaría un café con Guardiola, pero tampoco con el asturiano. De ahí se marchó cedido al Milan y después al Ajax, una opción que Johan Cruyff le planteó en su día pero que Bojan no quiso contemplar, obcecado como estaba en brillar de azulgrana.

La experiencia en Ámsterdam, sin embargo, no fue lo exitosa que se cabía haber esperado en un principio. Y como en Roma tampoco pudieron hacerle un hueco a su vuelta, le vendieron al Stoke City, conjunto en el que ha permanecido desde hace un par de años en los que el delantero ha recobrado su buen juego, la sonrisa y, sobre todo, el cariño por parte de un club que no tuvo problema en dejarle ir Barcelona a recuperarse, junto a su familia, de la rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda que sufrió en febrero de 2015, frenando en seco su progresión y obligándole a perderse todo lo que restaba de temporada. Ya rehecho y sincera e infinitamente agradecido a los ‘potters’ por la oportunidad, Bojan vuelve a sus 26 años a hacer las maletas por enésima ver para recalar en el Mainz 05, en Alemania, resignado de nuevo a demostrar que todavía es capaz de reeditar la mejor versión de sí mismo.

30/01/2017

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