Götze

JULIÁN CARPINTERO | Salir de Dortmund tuvo para Mario Götze el mismo efecto que cuando a Sansón le cortaron la melena. Es decir, dejó de ser aquel atacante indescifrable que había hecho suspirar a Europa con su cara de niño bueno. Aún hoy resulta difícil entender cómo es posible que Götze y Guardiola no llegaran a entender el fútbol de la misma manera durante los tres años que convivieron en Múnich. Porque, sobre el papel, el interior alemán tenía todo lo necesario para ser uno de los referentes del Bayern que Pep estaba perfilando para dominar Europa: versatilidad para jugar en cualquier zona del ataque, capacidad de asociación, una técnica depurada, gusto por el juego de toque y una facilidad pasmosa para ver puerta. Sin embargo, ni arrancando desde la banda ni jugando por detrás del delantero ni siquiera haciendo de falso 9 encontró Götze su sitio en el Allianz.

Así las cosas, tres años después de haber abandonado Dortmund por la puerta de atrás —ni siquiera pudo jugar la final de la Champions League que los de Klopp perdieron, precisamente ante el Bayern, por estar lesionado—, Götze regresa al Signal Iduna Park buscando ser Sansón de nuevo. En Renania del Norte-Westfalia, el internacional germano tendrá el reto de ser uno de los abanderados de la enésima reconstrucción que tendrá que acometer el equipo de la cuenca del Ruhr, que este verano ha dicho adiós a la columna vertebral que diseñó Tuchel la temporada pasada: Hummels, Gündoğan y Mkhitaryan. Tres ventas por las que el BVB ha ingresado 102 millones de euros que le han permitido hacerse con Emre Mor, Mikel Merino, Guerreiro, Bartra, Rode, Schürrle y el espectacular Dembélé. Y un Götze, claro, está, al que han recomprado por 15 millones menos del precio al que le vendieron y que está llamado a formar un ataque de ensueño junto a Reus, el citado Schürrle y Aubameyang con Bender, Weigl y Şahin cubriéndoles las espaldas bajo la exquisita dirección del fabuloso Thomas Tuchel.

Sea como fuere, sería injusto decir que la etapa de Götze en Múnich ha sido un fracaso. Aun así, sus más que meritorias cifras (114 partidos oficiales, 36 goles y 24 asistencias para levantar siete títulos) contrastan con las sensaciones que el hombre que le dio a Alemania su cuarto Mundial ha dejado en estos años, pues sus apariciones —especialmente en los choques importantes— fueron disminuyendo temporada tras temporada hasta convertir el banquillo en su posición más recurrente, y es uno de los pocos jugadores muniqueses que no ha crecido durante el período de Guardiola. Hasta por momentos se le vio pasado de peso… Nunca se sabrá qué habría sido de Götze en Múnich bajo la tutela de un Ancelotti que, si algo ha demostrado, es su capacidad para reinventar futbolistas, pero lo que sí que es seguro es que con Götze de vuelta el abnegado Reus tiene un motivo más para sonreír. Igual que Tuchel.

27/07/2016

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