Prince

KevinPrince-BoatengFIRMA DE SERGIO G. ARIAS | Jumanji. Un juego destinado a aquellos que quieren buscar una forma de dejar su mundo atrás. Lanzas el dado para mover tu ficha. El primer jugador en llegar a la meta, gana. Advertencia: no empieces a jugar al menos que pretendas acabar de hacerlo. Las consecuencias de este juego desaparecerán sólo cuando un jugador gane y diga ‘¡Jumanji!'”.

Hace apenas unas semanas la Unión Deportiva Las Palmas anunciaba la contratación de Kevin-Prince Boateng. El futbolista ghanés, que venía de huir de sí mismo de Alemania e Italia, desembarcaba en el Estadio de Gran Canaria como uno de los fichajes más rimbombantes del verano. Allí hay más horas de sol que en la región de Lombardía o que en uno de los ventrículos geográficos germanos, pero, afortunadamente para el fútbol, la sombra que el astro refleja en el suelo ha dejado de perseguirle. Tras declinar, en palabras de su agente, ofertas económicas más ambiciosas, Boateng ha elegido su destino como el romántico que cierra los ojos con el dedo en suspense y gira un globo terráqueo: para reencontrarse con su fútbol. Un hecho insólito en los tiempos que corren, con el peor ‘9’ en décadas de la Azzurra emigrando a China para erigirse uno de los futbolistas mejor pagados del mundo.

A sus 29 años, los más osados pensaron que el fútbol le había dado la espalda. Pero nunca dejó de ser un inquilino de sus botas. El impacto del atacante ghanés está siendo tan sorprendente como controlado. En un sistema de juego confeccionado con el mimo de un avezado y orgulloso orfebre, Boateng se destaca como el futbolista diferente de la plantilla. Como Tarzán en la ciudad. Y el plano urbanístico de esa polis está basado en el toque, la fluidez y la posesión. Una propuesta de fútbol ofensivo y civilizado. Se esperaba que los refinados magistrados desdeñaran a aquel salvaje del taparrabos desde el noble abrazo de sus togas. Pero no está siendo así. Boateng ha encajado como centrocampista de banda izquierda en el 4-2-3-1 de Quique Setién con la naturalidad de una tecla de piano, a priori mal afinada, pero que termina enriqueciendo la representación. Su físico y agresividad le permiten cargar el área junto a Marko Livaja, doblando las oportunidades de rematar de los ‘pío pío’. Además, aunque sus virtudes le predispongan para despuntar más al contragolpe, su carácter combativo sin balón y su calidad técnica individual le permiten contribuir a la presión tras pérdida y asociarse a uno o dos toques sin perder calidad en la ejecución.

Únicamente resta por ver si el pacto entre los dos pueblos resiste. Nadie es capaz de prever el azar. Y, mientras tanto, domingo tras domingo, Setién seguirá tirando los dados con la esperanza de ganar el juego. Por el momento lo lidera.

05/09/2016

Sergio G. Arias es periodista de Expansión y colabora en La Media Inglesa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s