Soriano

RobertoSorianoJULIÁN CARPINTERO | Cuando se trata de analizar la dirección deportiva que llevan a cabo los clubes de la Liga Santander casi todos los focos apuntan hacia Monchi. Porque, qué duda cabe, el otrora guardameta gaditano se ha convertido en una suerte de Warren Buffett de los fichajes, un oráculo especialista en comprar barato y vender a precio de oro las joyas que encuentra en cualquier rincón del planeta. Sin embargo, poco o nada tiene que envidiarle José Manuel Llaneza, el Gordon Gekko de un Villarreal que lleva años instalado en la élite del fútbol europeo gracias a su refinado paladar a la hora de darle a Marcelino los futbolistas adecuados para llevar a cabo su idea futbolística. Y en este mercado estival ambos están mirando al centro del campo.

Por cómo se está moviendo Llaneza poco le ha importado que el ‘Submarino’ tuviera ya una de las mejores líneas medulares de España con la pareja Bruno-Manu Trigueros. Los dos titulares habituales en el doble pivote de Marcelino no sólo aportan calidad y fluidez en la circulación de balón, sino que en su perfecta simbiosis le dan al Villarreal entrega, equilibrio y sentido táctico. No obstante, la marcha de Denis Suárez al Barça ha trastocado los planes del técnico asturiano, pues pierde desborde y capacidad de asociación, y que también ha visto cómo su fondo de armario disminuía con las bajas de Tomás Pina —rumbo al Brujas— y Samu García —que se reencontrará con Gracia en el Rubin Kazan—. En este sentido, ante la exigencia de una temporada en la que aparte de disputar la Liga y la Copa pueden regresar a la Champions ha obligado al Villarreal a reforzar la zona nuclear del campo con los 40 millones que el United dejó con la compra de Bailly. Así las cosas, a la elegancia de la pierna izquierda de Jonathan dos Santos y a la electricidad del explosivo Samu Castillejo se han unido la verticalidad de Chéryshev —alcanzó su mejor nivel, precisamente, en El Madrigal— y el poderío físico de N’Diaye, que puede ser vital para que Marcelino refuerce el juego aéreo en partidos más físicos y de menos control. Y, pese a todo, la guinda aún estaba por llegar.

Así las cosas, el 2 de agosto el Villarreal hacía oficial el fichaje de Roberto Soriano, que abandonaba la Sampdoria a cambio de 14 millones de euros. Hijo de emigrantes italianos, Soriano (Darmstad, 1991) nació en Alemania, país en el que también se crió futbolísticamente hasta que en 2009 el equipo genovés compró su pase para cederle al Empoli. Antes había pasado por las categorías inferiores del Bayern de Múnich, donde no pudo llegar a un primer equipo superpoblado de centrocampistas y en plena reconstrucción por parte de van Gaal. Su buen hacer en la Toscana le llevaría de vuelta a una Sampdoria con la que ascendió a la Serie A para terminar siendo uno de los pilares en su escalada hacia Europa. Tanta fue la progresión de Soriano —oriundi como, por ejemplo, Éder— que Conte le hizo debutar con la ‘Nazionale’ en noviembre de 2014  en un partido clasificación para la Eurocopa ante Croacia, aunque el actual técnico del Chelsea acabara pasando por alto su gran año en el Luigi Ferraris y no le incluyera, ni siquiera, en la pre-lista de 30 italianos que estarían en Francia.

Sea como fuere, lo importante es lo que Soriano le puede dar al Villarreal, que no es poco. Lo normal sería verle por delante del doble pivote, tanto actuando de enganche con Bakambu y Soldado como escorado a una banda, puesto que, aunque es diestro, maneja las dos piernas con una gran habilidad. En este contexto, si algo llama la atención de Soriano es la facilidad para ver puerta que ha desarrollado en los últimos años, una capacidad para sorprender desde segunda línea que en el curso pasado se tradujo en ocho tantos. Intuitivo y ágil de pensamientos, llama la atención su velocidad en conducción —que le hace ser un perfecto lanzador de contras— y su buen toque para asociarse en tres cuartos de campo. Además, lleva consigo el gen competitivo tan idiosincrásico de los italianos y no se le caen los anillos cuando tiene que mancharse el pantalón de barro. Un verdadero lujo para un Marcelino que con Soriano va a disponer de una navaja de varias puntas con el fin de darle al Villarreal el título que lleva años persiguiendo.

08/08/2016

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