La electricidad de Mestalla

DelanteraEléctricaJULIÁN CARPINTERO | “Tenemos la mejor delantera de España”. Esa fue la frase que Nuno Espirito Santo, orgulloso y seguro en sus convicciones, pronunció antes de que los periodistas que con él se encontraban esbozaran una sonrisa pensando que ya tenían titular para su pieza del día siguiente. Y es que el nuevo técnico del Valencia no conoce cumbres lo suficientemente altas como para que no puedan ser escaladas. Si la campaña pasada ya condujo al modesto Rio Ave portugués a dos finales, ¿qué no podrá hacer con el remozado equipo que le ha brindado ese genio de la lámpara que, como en la película de Disney, también procede de Oriente? Así, para resolver la ecuación que despeje el camino a algún hipotético título, el luso deberá tener la pericia suficiente para acoplar sin descompensarse a Paco Alcácer, Rodrigo y Negredo, un triunvirato destinado a competir con los más grandes con el objetivo de devolver al Valencia al lugar que nunca debió abandonar. En este contexto, a buen seguro que Nuno sabrá echar la vista atrás en la historia del club para encontrar el faro que guíe su camino.

La España de la posguerra se sumía en un desierto de esperanza cuando entre las dunas brotó la semilla del fútbol. Fue la de los 40 una década sin un dominador claro, marcada por la alternancia de hasta cinco campeones de Liga distintos: el Atlético Aviación que entrenaba ‘El divino’ Zamora; el Athletic de Zarra, Iriondo, Venancio, Panizo y Gaínza; el inesperado Sevilla de Juan Arza, ‘El niño de oro’; el Barça del voraz goleador César… Y un Valencia que buscaba estrenar su inmaculada vitrina de trofeos, en la que sólo relucían varios campeonatos regionales sin demasiada relevancia a nivel nacional. Sin embargo, todo cambiaría con la llegada de Luis Casanova a la presidencia en 1940. Aquel empresario cinematográfico que había producido las mejores películas hispano-americanas del momento ya había ejercido como interino tres años antes a causa del repentino fallecimiento del máximo mandatario, Francisco Almenar. No obstante, hasta el final de la Guerra el club cayó en manos de cargos militares que rigieron los designios de la entidad valencianista hasta que el comandante Giménez confió sus riendas al dueño de la compañía CIFESA, conocida entonces como ‘el Hollywood español’.

Casanova, hombre de club, mantuvo en el cargo al gallego Ramón Encinas para, al alimón, confeccionar una plantilla que, en aquellos años, también tuvo el mejor ataque de España. A Amadeo y Mundo se sumaron aquel verano los jóvenes Epi y Asensi, además de Gorostiza, que llegó a Mestalla con la vitola de estrella merced a los dos trofeos Pichichi que había logrado con el Athletic una década atrás. Juntos formaron la conocida como ‘delantera eléctrica’, una sociedad que duró seis años y que reportó al Valencia dos Ligas y una Copa —del Generalísimo—*, un repóker de arietes que dominaron la primera mitad de la década a pesar del gran nivel ofensivo existente en el resto de escuadras.

PacoAlcácer

Epi, que poseía una gran calidad técnica, era el extremo diestro, mientras que Gorostiza, apodado ‘Bala Roja’ por su gran velocidad, era su álter ego en la banda izquierda. Mundo —al que los ojeadores del Valencia descubrieron en un equipo amateur formado por ex combatientes de la Guerra— hacía las veces de delantero centro, al tiempo que era flanqueado por Amadeo, a su derecha, y Asensi, a la siniestra. Entre todos marcaron casi 500 goles durante el tiempo que duraron sus carreras en el equipo de la ciudad del Turia y, a día de hoy, Mundo (186) todavía es el máximo goleador histórico del conjunto ‘ché’. Imprescindibles, como es lógico, en la conquista de las mencionadas Ligas de 1942 y 1944, el doblete de Mundo y el tanto de Asensi en la final de 1941 permitieron que el Valencia conquistara, de tal modo, esa célebre primera Copa ante el Espanyol.

Con el paso del tiempo, Mundo cambió el área por la banda y Gorostiza se perdió en un quiebro letal que le hizo alcohol, un periodo en el que Puchades y Pasieguito ponían el nuevo acento en un Valencia que ni con Waldo, Kempes, Fernando, el ‘Piojo’ López o Villa volvió a ver tanto gol reunido como con la ‘delantera eléctrica’. Desde luego que Alcácer, Rodrigo y Negredo no van a tener fácil acercarse, siquiera, a esas cifras, pero, de momento, Nuno parece haber interiorizado el dogma que promulgó Paolo Sorrentino a través de su icónico Jep Gambardella en “La gran belleza”: las raíces son lo más importante. Veremos si, como Servillo, es capaz de escribir de nuevo.

*NOTA: Aunque Gorostiza ya había abandonado el club, la Liga conquistada en la campaña 1946/47 representa el último coletazo de la ‘delantera eléctrica’, que en estos años jugó, además, otras tres finales de Copa.

Artículo escrito para Revista Minuto 116 el 19 de septiembre de 2014.

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