Volver a empezar… otra vez

BARCELONA - ROMASERGIO MENÉNDEZ | Iago Falque no es un gallego al uso. De lo contrario, hace tiempo que la morriña, el sentimiento de mayor inherencia a los nacidos al oeste de O Cebreiro, le habría retirado. A sus 26 años, este vigués se ha pasado más de media vida lejos de su tierra y acumula en su currículum un sinfín de traspasos y cesiones que en más de una ocasión le han conducido al extranjero. Turín, Bari, Villarreal, Londres, Southampton, Almería, Madrid, Génova, Roma y, de nuevo, la capital de Piamonte forman, por este orden, la hoja de ruta de Iago desde que en 2008 abandonó el Barça, el equipo en el que le habría encantado triunfar.

Es lo suyo después de pasarse más de un lustro en La Masía, a la que llegó tras una breve estancia en el Real Madrid. Pero los intentos por parte de los dirigentes de La Fábrica para retener a un talento del que se prendaron tras invitarle a disputar de blanco un torneo en Maspalomas en el que fue designado mejor jugador fueron totalmente en vano. Nada pudieron hacer para convencerle de no marcharse al eterno rival, donde conocían su afición por el rojo y azul e incluso le pusieron un piso para que su padre le acompañara a Barcelona, una de las condiciones de la familia para el fichaje.

Allí siguió enamorando gracias a la potencia y precisión de su pierna izquierda, su desplazamiento en largo y su espléndida visión de juego. Y así estuvo hasta el verano en que Luis Enrique sucedió a Guardiola como entrenador del Barcelona B y convocó a ocho juveniles para sumarse a la pretemporada del filial: los porteros Rubén Miño y Jordi Masip, los defensas Martín Montoya y Andreu Fontàs, los centrocampistas Iago Falque, Oriol Romeu y Thiago Alcántara y el delantero Rubén Rochina. De entre todos ellos, solamente Iago y el mayor de los hijos de Mazinho habían disputado ya algún minuto en Tercera a las órdenes del actual técnico del Manchester City. Pero, a diferencia del segundo, Falque no llegó a ganarse la confianza del asturiano. Cuentan, de hecho, que Luis Enrique se mostró especialmente duro con el futbolista a la hora de trasladarle su intención de devolverle a la categoría inferior, comunicación que efectuó en mitad de un entrenamiento, a la vista y oídos de todos sus compañeros, en un tono bastante impertinente. Algo así como J.K. Simmons en Whiplash.

En lugar de caer en la complacencia, Falque se apresuró a buscar un equipo que le permitiera cuestionar esta decisión. Fue la Juventus la que se acabó haciendo con los servicios del jugador. En esta ocasión no fue su padre, sino su abuelo Carlos, quien se marchó con él a Vinovo, el pueblecito a escasos kilómetros de Turín donde se ejercitan los alpinos. Para que no le faltara quien le comprara el pan y le hiciera la comida mientras el rapaz trataba de hacerse un hueco en la élite.

Iago, en cambio, no llegó a disputar ningún partido oficial con el primer equipo. Salvando algún que otro amistoso y un par de ocasiones en que Ranieri no pasaría de incluirle en la convocatoria, todo lo jugó en el filial, lo que le obligó a encadenar una serie de cesiones en busca de mejores oportunidades. Tras recalar sin demasiado éxito en Bari, Villarreal —donde, por lo menos, logró debutar en Primera— y Tottenham, el conjunto inglés abonó a la Juventus tres millones de euros para prestárselo, en primer lugar, al Southamptom y, después, al Almería, donde resultó determinante para conseguir al ascenso, y al Rayo Vallecano, a petición de Paco Jeméz, el hombre que le concedió los minutos que necesitaba para terminar de explotar y hacerse visible a ojos del mundo. Especialmente recordado es su doblete ante el Málaga y un balón a la escuadra en casa del Espanyol, actuaciones que le valieron su contratación por el Genoa, club con el que llegó a anotar 13 goles en la temporada 2014/15, algunos de ellos de gran factura. Fruto de su buena campaña como ‘grifone’ se produjo su traspaso a la Roma a principios de la temporada pasada, donde su participación fue mermando a raíz de la destitución de Rudi Garcia y del nombramiento de Spalletti como relevo en el banquillo. Empujado a una enésima cesión, este gallego vacunado de morriña por la errancia, regresa ahora a Piamonte, pero con ficha del Torino, con la única intención de encontrar un sitio en el que deshacer la maleta. De momento, lo que sí ha conseguido Iago es cobrarse una pequeña y particular ‘vendetta’ contra su anterior equipo gracias al par de goles que le endosó a la Roma el sábado. Por algo se empieza…
26/09/2016

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