Adrien Silva

Adrien SilvaJESÚS GUALIX | Con mucha discreción se ha ido adueñando del centro del campo de Portugal hasta convertirse en una pieza clave del engranaje luso. A veces deja que el protagonismo en su selección recaiga sobre otras figuras, como Cristiano Ronaldo, Nani, o, incluso, el joven Renato. Pero también es capaz de asumir galones y de poner firmes a sus compañeros como el más duro de los generales, tal y como se desempeña en el Sporting lisboeta. De padre portugués y madre francesa, no dudó en abrazar los colores rojo y verde de la bandera lusitana a pesar de haber nacido en Angulema. Él es Adrien Silva y será quien lleve mañana el timón de su nación para conducirla a buen puerto, es decir, al deseado triunfo en la Eurocopa de Francia.

Siendo un niño se estrenó en las categorías inferiores del Girondins, pero la decisión de su padre de volver a Portugal, debido a que era empleado de aeronáutica, condicionó su vida y su carrera deportiva. Jugando para el Arcos de Valdevez fue reclutado rápidamente para las filas del Sporting, donde fue moldeado hasta que subió al primer equipo. La poca fortuna y la falta de confianza de sus entrenadores le obligaron a buscar una salida, a la postre equivocada, a Israel. Medio año en el Maccabi Haifa y de vuelta a la nación de sus ancestros para recalar en el Académica de Coimbra. Para los universitarios ganó una histórica Taça frente a su antiguo club; no obstante, su efusiva celebración aquel día irritó a la que posteriormente sería su hinchada. Y es que Adrien acabaría regresando a casa más maduro y más convencido de su juego y de sus posibilidades.

En Lisboa ha tomado la manija demostrando grandes dotes de liderazgo. Su presencia física en el campo y su ímpetu en no dar un balón por perdido le han conducido a ser el dueño del vestuario blanquiverde y a llevar el brazalete de capitán en el José Alvalade. Sin hacer ruido ha ido también abriéndose un hueco en el esquema de Fernando Santos. Su trabajo, subterráneo e invisible, es clave para que otros brillen con luz propia. Su rol se identifica con el del obrero que no destaca pero que es necesario para terminar de construir un rascacielos. Adrien es parte de ese pegamento que se vuelve determinante para que un conjunto funcione y alcance los títulos. Doblegar a sus orígenes es la meta de este gregario que seguro se sentirá orgulloso de haber contribuido a lograr el título con el que sueña todo su país.

09/07/2016

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