El guardián entre el centeno

willianjoseFIRMA DE SHARK GUITÉRREZ | Cuando J. D. Salinger decidió crear a Holden Caulfield para “El guardián entre el centeno”, se imaginó escribiendo a un individuo que miraba con cierta soberbia y desdén a a los demás, por los defectos que el propio Holden tenía para sí. El personaje era poderoso a la hora de detectar ciertas debilidades en los demás y las explotaba a su antojo. Su historia no deja de ser la de un chico elitista que quiere conocer el mundo que le rodea, a su forma y manera, para poder crearse una imagen más certera de lo que es el mundo. En cierta manera, la novela narra el viaje de Holden para conocerse a sí mismo, alejado del ambiente millonario donde vivía.

Lejos de parecerse al contexto que rodea al personaje principal de la novela, se puede reconocer a Willian José en lo referido a la búsqueda de su propia identidad futbolística. Su introspección ha sido exhaustiva, difícil y necesaria hasta llegar a las cotas de éxitos actuales, aunque tiene potencial para mucho más. Oriundo de Alagoas —como un tal Roberto Firmino—, Willian empezó a desarrollar su largo periplo futbolístico por la geografía brasileña en el Clube de Regatas Brasil hasta los 16 años, donde pasó a ingresar en las categorías inferiores del Grêmio paulista. En el Arena Barueri alcanza la primera división, siendo un habitual de las convocatorias y teniendo minutos de forma relativamente frecuente. Sin grandes cifras, fue llamado a filas para la selección sub-20 en 2011 —tanto para el Sudamericano como para el Mundial—. Fue con la ‘canarinha’ donde empezó a atraer la atención de otros equipos más grandes. Sería el Club Deportivo Maldonado —o el grupo inversor de Michael Caine— quien se llevó el gato al agua cuando se hizo con un Willian José al que los focos le apuntaban cada vez más. Equipos grandes como São Paulo, Grêmio o Santos contarían con el futbolista, aunque no consiguió ningún papel protagonista. Al no poder despegar en Brasil, el grupo inversor decidió probar suerte en España a través de cesiones pagadas como la que efectúa el Real Madrid Castilla, llegando a debutar con el primer equipo blanco —al que le escribió una carta de agradecimiento por la experiencia—, el Zaragoza —donde consigue alcanzar buenas cifras— y en la Unión Deportiva Las Palmas. Es con la llegada de Quique Setién con quien llama la atención de la Primera división española, habida cuenta de la reacción que alcanzó el equipo grancanario en la segunda vuelta de la temporada 2015/16. La versión tímida de Caulfield había encontrado hueco: la aportación al colectivo, ante el bajón de rendimiento de Sergio Araujo —héroe del ascenso el año anterior— contribuyó a que la Real Sociedad le pagara seis millones de euros por el 70 por ciento de los derechos del futbolista. El negocio estaba hecho, dejando a la Unión Deportiva sin el ‘9’ titular que ansiaba Setién.

Willian José se siente muy importante en Donosti en estos momentos. El contexto futbolístico favorece la integración de un jugador que, pese a tener un gran físico, da apariencia de torpe y lento, como si fuera un defensa de la Premier League. Como hace Holden en la novela, el brasileño testa los defectos con unas virtudes adquiridas, especialmente, en el año que estuvo en Gran Canaria: el juego de espaldas, fijando a los centrales y permitiendo a sus compañeros estar más libres para encarar portería. Esa es una de las razones que explican sus bajas cifras realizadoras para ser un ‘9’: asiste y potencia a sus compañeros, más que lucirse él. Casi al contrario que la mayoría de delanteros brasileños, Willian es pragmático y no se complica la vida demasiado, ya que si ve la ocasión de pegarle con cualquiera de sus dos piernas la revienta con fuerza. Pero no es la única forma que tiene para definir, ya que puede golpearla con la calidad necesaria como como para poner en aprietos al portero. Luego está el hecho de su corpulencia, pues sus 185 centímetros no pasan desapercibidos y es algo que se encarga de usar para pugnar balones divididos, defender un saque de esquina o rematar cualquier balón parado favorable a sus intereses. No es un delantero ‘fantasista’, más efectivo que brillante, que trabaja para el equipo, autosuficiente y solvente en el juego directo para un equipo que necesita de un punta con ese hambre goleadora y el afán de demostrar que puede encajar con Tite en la ‘canarinha’. Ese mismo afán aventurero que Holden Caulfield tuvo para descubrir sus contradicciones, aunque Willian lo haga para sentirse más útil para el equipo y, por tanto, dotar de esa felicidad perdida con la que, ídolos como Kodro o Kovačević, hacían sonreír en las tardes-noches de Guipúzcoa bajo la lluvia.

22/01/2017

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