Morata

ÁlvaroMorataJULIÁN CARPINTERO | Se fue siendo un boy scout y ha regresado convertido en un boina verde. Tal y como dijo en su presentación como ‘nuevo’ jugador del Real Madrid —en la que, incluso, derramó alguna que otra lágrima—, Morata tomó la decisión de abandonar Concha Espina en el verano de 2014 porque necesitaba jugar partidos importantes, algo que sí ha podido hacer en sus dos brillantes temporadas en la Juventus. Pasando por alto que Ancelotti le dio casi una hora en la renombrada final de Lisboa ante el Atlético, la realidad es que el áspero fútbol italiano ha terminado de dar forma y de forjar el carácter de un delantero al que en este inicio de temporada se le atisban matices que antes parecían ocultos y que Zidane está potenciando con el fin de que su Real Madrid sea un equipo camaleónico capaz de adaptarse a cualquier contexto. Y, en este sentido, el hambre de Morata puede tener mucho que decir.

Ver a Morata partiendo como titular ha sido una constante en la pretemporada del conjunto blanco. La extraña lesión en la cadera que Benzema ha venido padeciendo durante todo el verano ha hecho que el número de minutos del delantero español —que fue de lo poco rescatable del cuadro de Del Bosque en la Eurocopa de Francia— se haya multiplicado. Con Cristiano Ronaldo recuperándose de su rodilla y con Bale y James ultimando su puesta a punto, Morata se ha erigido en la referencia ofensiva del equipo blanco en su gira por Estados Unidos, en la final de Trondheim ante el Sevilla y en el primer partido de Liga en Anoeta. No obstante, su protagonismo no ha sido sólo circunstancial, sino que Zidane, que ha sido su gran valedor para continuar en Concha Espina a pesar de las escandalosas ofertas que por él llegaban desde Inglaterra, confía en Morata porque es consciente de todo lo que éste puede darle. Y, como muestra, basta con analizar su partido ante la Real Sociedad.

Teniendo en cuenta que su posición ideal es la de ‘9’ en el 4-3-3 que propone Zidane, uno de los principales activos del madrileño es su polivalencia para jugar en cualquiera de los tres puestos de ataque, ya que ante una eventual ausencia de Cristiano Ronaldo podría partir desde la izquierda aprovechando su potencia para buscar la diagonal y encarar a puerta. Más raro sería imaginarle en la banda derecha debido a sus limitaciones para el desborde en el uno contra uno y a que el técnico galo cuenta para ese puesto con un especialista de excepción como es Lucas Vázquez. Hasta sería más lógico ver a Asensio, Isco o James ocupar ese lugar. Sin embargo, y dando por hecho que Benzema es un fantástico lanzador de contras, el gran aspecto diferencial de Morata con respecto al punta francés es esa velocidad en la conducción tan característica que convierte al Real Madrid en un equipo letal cuando tiene espacios para correr. Con su gol al Bayern en octavos de Champions ya demostró esa potencia en carrera que le hace plantarse delante del portero con una facilidad pasmosa.

ÁlvaroMorata

Por otra parte, no es ningún secreto que Morata no es un delantero de grandes cifras. O, por lo menos, no lo ha sido hasta ahora. Su mejor registro de goles durante una campaña no supera los 15 y, aunque es evidente que al delantero del Real Madrid se le exigen tantos, con animales del gol como Cristiano o Bale esa no va a ser una misión que afronte en solitario. Aún debe mejorar en la elección de los últimos pases, en el control de su potencia en carrera y en la definición, especialmente con ambas piernas —en estos primeros partidos se le está viendo un tanto ansioso por demostrar que puede asumir esa responsabilidad—, un déficit que compensa con una tremenda habilidad para generarse ocasiones por sí mismo. Por lo tanto, y teniendo en cuenta su poderío en el juego aéreo, lo normal sería que los goles acabaran llegando.

Pero Morata es mucho más que eso. Es un recurso para salir en largo cuando el rival presiona la salida de balón de Ramos, que le busca con desplazamientos verticales para que éste se faje con los defensas contrarios. Así, gracias a su fantástico juego de espaldas, consigue dar aire a sus compañeros y estirar al equipo en situaciones incómodas. Sin olvidar que domina, como pocos, la generación de espacios para la llegada de las segundas líneas con sus caídas a banda, con las que arrastra a los centrales y permite la irrupción por el pasillo central de los Marcelo, Kroos o, como ayer, del vertical Kovačić.

Así las cosas, el devenir de la temporada será la que determine si Morata acaba siendo un comodín en función del contexto de cada partido o si termina imponiéndose a un Benzema que buscará refrendar su fantástica temporada pasada. Sea como fuere, con él Zidane dispone de una navaja suiza que puede sacarle de más de un apuro en un curso de lo más exigente. Aunque le dé dolor de cabeza.

22/08/2016

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