N’Zonzi

stevenzonziJULIÁN CARPINTERO | Le contaba Unai Emery a Diego Torres en la entrevista que publicó El País el pasado lunes que la temporada pasada Steven N’Zonzi le pidió salir del Sevilla después de que el ahora técnico del PSG le echara de una sesión cuando el francés se negó a entrenar alegando que no se hacía a la ciudad. Emery le mandó a casa, a reflexionar, y tres días después N’Zonzi le comunicó que seguía, que estaba dispuesto a pelear. Un año después el poderoso centrocampista de Colombes es uno de los pilares del infatigable Sevilla al que Sampaoli ha perfilado con la ayuda de Lillo, un titán capaz de cortar el balón en su propia área y, segundos después, finalizar una jugada en campo contrario. Porque este año N’Zonzi está siendo Banega en el cuerpo de Krychowiak.

Antes de que Sampaoli fuera dando forma a la eficaz versión que cada fin de semana se puede ver de su Sevilla, el técnico argentino tuvo que buscar el modo de que las piezas, las que entraban y las que salían, fueran encajando. Especialmente en el centro del campo, una línea que quedó muy mermada con las marchas de Krychowiak y Banega —sin olvidar la de Reyes—, la pareja a partir de la cual Emery diseñó su último Sevilla campeón. De hecho, hasta Iborra estuvo muy cerca de abandonar el Sánchez Pizjuán en los últimos días de mercado como sí hizo Konoplyanka. A cambio, ‘Monchi’ le dio muchos y muy buenos recambios con perfiles diferentes que hicieron que el cuadro rojiblanco ganara en fondo de armario: Kiyotake, Sarabia, Ganso, Franco Vázquez, Kranevitter, Nasri y Correa. Una legión de jugadores para dar lustre a una medular con la que competir con el Atlético por ser el primero de la otra Liga.

Llegados a este punto, con un tercio de la competición disputado, ya se puede hablar de ciertos rasgos característicos del proyecto de Sampaoli. La incidencia de Mariano y Escudero desde los laterales, la fiabilidad de Sergio Rico bajo palos, lo difuso de la figura del ‘9’ que encarna Vietto y la capacidad de Vitolo para dinamitar partidos. Y, cómo no, la omnipresencia de un N’Zonzi que con su tremendo despliegue está consiguiendo ensamblar todas esas individualidades a las que analizadas una por una costaba encontrarles la lógica. No en vano, con su paso adelante, el ex pivote de Blackburn y Stoke ha conseguido ser, al mismo tiempo, Krychowiak y Banega, puesto que a su fantástico sentido táctico ha sumado un exquisito y sencillo trato del balón a la hora de distribuir y filtrar pases a los hombres de ataque. Todo ello aderezado con un físico y una zancada portentosos que en carrera recuerdan al Vieira del Arsenal.

N’Zonzi es un jugador de contrastes y el gol que le marcó al Atlético en la victoria de los hispalenses en el Pizjuán es la representación más fiel de lo que se ha convertido esta temporada. Un escorzo de gimnasta tras un saque de banda, un desmarque al espacio y una carrera incontrolable que terminaba con un sutil pase a la red de Oblak. Indefendible. De tal manera, en este arranque de campeonato el imponente pivote no ha hecho sino confirmar las buenas sensaciones que dejó en el segundo tramo de la temporada pasada, cuando después de su charla con Emery empezó a dar lo mejor de sí mismo hasta el punto de ser incluido en el equipo ideal de la Europa League que el Sevilla le ganó al Liverpool en la final de Basilea. Un bastión en el juego aéreo gracias a sus 190 centímetros capaz de abarcar enormes espacios del terreno de juego, ya sea para ayudar en el entramado defensivo o para dirigir los contraataques, al que Sampaoli ha asignado el rol —con sus evidentes diferencias— que tuvo Arturo Vidal en su Chile. El único innegociable en la medular de Nervión, y prueba de ello es que su presencia ha sido fundamental para que el Sevilla lograra victorias importantísimas ante Betis, Deportivo o Valencia.

Así las cosas, cuando Monchi decidió pagar siete millones de libras al Stoke para hacerse con N’Zonzi ni él mismo se llegó a imaginar que se estaba haciendo con un purasangre con un perfil único en LaLiga. Un hombre que sin la garra de Krychowiak ni la finura de Banega ya es, por sí solo, lo que el polaco y el argentino eran por separado.

30/11/2016

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