El Leganés y el fútbol

leganesFIRMA DE FRANCISCO JAVIER ROLDÁN | El fútbol, año a año y a una velocidad vertiginosa, se vuelve más especializado, más exigente, más rico. La enorme progresión de sistemas y tácticas hacen de él un espectáculo difícilmente mejorable. Corren tiempos en los que entrenadores como Guardiola o Simeone han llevado estilos de juego de ejecución muy compleja a un nivel de perfección fuera de lo imaginable. Dentro de esta vorágine evolutiva, que puede llevar tanto a la cima como al fracaso —dada la necesaria, extrema y a veces perjudicial implicación psicológica de cada uno de los componentes de la plantilla—, siguen existiendo entrenadores que apuestan por mantenerse en el centro, apelando a una celosa sensatez como principal idea. Técnicos que arman sus equipos con las premisas básicas del equilibrio, la inteligencia y el sentido común.

Entre ellos se encuentra un recién llegado a la Primera división española. Asier Garitano, con su Leganés, ha optado por seguir la senda de la lógica, de esa simplicidad que tan cercana parece pero tanto cuesta alcanzar a menudo. Tras curtirse en la categoría de plata, Garitano se hizo hace tres temporadas con las riendas del conjunto ‘pepinero’, ascendiendo con él desde Segunda B a la máxima categoría del balompié nacional. De este modo, el gran éxito del guipuzcoano ha sido saber respetar los cánones futbolísticos y adecuarlos a los tiempos, concienciando a su plantilla de que el compromiso —y, con él, la correcta aplicación de la teoría— sirve para alcanzar los objetivos.

Su sistema de juego es el tradicional 4-2-3-1, siendo una presión elevada, a objeto de perjudicar la salida del balón del oponente, y una defensa adelantada, con el fin de acortar el espacio y precipitar los fueras de juego rivales, los aspectos innegociables de su idea. A veces combinará en corto, saliendo en posesión y buscando al enganche con paciencia; otras en envío directo hacia los extremos o el delantero. No en vano, cualquier cosa que se haga irá en función de lo que demande el partido, teniendo en cuenta variables como la presión, la relajación, la apertura o el achique del rival, así como las necesidades que el marcador y el tiempo exijan. La lectura idónea de cada situación de juego es la capacidad fundamental que Garitano potencia en sus futbolistas. Los jugadores que salten al césped deben ser válidos para todo ello, por lo que el once inicial de Asier tendrá siempre una clave: un equilibrio casi científico.

Como buen estratega, el entrenador vasco sabe que la línea defensiva debe de ser la sólida base de su equipo. Por ello no ha dudado en mantener a los jugadores que le dieron el ascenso, dado que el conocimiento mutuo y la fiabilidad demostrada la pasada campaña avalan a los Bustinza, Rico, Víctor Díaz y Mantovani, su solvente y líder capitán. Por otro lado, Serantes, un guardameta desconocido para muchos hasta hoy, ha comenzado siendo una de las sensaciones —de hecho, ha sido nombrado mejor jugador de LaLiga en el mes de agosto— y sus reflejos han sido la clave en los resultados cosechados contra Celta y Atlético.

garitano

En la generación de juego se mezclan y complementan un medio centro puramente táctico y estabilizador, Alberto, con uno elaborador, sobre quien recae la creación y fluidez. Así, los experimentados Timor y Rubén Pérez se alternan en dicha función. Las alas lo tienen todo. En banda izquierda aparece un jugador de juventud y talento como Unai López, mientras que en la derecha, para paliar la presunta debilidad defensiva y falta de bagaje del guipuzcoano, otro de mayor experiencia y recorrido, Alexander Szymanowski, el máximo goleador del Leganés el pasado año. Influencia técnica desigual pero indistintamente válida en los costados, tanto para percutir hacia el interior buscando el pase como para llegar a base de transiciones en aras de una rápida definición.

El ataque, como no podía ser de otra manera, vuelve a estar milimétricamente compensado. Se compone de un hombre de calidad suficiente para retener el balón y filtrar pases, un media punta al uso de los que actúan entre líneas y dominan los tiempos del partido sin grandes esfuerzos. El zurdo brasileño Gabriel cumple este papel de la mejor de las maneras. Como punta de lanza se sitúa Guerrero, llegado este año del Sporting. Se trata de un delantero centro incansable, móvil y fuerte, un obrero del área. Gabriel, el mejor jugador de los madrileños en la campaña del ascenso, se encarga de inventar, al tiempo que la función de Guerrero, siempre en lucha, es la de cansar a los defensores mediante desmarques constantes y, finalmente, golear.

En el banquillo espera un buen número de efectivos válidos, ansiosos por aprovechar su momento. Futbolistas ingeniosos y un tanto anárquicos como Darwin Machís o Koné, así como otros con ganas de demostrar su valía como Robert Ibáñez o Luciano completan una plantilla con nivel apto para la mejor liga del mundo. Sea como fuere, Asier Garitano y los suyos, con dos jornadas disputadas ante equipos punteros, han dado muestras de que van a ser capaces de plantar cara a cualquier rival a base de orden, actitud e ilusión.

11/09/2016

Francisco Javier Roldán es redactor en www.vavel.com

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