Sempre avanti

mauroicardiSERGIO MENÉNDEZ | “Pezzi di merda”. Con estas palabras se dirigía Mauro Icardi a un sector de los ‘tifosi’ que se había desplazado al Città del Tricolore para animarles a él, a Freddy Guarín y al resto de futbolistas de Roberto Mancini en el partido que les enfrentaba al Sassuolo. Corría el 1 de febrero de 2015, domingo. A diferencia de lo ocurrido en el encuentro de la primera vuelta en el Giuseppe Meazza, cuando el conjunto verdinegro fue aplastado por 7-0 gracias a un tanto de Kovačić, otro del propio Guarín, un doblete de Osvaldo y un hat-trick del rosarino, el Inter acababa de ser derrotado por 3-1 y caía hasta el decimotercer puesto de la Serie A, con el consiguiente enfado de su hinchada.

El pitido final hizo entrar en ebullición a la afición visitante, que empezó a reclamar a sus futbolistas que se acercaran y les dieran una explicación sobre lo ocurrido. Hasta allí se aproximaron Icardi y Guarín mientras les pedían con las manos que se calmaran y se despojaban de sus camisetas para regalarlas a la grada. Con algo de suerte, el gesto serviría para apagar un poco los ánimos. Nada más lejos de la realidad, pues la ofrenda del ‘9’ fue inmediatamente rechazada y enviada de vuelta a su autor, que no se tomó especialmente bien el gesto y desafió a sus indignados seguidores, apuntándoles con el dedo y reduciéndoles, en castellano, a “pedazos de mierda”.

Sirva lo anterior para contextualizar el origen de la mala relación que el delantero mantiene en la actualidad con el núcleo duro de su jugador número ’12’. Relación que se ha torcido más todavía a lo largo de los últimos días a raíz de la publicación de la autobiografía del futbolista, donde relata su versión del episodio de Sassuolo. En ella reconoce que sólo se acercó para dar su camiseta a un niño, que lo único que intentaba decir a sus aficionados es que, teniendo en cuenta que había sido el autor del único gol del equipo esa tarde, no tenía por qué disculparse y que habría llamado a 100 sicarios argentinos para matarles si trataban de hacerle daño.

Las palabras, obviamente, no han sentado nada bien a los miembros de Curva Nord, el colectivo que aglutina a los aficionados más radicales del club, que en el partido del pasado fin de semana contra el Cagliari recibieron a su estrella con mensajes como “Icardi, bastardo: inventaste mentiras para vender. Infame y mercenario” o “Usaste un niño para justificarte. No eres un hombre. No eres un capitán. No eres más que una mierda”. Donde las dan, las toman, debieron pensar los miembros de la agrupación, que justo después del choque emitió un comunicado en el que exponían los motivos por los que Icardi tenía que dejar de ser capitán del Inter. Texto que concluía con un contundente “Sácate el brazalete, payaso”.

Por si fuera poco, el jugador, que falló una pena máxima cuando el partido iba 0-0, contribuyendo de este modo a la derrota final por 1-2, todavía tuvo que ver cómo 40 ultras se presentaban en la puerta de su casa para mostrarle otra pancarta en la que se podía leer: “Nosotros ya estamos aquí. ¿Nos avisas cuando lleguen tus amigos argentinos?”, en alusión a la amenaza que les profirió el día de autos. Cuentan, de hecho, que el portero de la finca tuvo que dispersar al grupo de aficionados a punta de pistola.

Lo cierto es que Icardi, alias ‘Il bomber’‘El bombardero’—, punta dotado de un extraordinario olfato, una rapidez asombrosa y una excelente definición, hijo de la tierra de los Messi, Di María, Maxi Rodríguez, Martino, Bielsa o Menotti, no es precisamente un tipo demasiado popular entre prensa, aficionados y compañeros de profesión. Sí que lo fue hace un tiempo, cuando empezó a despuntar en la Sampdoria, pero la polémica en torno al origen de la relación con su pareja actual, la modelo argentina Wanda Nara, con la que habría comenzado a flirtear cuando todavía era esposa de su entonces compañero de vestuario e íntimo amigo Maxi López, le hizo quedar como un traidor. Una falta de ética más que reprobable y muestra de una total ausencia de escrúpulos que explicaría el hecho de que Icardi no esté disfrutado de oportunidades con la selección de un país tan visceral, tan dado a la demonización y tan enemigo de las escalas de gris como Argentina, ya sea por las filias y las fobias de Edgardo Bauza y sus antecesores en el cargo o por ahorrarle al muchacho posibles disgustos con el vestuario o la grada.

Independientemente de cuál sea la razón, parece que el tiempo de Icardi en el Inter se agota. De momento, el vicepresidente de la entidad y leyenda viva del club, Javier Zanetti, se ha significado a favor de los ‘tifosi’ pero mantiene el suspense sobre el asunto de la capitanía, lo que tampoco parece que fuera a importunar mucho a un tipo que, en lo que constituye toda una declaración de principios, ha elegido “Sempre avanti” —“Siempre adelante”— como título de su autobiografía.

24/10/2016

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