Juande

juanderamosJULIÁN CARPINTERO | Hace sólo unos años hablar de él era hacerlo de uno de los entrenadores más cotizados de Europa. Bajo su dirección, el Sevilla vivió los mejores años de su historia, un trienio dorado con el que, más allá de los títulos, dejó la sensación de haber creado un equipo con unas premisas muy claras —crecer desde una defensa ordenada, intensidad en la medular, abrir el campo con dos extremos rápidos y profundos, contundencia arriba— y recursos para ser capaz de adaptarse al rival y competir con los grandes. Sin embargo, y a pesar de que nunca fue un gran revolucionario de la táctica, la sensación que Juande Ramos transmite a día de hoy es la de no haber evolucionado desde que abandonó el Pizjuán para coger el timón del Tottenham. Y el síntoma más claro de este estancamiento se percibe en su Málaga, un equipo tan plano como previsible que está sobreviviendo a base de chispazos. ¿Hasta cuándo?

En la mayoría de ocasiones, a los entrenadores no les hace falta inventar nada para poder alcanzar los resultados que persiguen. Básicamente, porque cada vez es más difícil y todo está en el pasado. Por eso, su principal labor está en saber trasladarlo del papel al terreno de juego con su particular sello. Quizá esa fue la gran virtud de Juande Ramos en el Sevilla, que a partir de un reconocible 4-4-2, el sistema más utilizado en el fútbol moderno, consiguió prácticamente todo lo que se propuso. Si bien es cierto que en el Málaga no tiene un lateral tan profundo como lo fue Dani Alves, un multiusos de la talla de Poulsen ni la clase de un punta como Kanouté, la realidad es que la plantilla costasoleña cuenta con piezas lo suficientemente interesantes como para variar los sistemas, intentar hacer un fútbol más ofensivo y cambiar la dinámica de un equipo que deambula por la zona media-baja después de haber ganado únicamente dos partidos.

El principal enigma del Málaga de Juande es la no utilización de las bandas. Su Sevilla sacó adelante muchos encuentros gracias a la verticalidad de Jesús Navas y a la picardía de Capel, dos puñales que, además de buscar a Luís Fabiano y a Kanouté, eran capaces de finalizar la jugada. En este sentido, el pasado verano el Málaga cerró los fichajes del sportinguista Jony y de Keko Gontán, que venía de hacer una espectacular temporada con el Eibar. Los dos son veloces, profundos, se asocian bien para buscar a los puntas y, especialmente en el caso de Keko, tienen tendencia a buscar la diagonal para probar el tiro. Los dos interiores, que fueron presentados el mismo día, parecían dos réplicas de los Navas y Capel de hace una década, pero en las últimas jornadas han desaparecido de las alineaciones de Juande pese a ser los jugadores más desequilibrantes a la hora de atacar. No se sabe muy bien por qué, pero el técnico manchego ha renunciado a ellos en un momento en el que ‘Chory’ Castro tampoco ha mejorado al equipo. En este contexto, sólo el veterano Duda —cada vez más alejado de la banda y reubicado en el medio por su edad— ayudó a que el equipo sumara en su victoria ante el Athletic.

jony

En el debe de Juande también aparecen sus dificultades para encontrarle un escudero a Camacho. El mediocentro aragonés, que a punto estuvo de ser traspasado al WBA en agosto, es el verdadero termómetro de un Málaga en el que su importancia va más allá de su poderío aéreo, su sentido táctico o su personalidad para competir. Pese a todo, Juande tampoco ha dado con la tecla a la hora de elegir su acompañante, puesto que ni Recio ni Kuzmanović han sabido dar ese plus de consistencia y Fornals, que explotó de la mano de Javi Gracia, ha estado desaparecido hasta esta última jornada. Así las cosas, el Málaga sufre a la hora de conectar con Juanpi, el hombre que le da sentido al poco caudal ofensivo de los blanquiazules, y la tendencia es que se acaben partiendo dejando al venezolano a merced su exquisita calidad.

De esta manera, con un Kameni menos inspirado que otras temporadas, un Diego Llorente inusitadamente desacertado y un Charles perdido que no encuentra el camino al gol, el Málaga de Juande ha vivido de la versatilidad de Rosales en el lateral derecho, la fortaleza de Camacho y la fantasía de Juanpi, que, al menos, han visto cómo se sumaba la movilidad de Sandro y las variantes que ofrece el joven En-Nesyri, que hasta este año pertenecía al Atlético Malagueño. Es decir, que las individualidades han mantenido al bloque cuando el modelo que implantó Gracia predicaba todo lo contrario. Pero mientras Juande siga empeñado en no explotar sus puntos fuertes a la vez que minimiza los débiles su Málaga será un equipo carente de identidad y de ideas. Y él un entrenador de otra época.

19/10/2016

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