Douglas

douglas-sportingMARIO BECEDAS | Allí donde la espalda pierde su decoroso nombre ha empezado la última epopeya del último héroe conocido en la liga española. Si Cela consideraba el tafanario un elemento cuya buena salud resultaba imprescindible para cualquier escritor que se preciara, esta relevancia no es menor en el caso de los futbolistas, como ha demostrado el bueno de Douglas Pereira. En el colmo de una Liga que vio a Butragueño enseñar lo suyo y a Míchel tocar lo ajeno, a Gil repartiendo toñas, a Piqué seducir a Ibrahimović, a De Pedro mordiendo el labio a Kovačević o a Palermo partirse la pierna celebrando un gol con la grada, el brasileño se ha lesionado el glúteo por quedarse dormido en mala postura en el autobús del equipo.

La historia pasaría por mera curiosidad para incluir en la cabecera del antiguo ‘El Día Después’ —aún soñamos con esa música de fondo con el “Rafa, no me jodas”— de no ser porque el protagonista merecería su propia cadena de televisión. Las andanzas del ingenioso Douglas empezaron cuando un hado del destino, atendiendo al apellido de Zubizarreta, se fijó en él para reforzar el lateral derecho de un Barça que había tirado la casa por la ventana con Luis Suárez, Rakitić, Bravo o ter Stegen. El gigante exportero vasco, al que en el fondo todos debemos una sincera disculpa —llegamos a comparar su trabajo con el de Snorlax—, se fijó en la técnica y velocidad de este carrilero defensivo del São Paulo sin saber que nos cambiaría la vida.

Tras desembolsar cuatro millones de euros y fijar otro millón y medio en variables, Douglas aterrizó en Barcelona en el verano de 2014 dejando atrás un comienzo de año calentito en Brasil, donde recibió las críticas de la hinchada por no volver al nivel del Goiás y donde se las tuvo con su entonces entrenador. Todo un tráiler para la ‘sitcom’ que acabaría protagonizando con un Luis Enrique que, haciendo de casero tacaño, apenas si le alineó en un par de partidos de Liga y otro par de Copa. Eso le bastó para deslizar que cuando el equipo jugaba estrepitosamente mal era como si hubieran disputado el partido ‘once Douglas’. No contento con esta ‘première’, el asturiano quiso dejar un capítulo para que fuera recordado para los fans de la serie y por eso no le sacó del campo cuando en un partido de Copa el lateral se lesionó en el pie y pidió el cambio con ostensibles molestias. El resultado fueron dos meses de baja que empezaron a fraguar la leyenda.

Adaptado a su nuevo rol de jugador que acaba la semana laboral con el anuncio de la convocatoria para el fin de semana, Douglas consolidó su aclimatación ganándose a la no siempre fácil prensa catalana con ‘gags’ del tipo revelar a través de una emotiva publicación de despedida en Instagram que su compatriota Adriano dejaba el Barça tras ser muy taxativo Luis Enrique, con su bonhomía tradicional ante los reporteros, dejando claro que quien se fuera del club era porque habían pagado íntegramente su cláusula. Un aperitivo para lo que vendría justo un año después, cuando, después de otra campaña en el dique seco, el lateral ha protagonizado la secuencia más gloriosa de la historia de Can Barça después del Motín del Hesperia, la negativa de los Guardiolas a jugar contra el Atlético en Copa o el neumático cava de Laporta en Luz de Gas. Vermaelen a su lado ha quedado en mero principiante.

Según se ha sabido hace pocos días, con las vísperas septembrinas de Valle-Inclán teñidas de granada política, en lo más hondo del verano Douglas protagonizó una de esas cosas que se llaman pequeño incidente pero que pueden acabar en tragedia. Una vez Luis Enrique le trasladó a la Dirección Deportiva, encabezada por Robert Martínez, que el brasileño estaba mejor fuera del club que dentro, la entidad le buscó un confortable destino tal que una cesión al Sporting de Gijón. Refractario el futbolista a tal marcha, se encerró durante horas en las oficinas del Barça cumpliendo con el manual del perfecto okupa. Cuando los Mossos preparaban a los perros y a su equipo de negociadores para evitar un desenlace dantesco, el club tuvo la lucidez de llamar a los abogados de Douglas para que le persuadieran de deponer su actitud, cosa que finalmente consiguieron.

Tras haberse puesto a las órdenes de Abelardo en Gijón, Douglas ya cuenta con el honor de haber disputado un partido en Liga esta temporada, peculiarmente la derrota de los asturianos por 5-0 ante el Atlético en el Calderón. Un hito sucedido por su gracioso accidente nalgario, el cual nos confirma que, aunque le vaya de culo, Douglas nos encanta. Alguien que escribe en este web me dijo que le quería como a un hijo. Yo le respondo que si no existiera, a Douglas habría que inventarle. O mejor… a once como él.

23/09/2016

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