Viejos son los trapos

FIRMA DE ALAN ALBERDI | Después de mucho tiempo, River y Boca protagonizaron un Superclásico atrapante por las intenciones de juego y no por la fricción y el escándalo. Los grandes responsables fueron Andrés D’Alessandro y Carlos Tévez.

El regreso de Fernando Gago ha jerarquizado el juego de Boca. Como volante central, el ex del Real Madrid dotó de claridad y visión al equipo. Bajo su tutela, el equipo de Guillermo Barros Schelotto venía de superar a San Lorenzo y Racing con buenas actuaciones colectivas. Se esperaba mucho, entonces, del Superclásico en el Monumental. Marcelo Gallardo tomó nota de Gago como eje del equipo y llevó a cabo una decisión fundamental en el desarrollo del juego: Andrés D’Alessandro jugó como un clásico enganche, detrás de los dos delanteros, y no recostado en la banda derecha como acostumbraba.

Cuando la pelota comenzó a rodar, Boca intentó ser quien dominara el encuentro. No obstante, lo hizo de una forma más directa de lo esperada. No hizo falta tanta intervención de Gago porque los desajustes de la defensa ‘riverplatense’ permitían que Cristian Pavón, Carlos Tévez y Walter Bou corrieran cara a cara contra sus marcadores. Fue Tévez quien mejor leyó el partido y aprovechó los espacios. Primero asistió a Pavón, que definió al cuerpo de Augusto Batalla. Luego, se lanzó a correr ante la indiferencia del mediocampo de River y habilitó a Bou, que no falló. Boca estaba en ventaja y los locales en jaque. Parecía que, si afinaban la puntería, los de Guillermo Barros Schelotto sentenciaban la historia en el primer tiempo. Hasta que apareció D’Alessandro.

River jugaba en largo y perdía. Intentaba la jugada individual y perdía. No podía avanzar en el terreno ni hilvanar una sucesión de pases que moviera a Boca. D’Alessandro se cansó de esa situación y tomó la decisión de activar anímicamente a sus compañeros. Pedía la pelota y tocaba y se movía para recibir una y otra vez. Los espacios en el campo de juego siempre existen, sólo hay que descubrirlos. El atacante de 35 años hizo gala de su experiencia y carácter para dañar a Boca. Gago se sentía cómodo en el pase y el juego con la pelota, pero no destacaba a la hora del robo. A sus espaldas se empezó a gestar un partidazo de ida y vuelta. De un momento a otro, River pasó a ganarlo. Primero, por obra de D’Alessandro; y segundo por lo poco que le cuesta hacer goles a sus delanteros: Sebastián Driussi y Lucas Alario.

En el inicio del segundo tiempo, Boca parecía no haber asimilado el golpe de perder cuando creía tener todo bajo control. River, en cambio, se mostraba plagado de confianza. Generó muchas situaciones pero no pudo ampliar la ventaja. En un contraataque, Carlos Tévez le recordó al país que estaba en cancha: le ganó por enésima vez a Leonardo Ponzio y asistió otra vez a Pavón, que volvió a fallar. Quizá esa jugada tuvo mucho que ver con lo sucedido minutos después: Gallardo decidió sacar del campo a D’Alessandro, algo cansado y a las puertas de la final de la Copa de Argentina, el jueves ante Rosario Central. Su reemplazante fue Iván Rossi, que se situó al lado de Ponzio. El partido estaba controlado y sólo Tévez podía sorprender. Entonces River pasó al 4-4-2 para que el ‘Apache’ dejara de hacer las suyas. Pero el fútbol carece de lógica y, apenas unos segundos después, en una jugada forzada que demuestra lo que era Boca en aquel segundo tiempo, el arquero Batalla salió mal y Tévez puso el 2-2. Justo cuando Gallardo lo resignaba todo en pos de controlarlo.

dalessandro

Parecía que el partido terminaría empatado. River ya no tenía a su as de espadas y el cansancio se tornaba visible en ambos equipos. Fue entonces cuando Ricardo Centurión, el primer cambio de Schelotto, juntó a varios rivales y avanzó hacia el arco rival. La pelota le quedó servida a Tévez en la puerta del área. El ‘Apache’ sacó un remate brillante, magnífico, de ensueño. La pelota fue a parar al ángulo. El símbolo ‘xeneize’ definía el Superclásico de manera formidable. River ya no tendría respuestas anímicas ni futbolísticas. Gago fue la principal herramienta para tener la pelota hasta el final del encuentro y Centurión el encargado de sentenciar el choque tras dejar, una vez más, a Batalla en el camino. River quedó golpeado en la previa a definir un nuevo título. Boca es todo alegría tras subir a lo más alto de la tabla y ganar tres clásicos consecutivos.

El fútbol argentino al fin pudo disfrutar de un gran espectáculo entre los dos equipos más grandes del país. El 2-4 fue apasionante, vibrante, dinámico e impredecible como pocas veces en las últimas décadas. Los principales protagonistas fueron Andrés D’Alessandro (35) y Carlos Tévez (32), que con su experiencia fueron los abanderados de ambas instituciones. Se trata, también, de dos casos con gran identificación con los colores, surgidos de las inferiores y con fuertes rumores sobre nuevos rumbos. Mientras tanto, esta vez quedó demostrado: el Superclásico necesitará siempre de jugadores con tamaña jerarquía. La edad es lo de menos.

13/12/2016

Alan Alberdi es periodista y responsable de la web http://www.pasionfulbo.com

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