Gerard Moreno

gerardmorenoJULIÁN CARPINTERO | Creció soñando ser Tamudo y con el paso de las jornadas cada vez muestra más argumentos para hacernos pensar que puede coger su testigo. Porque, sin ser un goleador de grandes cifras, Gerard Moreno (Barcelona, 1992) ha tardado muy poco en convencer a Quique Sánchez Flores de que puede ser la referencia de ataque de su Espanyol. Y no sólo por sus goles —hasta el momento lleva seis, a uno de igualar su mejor marcar en LaLiga—, sino por todo lo que produce tanto de forma individual como con sus asociaciones con Piatti y Baptistão. Un delantero tan líquido que, por paradójico que parezca, no vive del gol. Al menos de momento.

“Lo fundamental en él es que es muy listo”, explicaba el año pasado un José Luis Oltra que le conocía a la perfección tras haberle tenido a sus órdenes en el Mallorca, una de las tres paradas previas que Gerard tuvo que hacer antes de volver a casa. Y es que el viaje de regreso del ‘7’ a Cornellá seguramente fue más largo de lo que a él le habría gustado. Desde niño, cuando no hizo otra cosa que marcar goles en las categorías inferiores del club blanquiazul, respiró el sentimiento espanyolista hasta el punto de que los fines de semana hacía de recogepelotas en el antiguo Montjuïc. Para entonces, su rostro ya lucía una cicatriz que define su personalidad: con apenas seis años, jugando en el campo de su pueblo, el balón se quedó enganchado en la red de la portería y la única forma de recuperarlo era trepando por el poste. Gerard, que ya lucía su inconfundible flequillo negro, resbaló al bajar, con tan mala suerte que un gancho se llevó un trozo de su cara dejándole una cicatriz de 37 puntos.

No obstante, sería el Villarreal el que le diera la oportunidad de brillar en la categoría de plata después de comprarle desde el Badalona y cincelarle en su cantera. Aprovechando el descenso del ‘Submarino’ y con el aval de los más de 30 goles que había hecho en Tercera, Moreno debutó con el primer equipo castellonense justo antes de que Llaneza, que no había perdido ojo de sus detalles, le mandara a foguearse a Mallorca en una operación que incluyó a Gio dos Santos y a Tomás Pina. Tanto fue lo que brilló en San Moix que, pese a la competencia de delanteros experimentados y con mucho instinto como Casadesús, Alejandro Alfaro, el israelí Hemed o Geijo, Gerard acabó siendo la pieza que hizo encajar el puzzle, como diría el propio Oltra. En ese momento ya se atisbaban en él todas las cualidades que le han hecho ser una de las sensaciones de la Liga Santander en este primer tramo de la temporada: era inteligente en los movimientos, se desmarcaba a la perfección, le pegaba con las dos piernas y tenía una asombrosa capacidad para estar en el momento oportuno en el sitio adecuado.

La siguiente temporada, la 2014/15 fue la de su explosión definitiva en Primera, cuando jugó 26 e hizo siete tantos, entre ellos el 1-1 que silenció el Bernabéu y que a la postre sería decisivo en el derrumbe del castillo de Ancelotti. Pero en verano el Villarreal cerró los fichajes de Bakambu y de Soldado y las puertas del ‘Submarino’ parecieron cerrarse para Gerard Moreno hasta que el Espanyol volvió a aparecer en su vida. Y el binomio funcionó, en cifras y en sensaciones, en un equipo y una afición huérfanos que habían perdido a referentes como Sergio García, Casilla o Lucas Vázquez y que no se terminaba de identificar con Caicedo.

A día de hoy Gerard Moreno es uno de los delanteros más interesantes de LaLiga. Puede jugar como un ‘9’ puro fijando a los centrales rivales a pesar de sus 177 centímetros, pero su movimiento favorito es arrancar desde la derecha buscando la diagonal para pegarle con su pierna izquierda —aunque tampoco tiene reparos en utilizar su diestra—. Llama la atención lo rápido que arma el disparo, preciso dentro del área y potente desde fuera, y el instinto que tiene para atacar el balón y rematar al primer toque los centros de Hernán Pérez, Aaron Martín o Víctor Sánchez. Compensa sus puntos débiles, como pueden ser la velocidad o el físico, con una gran inteligencia táctica y sacrificándose en la presión y en tareas defensivas. En definitiva, todas aquellas características que llevaron a Tamudo a ser el máximo goleador en la historia del Espanyol y una de los verdugos que más disgustos dieron al Barça. Es por todo esto que el próximo domingo Gerard tiene una oportunidad inmejorable para seguir escribiendo su propia historia vestido de blanquiazul precisamente en un estadio al que Tamudo fue capaz de cortarle la respiración. Se le ve en la cara.

16/12/2016

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