Nacho

nachoJULIÁN CARPINTERO | Probablemente no sea un defensa sobresaliente en ningún aspecto del juego, pero no hay una sola faceta que no domine. Porque, a base de trabajo, José Ignacio Fernández Iglesias, ‘Nacho’ (Madrid, 1990), ha acabado siendo una pieza fundamental del entramado defensivo de Zidane en el Real Madrid. Polivalente como pocos zagueros en LaLiga, en esta primera parte del campeonato el técnico galo ha encontrado en el internacional español a un verdadero comodín para los cuatro puestos de la defensa que, en la madurez de su carrera, ya no se conforma simplemente con cumplir.

A Nacho nadie le ha regalado nunca nada. Desde que llegara a las categorías inferiores del Real Madrid a principios de la década pasada procedente de la Agrupación Deportiva Complutense de Alcalá de Henares su constancia y su carácter tranquilo le ayudaron a ir subiendo escalones hasta el Castilla, con el que consiguió el ascenso a la Segunda división en 2012. Un año antes ya se había desvirgado en Mestalla como lateral izquierdo del primer equipo, cuando Mourinho le hizo debutar en un 3-6 ante el Valencia en medio de la tormenta de Clásicos que se vivió aquella primavera. A partir de ese momento, un Nacho por aquel entonces barbilampiño fue alternando su liderazgo en el filial —donde llegó a ser capitán— con las convocatorias con el primer equipo. No obstante, tener por delante a varios de los mejores centrales del mundo ralentizó su asentamiento definitivo en la primera plantilla blanca. De hecho, cuando le llegaba alguna oportunidad era para jugar en cualquiera de los dos laterales, una posición en la que se desenvuelve con total fiabilidad pero que no es la suya.

Sea como fuere, en la planificación del Real Madrid siempre se tuvo muy en cuenta al canterano, más todavía cuando en el verano de 2013 Albiol puso rumbo al Napoli y Nacho quedó como el cuarto central por detrás de Ramos, Pepe y Varane. Tanto es así que en el último mercado de fichajes la Roma estaba dispuesta a desembolsar cerca de diez millones de euros para vestir a Nacho de ‘giallorosso’ y, aunque Zidane no le garantizó que fuera a disponer de muchos minutos, el ‘6’ madridista optó por lo que había hecho siempre: pelear en cada entrenamiento, sin alzar la voz, y esperar su oportunidad. Y así es cómo éstas han ido llegando.

Imprescindible para Zidane por su compromiso y su espíritu colectivo, Nacho forma parte de ese núcleo de jugadores que entienden lo que significa vestir la camiseta del club en el que han crecido. Piezas como Lucas Vázquez, Carvajal o Morata, vitales en una plantilla que disputa tantos partidos a lo largo de la temporada, que siempre está exigida a ganar y que el entrenador marsellés ha conseguido tener activadas bajo cualquier circunstancia. De este modo, los problemas físicos que han ido arrastrando Sergio Ramos, Pepe e, incluso, Marcelo han hecho que Nacho haya sido una cara más que habitual en las alineaciones de ‘Zizou’. Hasta este momento, ha jugado ocho partidos de Liga, tanto en el centro de la zaga como en el lateral izquierdo, y no ha desentonado en ninguno de ellos. Las estadísticas hablan por sí solas: 37 recuperaciones, 20 de 21 entradas con éxito, más de la mitad de sus duelos individuales —tanto aéreos como cuerpo a cuerpo— ganados, un porcentaje de acierto en el pase superior al 90% y una asistencia de gol a Cristiano Ronaldo en la victoria frente al Sporting con un formidable centro con su pierna izquierda. Especialmente significativo, por lo simbólico, fue su partido ante el Atlético en el Calderón, en el que, como todo el equipo, rayó a un nivel altísimo junto a Varane, precisamente la misma pareja que dos temporadas atrás había naufragado en el mismo escenario en aquel 4-0 en el que tan tierno se mostró Nacho frente a Mandžukić. A esas cifras hay que sumar dos choques más en Champions League y otro par más en Copa, cuando dejó para el recuerdo su célebre gol de tijera ante la Cultural Leonesa.

Su edad —en pocos días cumplirá 27 años— impide que se hable de él como una promesa, pero es innegable que Nacho se encuentra en el mejor momento de su carrera. No sólo ha mejorado en el marcaje, en la lectura de las jugadas, en su capacidad de reacción para ir al suelo o en la fortaleza en el juego aéreo —a pesar de que no alcanza el 1’80—, sino que lo ha hecho en el aspecto mental: ahora Nacho salta al campo con la certeza de que es un defensa de élite, potenciando sus virtudes y escondiendo sus defectos, lo que de momento le ha llevado también a ser un fijo en las convocatorias de Lopetegui junto a compañeros de generación como Bartra. Un central pulcro, que recibe casi tantas faltas como comete (10 a 11), que no se complica en la salida del balón y que, al haber aprendido de maestros como Ricardo Carvalho, ha podido cumplir su sueño de niño. Zidane sabe de lo que es capaz y su segundo hijo nació el día de la Undécima. ¿Cómo no quererle?

09/01/2017

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