Los tres náufragos de Abelardo

SERGIO DE LA CRUZ | Con la pleamar, Gijón parece una ciudad asediada por las aguas, aguantando el envite de un agente natural que aguarda paciente la bandera blanca y que desaparece tan pronto como surge. Una fuerza que a su marcha deja regalos traídos por la corriente: maderos, quién sabe si botellas con mensajes dentro… y hasta mediapuntas. Y, hospitalarios como siempre —en el comer, en el beber y también el fútbol—, los gijoneses les han recibido con los brazos abiertos.

Barbudos, con sed y hambre de varios días y agarrados a una tabla. Así llegaron a Mareo Moi Gómez, Víctor Rodríguez y ‘Burgui’, tres futbolistas que arribaron este verano a la fachada refulgente de El Molinón y que ya han provocado alguna que otra alegría en las butacas rojiblancas del coliseo pegado al Cantábrico. Equipo acogedor al igual que su ciudad, el Sporting ha dado un techo, pan, sal y agua a un trío de jornaleros del fútbol que a día de hoy forman la línea de mediapuntas preferida de Abelardo.

La respuesta de los recién llegados ha sido casi instantánea y muy agradecida: a sus tres titularidades en Liga han correspondido con dos asistencias y un gol. El primero en estrenarse fue Víctor Rodríguez, producto de La Masía al que Zaragoza se le quedó pequeña. De la mano de Fran Escribá ofreció su mejor versión. El pozo de la Segunda le alejó de la ciudad de la Dama, pero no del técnico. El destino fue Getafe y el final de la aventura igual de desagradable: un descenso que le ha llevado a Gijón para olvidarse de un año francamente negativo en el que dejó de lado su mejor versión, la que alcanzó en el Martínez Valero. Pero no estaba solo.

Con Víctor llegó Moi Gómez. Otra víctima más de la bajada a los infiernos de los de Esnáider, la de un jugador que, cansado de no eclosionar en el Villarreal, se lanzó a la búsqueda de un lugar en el que sentirse importante. La fatídica temporada en el Alfonso Pérez no le propició la vuelta a El Madrigal, sino el pasaporte a otra nueva cesión. Por eso no pudo ser más simbólico el tanto con el que los dos exiliados de la periferia madrileña dieron la primera victoria: el pase en profundidad de Moi para que Víctor fusilara a la red y Abelardo saltara para llevar al límite a las costuras de su sempiterno chándal.

La tripleta de mediapuntas no se entiende, ni mucho menos, sin la presencia del tercer y no menos importante miembro: ‘Burgui’. La historia del canterano del Real Madrid encaja como anillo al dedo en el apartado de historias ‘random’ de canteranos blancos. Incluso en su paso por el Espanyol después de varias campañas en un Castilla y una categoría que se le quedaban pequeños. Junto a Asensio y Kiko Casilla, el de Badajoz se fue apagando en el transcurso de una temporada especial, la primera fuera del amparo de La Fábrica. Pero el Erasmus no era solamente de un año y la siguiente parada del viaje era Gijón. Con mucho que demostrar, ya deja detalles y asume responsabilidades a balón parado: de sus botas nació el testarazo de Duje Čop para el primer gol del Sporting en la Liga.

Son los escuderos del croata, las tres centellas que merodean siempre, un trío de estupendas noticias para un equipo que sueña con tener un curso alejado del infarto. Los ‘guajes’ tienen compañía: ya alimentados, vestidos y peinados, los náufragos de Abelardo tienen ganas de dar mucha guerra.

16/09/2016

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