Koke

FIRMA DE IMANOL ECHEGARAY | Cuestión de confianza y paciencia. El fútbol, a veces tan impredecible y caprichoso, también es eso. Tan solo el proceso error-acierto y el tiempo pueden ser suficientes. Para que un canterano se asiente en el primer equipo, para que un nuevo fichaje empiece a rendir o para que un futbolista se acople en una posición específica. Jorge Resurrección, al que mejor vamos a llamar ‘Koke’, puede dar fe de dos de estos tres puntos.

Por el Vicente Calderón aún se recuerda aquella mítica frase: “Entre ‘Keko’ y ‘Koke’ el mejor es el primero”. No vamos a despreciar a un fenomenal futbolista como Keko, pero por entonces llamaban más sus virguerías y regates que la pausa y control de Koke —un fútbol mucho más imperceptible a simple vista—. Le costó entrar en el primer equipo e incluso en la primera media temporada de Simeone su presencia fue siendo un goteo continuo. Tras eso, firmó el papel de titularísimo.

Y es que Koke siempre había jugado como mediocentro. Tanto en la cantera del Atlético como en las categorías inferiores de la Selección española. Pero ahí Diego Pablo Simeone disponía de su muro inamovible. Su doble pivote, a quien confiaría su propia vida si fuera preciso. Ese Gabi-Tiago con Mario Suárez como el ‘hombre descanso’. Pero, aun así, el ‘Cholo’ ya fue dejando caer que a quien quería ahí era a Koke. Lo intentó en temporadas pasadas, pero la obligación de los resultados al final terminaba tirándole para atrás. Koke también servía, y mucho, en tres cuartos de campo. Su visión de juego, su guante asistente y sus llegadas le daban al Atlético amplios beneficios. Pero lo notaba en su fútbol.

Esta temporada, favorecido porque el Atlético cuenta con un arsenal infinito arriba y una seguridad defensiva asombrosa gracias a sus dos centrales —y por el nivel excelso de un Gabi que no envejece—, ha sido la definitiva. Desde que Koke ha cogido la manija del equipo, el Atlético de Simeone es otro y juega a otra cosa. Y el que firma estas líneas dudaba, conste en acta. Pero le ha proporcionado una salida más limpia de balón. Además, sus compañeros ‘abusan’ de Koke para los aclarados en el juego —cambio de sentido— para posterior colocación en ataque. Por si fuera poco, su disposición defensiva no ha bajado un ápice, al contrario. Gabi se siente arropado tanto a la hora de iniciar un ataque como a la hora de colocarse en fase defensiva.

La visión de juego de Koke está fuera de toda duda. Hablamos, claro, de un pelotero que no le tiene miedo a meter la pierna. Un hombre que necesita sentirse fresco para pensar, pero que siempre acaba entre los tres jugadores que más kilómetros recorren en un partido. Ahora no sólo brilla en el apartado de asistencias, sino que también lo hace siendo el jefe de su equipo —hasta esta jornada, era el futbolista con más pases de LaLiga—. Y, si se le puede achacar algo, es que de temporadas pasadas a éstas, a balón parado está menos preciso. Aunque quizá ahí intervengan otros factores, como las bajas de Raúl García, Diego Costa o Miranda.

Hablar de Koke es hablar de un centrocampista para una década. De un diamante que se ha ido cocinando a fuego lento. De un futbolista al que se le empiezan a reconocer sus amplios méritos, como bien muestra su nominación al Balón de Oro 2016. Koke será, como bien se ha encargado de recordar siempre Simeone, lo que él quiera ser. Y esperemos que quiera ser mucho.

30/10/2016

Imanol Echegaray es periodista colaborador de Perarnau Magazine y estoesatleti.es

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