Veraneo

lopeteguiFIRMA DE FÁTIMA MARTÍN | España se va de vacaciones con la noticia de que Julen Lopetegui será el seleccionador que habrá de guiar los pasos del combinado nacional rumbo al Mundial de Rusia 2018 después del segundo descalabro consecutivo cosechado en la Eurocopa de Francia. La elección ha dejado frío al aficionado medio de ‘La Roja’, que ve cómo se pasa de dos proyectos ambiciosos y sustentados en un largo currículum y un brillante palmarés, como fueron los de Luis Aragonés y Vicente del Bosque, a una opción arriesgada basada en la continuidad de un técnico de las categorías inferiores, sin una experiencia dilatada que le ampare, sin una idea de fútbol nueva ni un carácter especialmente fuerte como para aguantar, sin desfallecer, la presión de los 45 millones de seleccionadores que recorren las calles de nuestro país y que vuelven a ver aquello de ‘pasar de cuartos’ como un ascenso al Mont Ventoux o a Alpe d’Huez.

No es que las alternativas a Lopetegui llenaran mucho más el ojo de la opinión pública. Ni Caparrós ni Camacho ni Míchel ni Paco Jémez parecían capaces de levantar al aficionado español del sofá en mitad del bochorno estival. Tampoco de recuperar el orgullo ni de restañar la moral. Pero lo del técnico vasco suena a solución de emergencia. Bien pareciera que a Villar, más pendiente de otras cosas que de lo que pasa en su Federación desde la caída de Platini, se le ha pegado el arroz de la paella del domingo —algunos opinan que la ha dejado cocer dos años más de lo debido— y que, como cuando uno está a punto de marcharse de la playa sin haber ligado en todo el verano, ha terminado por parecerle lo más atractivo del mundo ese chico con el que coincide cada tarde en el chiringuito y que al principio de las vacaciones ni le había llamado la atención. Por demás, la experiencia nos dice que esas cosas no suelen salir bien. Iñaki Sáez, Vicente Miera o  el mismísimo Luis Suárez ya llegaron al cargo de seleccionadores nacionales por sus méritos en las categorías inferiores y no estuvieron ni remotamente cerca de brillar en su puesto.

Es cierto que durante los años de oro del fútbol patrio se ha destacado constantemente que  la clave del éxito español tenía que ver con que la RFEF funcionaba como un club, donde cada jugador ascendía de categoría en categoría no tanto por su rendimiento presente sino por la confianza que se tenía en su potencial. Sin embargo, no parece éste el caso del nuevo seleccionador. Fue el propio Lopetegui quien aseguró dejar la Ciudad del Fútbol para adquirir la experiencia que le faltaba, pero su fallida experiencia en el Porto no le otorga galones para capitanear el barco. Además, cuando en un club acaba ascendiendo al primer equipo el entrenador del filial, la cosa suele tener más que ver con el miedo a la reacción de la afición frente a la llegada de un sustituto poco deseable que a una confianza firme en el proyecto. Y si, además, la sombra de un hombre como Jorge Mendes, que bien podríamos considerar como el Georgie Dann de los veranos futboleros, amenaza con instalarse en la Federación, el nombramiento termina por llamar al pesimismo.

Pero, si en el país de los ciegos el tuerto es el rey, bien cabe reconocer que Lopetegui cuenta con algunas ventajas. Tal y como él mismo explicaba en la rueda de prensa de su presentación, su nombramiento no tiene que ver con una revolución sino que significa una evolución. Conoce el estilo de juego, lo ha trabajado y puede adaptarse. Además, ha entrenado al grueso de los jugadores que están llamando a las puertas del combinado nacional —es de necios pensar que el futuro de ‘La Roja’ no pase por jugadores como De Gea, Thiago, Koke, Isco o Morata—, ya que con ellos se proclamó campeón de Europa sub-21. Además, su escaso bagaje en el fútbol de élite le permite acceder al cargo con pocos cadáveres en la mochila y sin grandes enemigos en los medios, que de momento se mantienen expectantes a la espera de acontecimientos. Un hecho que debería aprovechar el nuevo seleccionador como una buena ola en Mundaka.

Pero si hay un reto que tiene pendiente el técnico vasco es el de devolver la Selección al pueblo. Es innegable que desde el Mundial de Brasil ha crecido el desafecto en la afición. Algunas de las decisiones adoptadas por el ex seleccionador a la hora de elaborar las convocatorias y la mala racha de resultados han vaciado los estadios. Se han vuelto a escuchar pitos contra el combinado nacional, en ocasiones por el juego desplegado y en ocasiones por asuntos extradeportivos. Si algo consiguió Luis Aragonés en su última etapa como seleccionador fue adhesiones a lo largo y ancho de nuestra piel de toro, fue poner de acuerdo a un país que rara vez se pone de acuerdo en nada. Difícil tarea para un hombre de escaso talante conciliador como Lopetegui, que dejó la bunquerización del Porto como gran recuerdo de su paso por uno de los grandes clubes del país vecino. Cabe ahora dar tiempo al tiempo y esperar a que lo del nuevo seleccionador no quede en un proyecto más breve que un amor de verano.

24/07/2016

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