En el nombre de Manrique

pedrobigasFIRMA DE SHARK GUTIÉRREZ | Pocas personas significaron tanto para Lanzarote —y Canarias— como César Manrique. Un artista en el amplio sentido de la palabra. Porque ser pintor, escultor y arquitecto solía ser algo muy extraño, desubicado del contexto en el que se movía el lanzaroteño. Amar la convivencia de la estética con la arquetípica naturaleza de su isla después de haber viajado alrededor del mundo aprendiendo de los mejores debe dar cierto bagaje, y Manrique —que siempre se movía en grandes inquietudes— no era menos. Pocas personas podrían amar a su isla, donde siempre tuvo la visión de poder explotar una tierra de la que, en sus propias palabras, “se reían porque era fea y solo había camellos y lava”. A través de sus pinturas, esculturas y casas, como las de Haría o Tahiche, César siempre buscó resaltar la belleza de su tierra y dar un paso más allá en su obra, ya reconocida en todo el mundo.

Concienciación con la naturaleza, lucha contra los especuladores y diligencia para enseñar al mundo su visión. En cierta forma, Manrique tiene un sucesor en la figura de Quique Setién, el técnico de Las Palmas. El cántabro lleva poco más de un año en la disciplina amarilla y ha implantado un discurso nítidamente cruyffista: quien tiene el balón es quien manda. Al igual que el artista lanzaroteño, Setién intenta armonizar ambiente y estilo sin obviar la practicidad del momento. Bajo estas directrices, la Unión ha apostado por jugar con cuatro defensas en la línea de zagueros. Como todo jugador que sigue su consigna, ellos tienen la prioridad de colaborar en la construcción de la jugada sin olvidar sus consabidas tareas defensivas.

Míchel Macedo es el lateral derecho elegido para influir en el ataque posicional grancanario. Potente, profundo, de los que gustan para ganar la línea de fondo y ponerla al rematador mejor posicionado. El brasileño se ha impuesto en la pugna a David Simón, un jugador igual de profundo pero más anárquico tácticamente y algo más dejado en las tareas defensivas. Macedo es el equilibrio en la derecha, quien dobla por fuera a El Zhar o Tana cuando éstos juegan en la zona derecha de la mediapunta. Y precisamente por tener esa tendencia de colaborar con el juego de posición que destila el técnico amarillo, Míchel ha encajado en el esquema de Setién.

El central del perfil derecho de Las Palmas está esta temporada algo más discutido entre David García y Lemos. El veterano capitán amarillo, líder del vestuario y de los pocos —por no decir el único— que estuvo en el equipo amarillo cuando descendió a Segunda B a mediados de la década pasada, es de esos centrales que dan una impresión irreal: parece torpe, lento y al que le pillan fácilmente la espalda. Pero nada más lejos de la realidad. Así, el de Maspalomas le está generando competencia directa al joven Mauricio Lemos. Pese a sus fallos de marca a balón parado, David García es un baluarte defensivo. Seguro en el corte, contundente en la disputa y con sobrada capacidad de mando, Setién le ha dado las oportunidades que ha merecido. No todo en él es perfecto, obviamente, y esto significa que sus limitaciones a la hora de sacar el balón de forma más precisa suelan penalizarle en beneficio del central uruguayo. Hasta ahora, Lemos ha mostrado el registro del prototípico defensa sudamericano: expeditivo, agresivo y pegajoso en el marcaje zonal (mixto o al hombre), el internacional sub-20 por la Celeste ha demostrado que, en cuanto tiene continuidad, es un baluarte imprescindible. Lemos es un central capacitado para salir desde atrás con la pelota controlada —como Setién pretende con todos sus jugadores—y tomando las decisiones casi siempre correctas a la hora de iniciar el juego desde atrás, además de ser un apoyo para Roque Mesa cuando éste, por circunstancias del juego, se ve superado. Ambos defensas pueden jugar en más posiciones y con roles distintos en el campo, ya que David García lo ha hecho en el lateral diestro y Lemos en el mediocentro.

Pedro Bigas es insustituible en el perfil izquierdo. Es de esas ausencias que se notan cuando no están por la ascendencia e importancia que tiene en el juego de Las Palmas. Es el primer apoyo de Roque Mesa y Vicente cuando tienen que iniciar el juego. Su zurda es precisa y siempre arriesga y toma decisiones que condicionan la respuesta del rival de manera definitiva. Hasta el punto que muchos jugadores rivales van hasta su zona de influencia para evitar que Bigas entre en contacto con el balón. Siempre que el ex jugador del Mallorca toca la pelota los grancanarios inician el juego de una manera limpia y generando superioridades zonales en el centro del campo. También hay que mencionar las cualidades que le hacen ser el corrector del central que le acompaña cuando es otro quien toma las decisiones de salir con la pelota en conducción y dar un pase que bata líneas. Un jugador fundamental en los esquemas de Quique Setién por encima de Lemos. Su sustituto es Aythami, un defensa mucho más lento, torpe con el balón en los pies y con una mala gestión cuando decide a dónde o hacia quién pasar —casi siempre atrás, hacia el guardameta—.

En el lateral zurdo, Dani Castellano parece haberse hecho indiscutible para el funcionamiento colectivo. No es un lateral técnico, sino que destila potencia, como Macedo. Sin embargo, sus golpeos de balón a la hora de centrar son, por regla general, garantía de un esférico que crea peligro en el área rival. Es más velocista, aprovechando su zancada, que fino regateador en corto. Algo diferente parece ser Hélder Lopes, quien sí es mucho más técnico aunque igual de potente y con los mismos defectos que su competidor. Dani es más profundo y participa tanto o más que Macedo en el otro costado. Teniendo en cuenta que son Viera y Boateng los dos jugadores que suelen caer hacia ese sector, tiene lógica que el lateral zurdo sea mucho más incisivo para ganar la línea de fondo.

Como colectivo, la defensa de la Unión parece equilibrada y afinada, pero lo cierto es que encajan muchos goles. Quizá demasiados. La teoría dice que es por el estilo de juego, tan atrevido y expuesto que realizan los de Setién en fase de recuperación de pelota tras perderla en campo contrario. Lo cierto es que en los conceptos de todo entrenador que usa la posesión para dominar partidos, situaciones y contextos, el juego sin balón adquiere una importantísima vinculación: cuanto mejor y más ordenada se realice la presión, más dificultará la salida del rival y, por extensión, causará pérdidas, tanto si es regalando la posesión, como si se genera una transición defensa-ataque por lo que, en cualquier caso, permitirá a la defensa recobrar su posición inicial. No obstante, en Las Palmas de Gran Canaria sigue habiendo un runrún: los goles a balón parado. No es casual que ante Valencia, Villarreal, Sevilla y algún equipo más se hayan encajado goles —algunos de ellos en los últimos minutos— que han supuesto una pérdida de puntos importantes. El entrenador ha declarado varias veces que “los balones parados en contra, después de estudiarlos tanto, no tiene demasiado sentido darles demasiada importancia” porque “son situaciones que no se controlan nunca y depende más del acierto rival”. Una conclusión que no comparte el coliseo amarillo.

Quizá sea una forma de armonizar al equipo para que priorice su naturaleza y minimice sus defectos defensivos. Al fin y al cabo, para la Unión lo más importantes es centrarse en atacar como medio de supervivencia en la categoría. Como César Manrique lo hizo siempre en el recuerdo de Lanzarote.

28/11/2016

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