El recuerdo de Maguregui

mikelricoJULIÁN CARPINTERO | Hace poco más de tres meses Fabrizio Ravanelli concedía una entrevista a la periodista Eleonora Giovio. El por aquel entonces entrenador del Ajaccio francés repasaba sus mejores instantes en la Juventus y en la Nazionale justo antes de hacer una reflexión tremendamente ilustrativa. El ariete de pelo cano se quejaba amargamente de lo poco que valoran las jóvenes promesas de la actualidad la oportunidad que tienen de codearse con los mejores jugadores del mundo, pues en el momento en que destacan sobre el resto de sus compañeros suben sin escalas al primer equipo, pasando por alto la necesidad de curtirse en categorías tan ásperas e invisibles como la Tercera o la Segunda B. No es ese el caso de Mikel Rico, una de las grandes revelaciones de la Liga en esta primera mitad del campeonato, un hombre que tuvo que sobrevivir en la selva de un fútbol que en ocasiones roza lo amateur pero que a base de tesón y esfuerzo ha conseguido ser profeta en su tierra.

No importa que desde las butacas en las que ahora se sientan no puedan contemplar el gran arco que decoraba su añorada ‘Catedral’, ese que la capital vizcaína identificaba como un monumento comparable a la Basílica de Nuestra Señora de Begoña o al Palacio de Ibaigane. Los seguidores del Athletic, que tanto fútbol cobijan en sus retinas, saben distinguir a uno de los suyos en apenas un par de jugadas. Por algo disfrutaron de los centros de Gaínza, se abrazaron con los escorzos de Sarabia, vibraron con los cortes de Garay y aplaudieron las estiradas de Iribar. De este modo, cuando Mikel Rico se enfundó la rojiblanca y saltó al césped en la inauguración del nuevo estadio de San Mamés la única pregunta que rondó sus cabezas fue por qué aquel mediocentro de poco pelo había tardado tanto en volver a casa.

Y eso que el pivote de Arrigorriaga tuvo un paso cuando menos testimonial por las categorías inferiores del Athletic. El club de su localidad, el Padura, fue el que le dio la oportunidad de tener su primer contacto con el fútbol siendo aún un adolescente, un trampolín que le catapultó hasta el Basconia, donde no encontró la continuidad necesaria para aspirar a ganarse un puesto en una plantilla que a principios de los 2000 contaba con jugadores como Alkiza, Tiko, Yeste o el mismísimo Julen Guerrero. Ante la imposibilidad de saltar un muro de tales dimensiones, Mikel emprendió un viaje que le llevaría por distintos puntos de la geografía española, una suerte de mili que le hizo crecer como persona y que tuvo su prolongación en el futbolista. Cuenca, El Ejido, Huesca y Granada pudieron dar buena cuenta de las bondades de un centrocampista sacrificado en defensa, con criterio para distribuir el balón, una inusitada facilidad para llegar al área rival y que, con el trabajo por bandera, fue capaz de hacer realidad el sueño de cualquier niño cincelado por la brisa del Nervión.

maguregui

Las lecturas supersticiosas contemplarán en su camino señales que, irremisiblemente, le conducían a emocionar al público de Bilbao. Algunos dirán que el año en que Mikel vino al mundo (1984) fue el último en el que Athletic sacó a pasear la gabarra por la ría. Otros verán en su segundo apellido –Moreno– una coincidencia inequívoca con aquel delantero que jugaba con un pañuelo blanco en la cabeza y que respondía al apodo de ‘Pichichi’, de quien parece haber cogido el gusto por los goles. Y los más retorcidos asegurarán que la X que dibuja con sus dedos cada vez que hace temblar las redes de la portería rival en homenaje a su hijo Xabi no es más que una cruz ladeada con la que pretende rendir pleitesía a Santiago el Mayor, el patrón de la ciudad que hoy vive agarrada a su espalda.

Ernesto Valverde insistió durante todo el verano con la llegada del centrocampista, una prerrogativa que se entendía como secundaria ante la necesidad de incorporar un delantero tras la salida de Llorente por la puerta de atrás, una sensación que crecía al repasar la nómina de futbolistas con los que el ‘Txingurri’ contaba para ese puesto: Iturraspe, Gurpegui, San José, el sorprendente Erik Morán y Beñat, el fichaje estrella de Josu Urrutia. Pero la realidad se ha encargado de darle la razón al técnico extremeño, un férreo defensor de la meritocracia que no ha dudado en sentar al ex del Betis para que sea la dupla que Mikel forma con Iturraspe la que sostenga el engranaje que, unos metros más arriba, moldean Munian, Susaeta, Ander Herrera e Ibai Gómez.

2013 terminaba con la triste noticia del fallecimiento de Maguregui, referente del Athletic durante la década de 1950, un fino centrocampista que no ponía reparos si tenía que bajar al fango a recuperar un balón. No obstante, allá donde esté, Maguregui puede estar tranquilo, pues en el ‘17’ rojiblanco tiene un digno sucesor, al que podría identificarse como un verso suelto en el balompié moderno. Lástima que Mikel, que de no haberse dedicado al fútbol podría haber trabajado en los astilleros del puerto, sea más de prosa que de poesía.

Artículo escrito para Káiser Magazine el 16 de febrero de 2014.

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