Allen

JoeAllenJULIÁN CARPINTERO | Cuando Brendan Rodgers asumió el reto de sustituir a un mito como Kenny Dalglish en el imponente banquillo de Anfield una de sus primeras peticiones a la Directiva ‘red’ fue el fichaje de Joe Allen. Y es que en su intento de iniciar una transición desde el tradicional juego directo del Liverpool a un estilo basado en el toque y la posesión, el técnico norirlandés tenía reservado un papel protagonista para aquel pequeño centrocampista de Carmarthen, que venía de realizar la mejor temporada de su vida en un Swansea que maravilló en las Islas bajo la dirección del propio Rodgers. Así, tras desembolsar 15 millones de libras, el Liverpool se hacía con los servicios de un futbolista destinado a ser el Robin de un Gerrard que llevaba años poniéndose la máscara de Batman.

Cuatro años después de desembarcar en Anfield se puede decir que la apuesta por Joe Allen no ha salido como todos esperaban, ya que el metrónomo galés ha sido incapaz de hacerse con la titularidad indiscutible en la medular del Liverpool. Ya sea por la competencia que se ha ido encontrando —Henderson, Lallana, Emre Can, Firmino— o por la falta de confianza como para creerse capaz de llevar la manija de uno de los grandes de Europa, lo cierto es que Allen ha ido difuminándose hasta convertirse en un jugador cumplidor, anodino, casi insulso. Nada que ver con aquel cerebro que maravilló en ese Swansea que saboreaba las mieles de la Premier por primera vez en su historia con todo por ganar y nada que perder y que acumuló 36 apariciones con cuatro goles.

Pues bien, algo parecido a esa sensación de jugar sin presión es lo que parece estar viviendo Allen en esta Eurocopa de Francia, donde está siendo uno de los puntales de la irreverente Gales que ya se ha colado en los cuartos de final del torneo. A Joe, como a todo el país del dragón, le mueve la ilusión, y con ese combustible está recuperando las mejores cualidades de su juego: sencillez para distribuir, fiabilidad en el pase, posicionamiento táctico a la hora de cubrir espacios e inteligencia para elegir siempre la mejor opción. Incrustado en el centro de ese trivote que Coleman ha ideado junto a Ledley y Ramsey, Allen es el encargado de iniciar la jugada y ofrecer los apoyos necesarios para que el 3-5-2 —que se convierte en un 5-3-2 a la hora de defender, con dos carrileros de largo recorrido— encuentre a Bale nada más cruzar el centro del campo. Su buen torneo ya ha despertado el interés de Southampton, Leicester o Sevilla, pero después del verano Klopp podría replantearse el papel del galés en Anfield. Sea como fuere, aunque no tenga la brillantina de Bale ni la facilidad para ver puerta de Ramsey, las posibilidades de Gales de estar en semifinales dependen en gran medida de ese chico que hasta hace unos días se había olvidado de lo bien que juega al fútbol.

27/06/2016

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