Griezmann

AntoineGriezmannFIRMA DE ÓSCAR V. V. | Antoine ha sido siempre ese jugador con talento sospechoso. Cuando jugaba en la Real se decía que el bueno era Vela. Al aterrizar en el Calderón se pensaba que no podría rendir a las órdenes del Cholo, que le faltaría intensidad. Y con Francia… Bueno, con Francia costaba pensar que le pudiera quitar la titularidad a Karim Benzema, o siquiera formar pareja con él. No ha hecho falta hacerse más preguntas una vez vista su Eurocopa, porque si de alguien está siendo esta competición es del pequeño jugador galo criado en las categorías inferiores del equipo ‘txuri urdin’.

En un torneo donde el talento ha brillado por su ausencia, siendo el mayor atractivo heroicidades anónimas —y no tan anónimas como las de Islandia, Polonia, Hungría o la propia Gales—, ha tenido que ser precisamente en el equipo local donde emergiera un jugador al que, no se sabe muy bien por qué, nunca se le ha considerado contextual, cuando tanto en el Atlético de Madrid como en la Selección nacional ha sido capaz por sí mismo de afrontar empresas muy complicadas, levantando resultados y rompiendo marcadores cuando todo indicaba lo contrario. Siempre en la sombra mediática de otros compañeros como Paul Pogba o el mismísimo Dimitri Payet, con ‘les bleus’; o los rojiblancos Koke, Saúl o incluso Fernando Torres, a orillas del Manzanares. Pero no hay duda, cuando de perforar la meta rival se trata, y ante rivales de entidad, como Alemania hace tres días con el infranqueable Neuer bajo palos, la cabeza y los pies que sus compañeros buscan son los del ‘7’ francés.

Si algo define a Antoine es su indetectabilidad. Su juego entre líneas no ha conseguido ser frenado por ninguna combinación defensiva rival, incluida la ocurrencia de Joachim Löw de ponerle encima a un veterano conocedor del juego, como Bastian Schweinsteiger. Misión imposible. Jugando con la referencia arriba de otro jugador infravalorado, pero que realiza un trabajo impagable, como Olivier Giroud, que ofrece a los hombres de Deschamps esa capacidad de bajar los balones del cielo para que el pequeño gran ‘7’ dibuje, primero en su cabeza y de inmediato sobre el césped, una vez más la jugada del campeonato.

La madurez de ‘Griezz’ es ahora, cuando ha llegado a su punto de cocción perfecto. Sabe cuándo acelerar y cuándo pausar la jugada y, como todos los zurdos, lo hace con una estética magnética y brillante. Hoy tiene una llamada para entrar por la puerta grande en la historia de este deporte y que nunca, nadie más, vuelva a poner su talento bajo sospecha. ‘Allez les bleus’, es vuestro momento.

10/07/2016

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