Franco Vázquez

FrancoVázquezFIRMA DE FRANCISCO JAVIER ROLDÁN | Los equipos de Sampaoli están basados en un enorme sacrificio táctico y físico de sus futbolistas. 90 minutos de intensidad, con la velocidad arriba como principal argumento. Así ha se ha reforzado el Sevilla, a su manera. Los atacantes, poniendo el acento en Vitolo, Kiyotake o Ben Yedder, tienen óptimas prestaciones de solidaridad, conducción de balón y verticalidad. Suelen ser, a menudo, jugadores más resolutivos individualmente que la media, bien por potencia, intuición, desborde o persistencia. En su Chile hizo lo mismo con efectivos como Alexis Sánchez, Vidal o Vargas.

Sampaoli quiere que sus hombres corran. Y que lo hagan tanto para desordenarse arriba y así desestabilizar al oponente como para recuperar el dibujo una vez resuelta la jugada. Como toda regla, existe la excepción que la confirma. Y en el caso de las plantillas de Jorge, esta rareza es el arma fundamental contra el enemigo. Basta con recordar a Valdivia en el Chile campeón de la Copa de América. Pese a su edad, o independientemente de ella. A Sampaoli le hubiera dado lo mismo que frisara la senectud, ya que no buscaba un pulmón, sino una mente y una pierna dominante. ‘El Mago’ no corría. O no a la manera de los demás. Y Sampaoli se lo concedía, porque sabe las cualidades que poseen este tipo de genios y cómo pueden ser explotadas. En Sevilla ha pedido una figura similar, ya que cualquier dibujo que forme, de los varios que sabe explotar, va a necesitar una pieza así. El jugador de Sampaoli.

Con este cometido específico ha llegado Franco Vázquez, ‘el Mudo’. Con la única misión de hacer funcionar todo el sistema. Ni más, ni menos. Fíjense si es importante para Sampaoli que, no contento con un jugador de estas características, para posibles incidencias el entrenador ha contratado a Ganso, en el que nadie confiaba en Europa por su posible desfase de ritmo. ‘Que piensen lo que quieran’, se diría el argentino. Franco Vázquez es la silueta del media punta puro, a la antigua usanza, para actuagr justo detrás del ‘9’ y entre los extremos en acción ofensiva, y cerca de los medios centros en la generación. Kranevitter y N’Zonzi van a sacarla jugada desde la defensa, ya que sus equipos no la rifan, pero se limitarán a dar dos toques, tres a lo sumo. El siguiente escalón será siempre su enganche, el enlace entre las líneas. Así, Vázquez sólo tiene que luchar incansablemente para una cosa: verse liberado. Más que moverse en intensidad defensiva, en recuperación de balón, deberá hacerlo para ofrecer una pronta y clara salida en posesión o tras recuperación. Sampaoli le va a permitir que sea quien menos transite de cancha a cancha, pero él deberá cumplir lo que tácitamente promete, que no es otra cosa que ingeniárselas para recibir y, acto seguido, servir a los atacantes en inmejorables condiciones. De esto último no hay mayores dudas, va por defecto, llega de origen en talentos como él.

‘El Mudo’ es ese jugador que sabe que cuando todos corren él debe serenarse y, en milésimas de segundo, hacer que el balón circule más rápido que sus compañeros y llegue a estar delante de ellos sin interrupción posible, ni parcial ni total, de los defensas rivales. Es ese ‘trequartista’ que levanta la cabeza paralelamente a la recepción y, con la excelente visión gran angular de los de su especie, decide con tino si el pase merece ser corto, medio o largo, de interior o exterior, y si la acción técnica inmediata es desmarque en apoyo, en ruptura, finta o la protección del esférico.

El equipo de Sampaoli va a querer la posesión, pero no dormir el cuero. Dominar, pero con pronto reflejo en el marcador, no por la vanidad de sentir el sometimiento rival durante la mayoría de minutos. La evolución hacia el marco rival va a acelerar en tres cuartos de campo. Los extremos y el delantero —o la pareja de ellos— trazarán diagonales nada más Franco se haya girado con la pelota en su zurda.

‘El Mudo’ es un futbolista que engaña. Miente, como mintieron Sócrates o Riquelme, y como lo hace Ganso, haciendo creer con sus movimientos precisos, sin ápice de exceso en la acción, que el ataque ya ha caducado, que el rival se va a apoderar del esférico con su presión sobre él. Es falso, todo eso no es más que una falacia, ya que Franco Vázquez acelera su mente mucho más rápido que las piernas del resto de los participantes. Y es por ello, que cuando Sampaoli se disponga a gritarle un lacónico y recurrente ‘¡Suéltala, ‘Mudo’!’, ya será demasiado tarde, pues su lustrosa testa se verá, como por ensalmo, celebrando el gol de los suyos, sólo atreviéndose a decir: ‘Qué bueno que vino, señor Vázquez’.

21/08/2016

Francisco Javier Roldán es redactor en www.vavel.com

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