Savić

stefansavicFIRMA DE IMANOL ECHEGARAY | ‘¿Dónde está Lewandowski?’, se preguntaban en el autobús del Bayern de Múnich al acabar el partido del Vicente Calderón. Le perdieron la pista tras terminar el himno de la Champions League y nadie supo volver a situarle. Mientras, en otro rincón de Madrid, Stefan Savić llegaba a su casa y se empezaba a vaciar los bolsillos. La cartera, las llaves, una carta de un seguidor del Atlético y él. Allí estaba él. Le había empequeñecido tanto que se lo había quedado de llavero.

Me proponían los amigos de Falso 9 un artículo sobre este central de vieja escuela. Lo hacían 48 horas antes del duelo ante el Bayern y acepté sin pensarlo. Por delante estaba el reto mayúsculo de frenar a uno de los tres mejores ‘9’ del mundo. Y no dudaba que lo conseguiría. Quizá me ayudaba a este pensamiento que, cuatro meses antes, ya lo había logrado.

Y, ¿cómo hablas de un hombre tan sereno y rígido? ¿De alguien que parece que nunca sonríe y que vive con permanente gesto de clamar venganza? Lo dije y lo reitero: para conocer a Savić basta con verle jugar. Futbolísticamente no le recuerdo un partido por debajo del notable. De verdad. Es asombrosa su capacidad de rendir ante cualquier rival, en cualquier escenario y sean los minutos que sean. La sobriedad que transmite junto a Diego Godín asusta a propios y extraños. La contraprestación del hombre al que ha ido quitando terreno y titularidades a la velocidad de la luz. José María Giménez está llamado a ser presente, pero sobre todo futuro, del Atlético y de la Selección uruguaya. El alumno aventajado de Diego. Pero sus excesivas revoluciones a la hora hora de jugar le han pasado factura a él y al equipo en momentos puntuales. Con Savić no hay atisbo de que eso pueda suceder.

Su partido contra el Bayern fue la ejemplificación de todo lo que es. Una bestialidad en el juego aéreo. Una pared de hormigón armado, reforzado por su compañero de zaga, que no permite pasar de dos en dos. O jugador o balón. Como todo, el muro no es 100 por cien fiable. Se queda en el 95. Pero detrás está la trampa. Espera Oblak.

Como decía, a la manera de dejar a Lewandowski a la altura de Sinama-Pongolle, se sumaron sus incansables apoyos y coberturas a Juanfran cada vez que el lateral perdía la posición o se veía superado por su marcador. Pero lo que verdad le cataloga es la seguridad que da a su propio aficionado cuando éste le ve como uno de los once de inicio. Y, sobre todo, haber conseguido que, en este principio de temporada, Godín no esté siendo el mejor central de la plantilla. Palabras mayores.

Y es que entre el montenegrino, el uruguayo y el esloveno han creado la multinacional de secuestros express. En siete días han secado a Messi, Neymar, Suárez, Lewandowski, Müller, Ribéry, Robben y compañía. Porque puede fallar uno, rara vez dos, pero difícilmente los tres.

Savić ha venido para quedarse y formar una pareja de ensueño con Godín. Él, más preocupado del juego que de peinarse, más pendiente de defender que de la pose, no será nunca reconocido fuera del Manzanares. Pero eso a la afición del Atlético no le importa. Porque, qué demonios, es como si Arteche hubiera bajado del tercer anfiteatro y se hubiera vestido de corto.

02/10/2016

Imanol Echegaray es periodista colaborador de Perarnau Magazine y estoesatleti.es

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