Aspas

iago-aspasMARIO BECEDAS | Se la estaba jugando otra vez Iago Aspas. Le gusta caminar por el candente hierro de su carácter y muchos vieron de nuevo los fantasmas. Habían pasado sólo unas horas desde que unas cámaras le captaron diciendo que si tuviera un hijo del Celta le mandaría faenar a la batea y tras sus dos goles al Deportivo en el derbi gallego tuvo algún tipo de comunicación no verbal —y no precisamente elegante— con la parte brigantina de la grada. Esos muchos pensaron, antes de que pidiera públicamente disculpas, que volvería a pasar como en 2013, cuando un cabezazo del delantero al entonces central deportivista Marchena le costó la expulsión del encuentro, el perderse cuatro jornadas decisivas de Liga y el sufrimiento de su equipo en ese interludio para salvar la categoría.

Lo que sí que había salvado Aspas al equipo de su vida era el pellejo cuando en 2009 Eusebio Sacristán le puso en el minuto 60. Con apenas cuatro trotes en la primera plantilla, el de Moaña se sacó dos goles que no sólo hicieron al Celta aguantar en Segunda, sino que evitaron su desaparición. Así es la historia de un jugador de temperamento, montaña rusa de LaLiga, pelo mohicano de dolosa aceptación y rostro de boxeador ‘mosca’ y correoso del Chicago de la Ley Seca que ahora ha dejado su cara curtida pero sin cicatrices —las lleva por dentro— por la alegría prenavideña a la que insensatamente tiende España: su vida ha pasado a ser un anuncio de Lotería.

Si el cabezazo a Marchena le privó de debutar con la Selección española en la fase de clasificación para el Mundial de Brasil de 2014, como reconoció después Del Bosque, el inane paso de Aspas por el Liverpool durante un año y por el Sevilla durante otro le alejaron de ese sueño que parece tener todo chaval de debutar con ‘La Roja’, algo que incluso ocurría cuando no nos habían cosido la estrella de Sudáfrica. Ha tenido que ser otra vez en casa, en Balaídos, lejos de los huracanes de Suárez o Sterling, lejos de las exigencias de Rodgers, lejos de las manías de Emery, lejos de la feroz competencia de Gameiro y Bacca, donde Aspas ha podido descorchar el champán.

No le ha importado tener que regresar con el hatillo al hombro. No le ha importado perder a su camarada Nolito en la vanguardia celeste. Se la ha pelado demostrarlo todo con 22 años y tenerlo que volver a hacer el mismo camino, en el mismo sitio, a los 29, ya que él sólo se ha dejado domar por la sabia y santa paciencia de un Berizzo del que se debería hablar más fuera de Vigo. Aspas lleva seis goles en lo que va de Liga y el torneo de Tebas ha tenido a bien nombrarle mejor jugador de octubre. Para culminar tan bonito ‘spot’ de Loterías y Apuestas del Estado sólo faltaba ‘El Gordo’: la llamada de Lopetegui para debutar con España y encima en Wembley. Para darle un giro dickensiano, la oportunidad llegaría por la lesión de otro púgil de entreguerras: Diego Costa.

Y fue allí, en Londres, donde se inventó el fútbol grande, donde un día se timó a Beckenbauer, donde otro se lloró a Henry y donde un imberbe Guardiola contó los escalones hacia la gloria, donde también Aspas se convirtió en un Zarra que podría participar en Gran Hermano y con unos segundos quemándole en el pie la bola que le había metido Morata reventó con menos ángulo que una puerta cerrada —él sabe bien lo que son— la meta de la Pérfida Albión. La madre de Aspas gritaba para los medios “¡Vaya golazo!” y contaba que su hijo se había perdido con mucha ilusión las fiestas de su pueblo para llegar y pintar la cara a los ‘pross’ y a cada uno de sus ‘Three Lions’.

Los entrenadores querían un tanque de ‘9’ que él no era. Paco Herrera quería un hijo sobre el campo que él no era. Millones de aficionados querían un chico bueno que él tampoco era. Otros tantos le atisbaban, con menos de 25, como un meteorito que tampoco era. No menos le abocaban al perfil de chico rebelde que nunca se endereza y que acaba sus días de bota en fracaso, pero tampoco era eso. Si algo cuenta en el haber de Aspas es que ha sabido levantarse después de caer y que sin perder el encanto de sus errores ha sabido conseguir que éstos sean más pequeños que sus aciertos. Tras pedir al utillero de España en Wembley que le guardara todo material con el escudo de la Selección por si no volvía, Aspas demostró que ya nunca va a olvidar de dónde viene. Por eso nos gusta y por eso debería comprar ya su décimo de Lotería.

18/11/2016

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