Voro

Voro.SERGIO DE LA CRUZ | “Soy el señor Lobo, soluciono problemas”. Harvey Keitel hacía entrada de esta forma en la historia del cine en la no menos histórica “Pulp Fiction” con un papel excelso. Histriónicamente eficiente y enfundado en un esmoquin, era la nota de profesionalidad entre la pléyade de desastrosos personajes que dispuso de manera inigualable Quentin Tarantino. En Valencia, los problemas son tan habituales como el café —con mucha leche y mucho azúcar— que Keitel se tomaba mientras lanzaba órdenes a John Travolta y Samuel L. Jackson. Pero en la capital del Turia también tienen a su señor Lobo particular: el señor Voro.

Delegado de campo a tiempo parcial, le ha tocado por quinta vez tomar las riendas del Valencia desde que Ronald Koeman se fuera por la gatera de Mestalla. Esta vez parece que es para quedarse. Se le presenta el más difícil todavía: resucitar a una parodia deportiva e institucional, que lo mismo se encuentra a Parejo en un bingo o en un local con las reservas bien cargadas de vaso de tubo, que le promete oro a Prandelli y acaba con los bolsillos vacíos. Nada por aquí, nada por allá. Una escuadra cuyo centro de la defensa es la lista de veteranos de guerra de Vietnam, un equipo con más nombre que juego y con un Director Deportivo que tiembla hecho un ovillo pensando cómo puede salvarse, y de paso al club. Con esto parte Voro.

Eso sí, cuenta con un imposible: el apoyo del inmisericorde Mestalla. No es casualidad que su nombre de pila sea Salvador, pues consiguió mantener al Valencia en la categoría cuando se atisbaban los nubarrones del descenso en la 2007/08 y ha servido de parapeto siempre que el equipo ha necesitado cobertura. Tiene el respeto del plantel y de la afición y una paciencia de escándalo. Además, de paso, también uno de los mejores registros en porcentaje de triunfos: ocho victorias en 12 partidos.

El 1-4 del Celta en Copa demostró que, este año, el reto será mucho más complicado. Con un canterano —Javi Jiménez— y un mediocentro —Mario Suárez— de centrales en su primera probatura, fracasó ante Iago Aspas, Wass y compañía. Sin embargo, pudo comprobar otra cosa en paralelo: la grada señaló al palco. Ganará un tiempo valioso para sentar las bases de la recuperación, que dirían los políticos. En este caso, Voro sería el candidato de consenso, palabra apenas usada en Mestalla.

Un candidato de convicciones férreas, con la disciplina por bandera y con las ideas claras. Por encima de todo, el sacrificio. Voro, que bajó con el Valencia a Segunda y sabe de primera mano lo que significaría una vuelta a los infiernos, pide de puertas hacia dentro lo mismo que predica de puertas hacia fuera. Que la confianza que demostró en el plantel tras el puñetazo en el mentón en Copa sea correspondida por el trabajo en el campo de sus chicos. Se podrá perder, pero nunca se podrá entregar la cuchara.

LaLiga sale al encuentro del entrenador-pócima y lo hace aparentemente con un rival asequible, un Osasuna colista por méritos propios. Se enfrentarán un delegado de campo y un Director Deportivo —Petar Vasiljević— en el duelo por dejar de ostentar la condición de mujer barbuda de la competición. Será el verdadero kilómetro cero de la nueva misión de Voro, el señor Voro.

06/01/2017

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