Exigencia inmediata

unai-emery-psgJESÚS GUALIX | A finales de la temporada pasada el Paris Saint-Germain, con su presidente Nasser Al-Khelaïfi al frente, decidió poner punto y final a la relación de amor, y a veces odio, con su ya ex preparador Laurent Blanc. Lo cierto es que esta decisión sorprendió a propios y extraños, ya que el míster de Alès mostró en sus tres cursos en la capital francesa un rendimiento más que aceptable. Se llevó en el zurrón de los resultados las tres pertinentes Ligue 1 y otros títulos de, quizá, menor calado para el mandatario catarí. Pero el fracaso, año tras año, en la Champions League acabó por agotar el vaso de la paciencia de uno de los 100 hombres más ricos del planeta según la revista Forbes. Y, cómo no, el entrenador es siempre el que paga el plato de los problemas.

La nueva apuesta del presidente del club más poderoso de Francia fue clara: buscar un técnico que tuviera éxito en Europa y que trajera, de una vez por todas, el más ansiado trofeo para así brindarlo a la afición en, por ejemplo, la catedral de Notre-Dame. Y ahí es donde surgió la figura de Unai Emery, un hombre al que el vivir en la capital hispalense se le quedaba pequeño y que buscaba cotas de ambición mayores, correspondientes a su estatus acreditado por haber materializado las tres últimas Europa League para el Sevilla. Una nueva historia de amor se cernía sobre París con Patrick Kluivert, nuevo Director Deportivo, como maestro de ceremonias. Con un gran estratega en los banquillos y un rematador nato en los despachos nada, en teoría, puede fallar para lograr el sueño más anhelado por una escuadra que apenas tiene 46 años de existencia.

Aunque la práctica va a ser muy distinta, porque, a pesar de que el de Fuenterrabía ha alzado su primer título tras ganar la Supercopa gala ante el Olympique de Lyon, ya ha sufrido en sus carnes la primera derrota de importancia en la temporada el pasado fin de semana ante el Mónaco. En el seno de la entidad parisina hay, a priori, tranquilidad, pero Emery sabe que la exigencia que va a tener sobre los hombros va a ser máxima y que se le va a mirar con lupa cada tropiezo que tenga y cada paso en falso que dé. París no es Sevilla y se tiene que dar cuenta de ello tan pronto como le sea posible. Pasar de dirigir un buen plantel en España a entrenar a uno de los conjuntos más importantes a nivel mundial puede ser un cambio drástico. En la Liga de Campeones te enfrentas a los mejores rivales del planeta fútbol, mientras que en la anteriormente conocida como Copa de la UEFA el nivel es menor, sin desmerecer dicha competición.

A esta presión que va a padecer el míster vasco se le va a sumar, además, el tener que subsanar la marcha del máximo puntal máximo del equipo en cursos anteriores: Zlatan Ibrahimović. Los fichajes de Jesé o Ben Arfa, a la espera de que Cavani dé por fin ese paso al frente que se le reclama desde hace tiempo serán claves para que el PSG mantenga su nivel con los mejores equipos del continente. Siendo claros, la marcha del sueco va a ser un hándicap importante a la hora de configurar un esquema que cumpla con la obligación de dar resultados inmediatos. Veremos si a Emery le vale con dar ruedas de prensa en un francés de andar por casa empleando botellas de agua para ello con el propósito de convencer de su estilo o si, por el contrario, va a necesitar algo más que suerte para sacar algo positivo de su estancia en la Ciudad de la Luz.

31/08/2016

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