Aire fresco en Bélgica

belgicaFIRMA DE FRANCISCO MARISCAL | Han pasado ya dos años desde que el universo futbolístico mantiene la esperanza de ver el despegue de Bélgica como una selección que, por nombres y estados de forma, debe estar llamada a ser uno de los combinados con mayor presente y futuro del deporte rey. Con dos competiciones de por medio ya disputadas —el Mundial de Brasil de 2014 y la Eurocopa de Francia de 2016— las dudas siguen siendo las mismas en torno a esta Bélgica, que cuenta con unos grandísimos jugadores que no combinan ni conectan bien como equipo. Las enormes individualidades no han sido bien gestionadas en el camino de encontrar un modelo que los ayude a crecer en lo colectivo y Marc Wilmots nunca consiguió un esquema en el cual el equipo pudiera potenciar a sus principales baluartes. Y es que una selección que cuenta con Hazard, De Bruyne, Lukaku, Alderweireld o Courtois es natural que consiga actuaciones brillantes que llevan a grandes fases de juego y, en consecuencia, sumar victorias, pero sin la regularidad necesaria para dar el salto a ser un candidato real en cualquier  torneo. El varapalo de caer en la última Eurocopa de naciones con un rival como Gales, ante el cual se sentían superiores, llevó a la federación belga a tomar la decisión de prescindir de Wilmots y dar un giro de 180 grados contratando a Roberto Martínez. Esta generación —quizá la mejor de su historia— sufre un gran hándicap negativo y es que cuenta con jugadores dominantes que están entre los mejores del mundo en todas sus líneas excepto en la posición más importante y de mayor jerarquía para un equipo: la de mediocentro.

La carencia de piezas con un perfil para gobernar la zona central sigue siendo uno de los problemas por los cuales este equipo no termina de arrancar en los últimos años. Y es que para dotar de un estilo a un equipo es imprescindible conocer cuáles son los jugadores en el medio campo y los más utilizados han sido Fellaini, Witsel, Nainggolan y Mousa Dembélé. Ninguno de ellos son mediocentros al uso, sino llegadores con físico y buen despliegue pero sin capacidad para mantener la posición y, sobre todo, darle salida y criterio al equipo con balón. Así pues, es difícil que todo el caudal ofensivo vaya acompañado de un juego colectivo que tenga fluidez y velocidad para colocarlos en situaciones ventajosas dándoles apoyos y consiguiendo que sus virtudes brillen.

Atendiendo a sus primeros partidos, Roberto Martínez se está encontrando con los mismos inconvenientes que su predecesor, aunque al menos el técnico español está siendo más flexible en cuanto a lo táctico enseñando ligeros retoques en el dibujo para minimizar sus defectos y darle un hábitat más adecuado sus jugadores determinantes. En recientes compromisos se ha visto a una Bélgica que ha dispuesto un 3-4-2-1 sobre el campo, una formación novedosa en los ‘Diablos Rojos’ pero que, sin embargo, ha mostrado ciertos visos de mejoría. Y es que en este esquema, con ciertas similitudes al de Antonio Conte en el Chelsea —y no sólo en lo nominal—, Bélgica puede esconder su inexistente juego en el medio campo dándole vuelo a la idea del contragolpe, donde la gran mayoría de los jugadores de tres cuartos se encuentran cómodos. Al colocar una defensa de tres más dos carrileros, los ocupantes de los extremos, Hazard y De Bruyne, abandonan la cal para ser más partícipes del juego interior. Así, además de estar más cerca del área ayudan a la zona ancha a asentar las posesiones en el campo contrario. De este modo, los Witsel, Dembélé o Fellaini se liberan de  la presión de tener que ser los únicos encargados de armar el juego.

Con este planteamiento se observa un equipo más asimétrico y equilibrado que acomodado, que no se parte tanto, que mantiene las líneas más juntas y, sobre todo, que libera a las piezas diferenciales, aquellas que lideran el frente del ataque dándoles dos funciones primordiales: primero, los puntas pueden iniciar una orquestada presión; y segundo, el estar más juntos sobre el césped les permite el intercambio de posiciones permanente, generando así desequilibrio a través de la movilidad y su capacidad para asociarse entre ellos. Estas dos funciones ayudan a paliar la falta de creatividad en el medio y le dan coherencia al nuevo sistema. Sin llegar a ser brillantes y aún con mucho trabajo por delante, parece que esta prueba del nuevo técnico puede cuajar en el tiempo, al menos hasta la aparición de un mediocentro que destaque por delante de la defensa o que los Tielemans, Praet o Defour den un paso adelante y se empiecen a asentar en las alineaciones para ver un nuevo cambio de dibujo.

14/11/2016

Francisco Mariscal es analista de fútbol y colabora con, entre otros medios, El nueve y medio.

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