Orellana

fabianorellanaFIRMA DE SERGIO DE LA CRUZ | La ira, junto al hambre y la violencia, es uno de los motores que mueve nuestro mundo. Es una corriente eléctrica que recorre el cuerpo humano y que, en caso de encontrar un flujo colectivo, puede descabezar sistemas, derribar estructuras complejas. A nivel futbolístico, la clave está en encontrar la chispa adecuada, que dirían Héroes del Silencio. Porque, a veces, la chispa puede prender todo un bosque. O un vestuario. O la paciencia de un entrenador. Tal vez, el ‘Toto’ Berizzo y Fabián Orellana no habrán escuchado en su vida la voz de Enrique Bunbury, pero saben de qué va el asunto.

De buenas a primeras, el Celta se ha quedado sin uno de sus mejores jugadores, que ha sido víctima de una fatídica debilidad: dejarse llevar por su colérico carácter. Le pasó con Fabri, con Sampaoli… y ahora con Berizzo. Orellana, tan prolífico en toda la zona de tres cuartos del campo como esquivo con las entrevistas y los medios de comunicación, salía de A Madroa haciendo el gesto de la victoria horas después de que el técnico dijera ante los micros que no jugaría más. El jugador respondería más tarde que el ‘Toto’ había sido desleal y su agente, al día siguiente, hablaría de una “pavada” que se tuvo demasiado en cuenta.

Lo cierto es que algo pasó en el vestuario de Balaídos, el único que obró el milagro de comprometer a Orellana con una causa que no fuera la suya. Tras hacer méritos en el Audax Italiano, el Udinese —la agencia de trabajo temporal de nuestro fútbol se hizo con él y le hizo pasar por el Xerez, con el que bajó a Segunda. El siguiente contrato fue en Granada, y allí hizo el camino de vuelta, consiguiendo un ascenso a Primera, eliminando al Celta en el primer cruce de los playoffs. Quiso Quique Pina un retruécano más y le mandó, precisamente, al club al que ajustició con un inverosímil tanto de cabeza con sus 169 centímetros. Paco Herrera dirigía la nave y a ella se subió el chileno, que hizo sufrir a España antes de subir al cielo en Sudáfrica. Un dolor de muelas en formato bolsillo.

Ya por aquel entonces se hablaba bien de un diablo de la mediapunta al que sus privilegiados pulmones le permitían correr hacia adelante, hacia atrás, regatear, llegar en segunda línea, robar balones y atrapar problemas, todo en uno. A pesar de sus evidentes capacidades, Luis Enrique, cacique del gremio de los desconfiados, le relegó al banquillo cuando aterrizó en Vigo. Tuvo que comerse sus palabras, y a decir verdad no le importó. Fue una maravillosa época la de ese Celta. Nolito, Rafinha, Krohn Dehli, Augusto… Retazos de un impresionante centro del campo y ataque del que ya solo queda Orellana, el superviviente que en poco dejará de serlo.

Cuenta la prensa gallega que el detonante del adiós de Orellana fue un mensaje lanzado a Roberto Bonano —portero de un hilarante Barcelona de principios de siglo y ahora ayudante de Berizzo— cuando éste le convocó a un cónclave con su técnico. La tensión ya se palpaba en el ambiente: varias lesiones y desplantes del jugador habían llevado la situación, otra vez, al límite. Fiel a su iracunda manera de proceder, Orellana habría despachado el asunto mandando al váter a su entrenador, en concreto para hacer aguas mayores. El consejo no fue interpretado por el destinatario como un mensaje en pos de su salud intestinal, precisamente.

Obligado casi contra su voluntad, el Celta se alineó con Berizzo y ha abierto todas las trampillas para que Orellana deje el club. El Valencia, experto en apagar incendios con gasolina, oposita para su fichaje. En Vigo, los optimistas dirán que en realidad la marcha del chileno es la confirmación de algo que ya era oficioso. Y no les faltará razón: Pione Sisto, Bongonda, Guidetti, Pape y Rossi ya han ido escoltando las doradas espaldas de Iago Aspas esta temporada, en la que Orellana apenas ha jugado nueve partidos. No llegará al décimo. Con el petate aún sin terminar, en Balaídos ni siquiera se entonará la Rianxeira para cerrar una etapa con un epílogo más ruidoso de lo deseado.

20/01/2017

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2 thoughts on “Orellana

  1. Un pequeño apunte… Orellana salía de A Madroa, no de Abegondo, que se encuentra unos 150 kms más al norte 😉

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