Milik

milikMARIO BECEDAS | La vida de este afanado atacante se resume en cuatro fotografías. La primera, sacada en blanco y negro, nos le sitúa abandonado por su padre siendo más bebé que niño. Tan precoz fue el descenso a los infiernos para este chico polaco que, a los seis años, frisando el cambio al siglo XXI, su rutina eran los cigarros y el robo sistemático de caramelos en las tiendas. Un camino de perdición el de Arkadiusz Milik que sólo pudo reconducir ‘Moki’. Sławomir Mogilan fue el joven entrenador que encauzó al joven pillo de Tychy. A base de vídeos de Cristiano Ronaldo en el Manchester United fue como consiguió evangelizarle para el fútbol.

La segunda instantánea nos muestra a un adolescente ambicioso, volcado en entrenar, haciendo sus pinitos en la tercera división polaca. Tanta fue la determinación que le insufló su mentor ‘Moki’ que el jugador no cejó a la hora de resolver su poca pericia con el pie derecho: un problema de los que se arreglan trabajando y trabajando. Enseguida Milik creció tras la camiseta del Rozwój Katowice alternando el filial con el primer equipo. Sus goles y su buen hacer cerca del área rival le hicieron recalar en el Górnik Zabrze, asentándose ya en la primera división polaca. Sería aquí cuando empezaron a llamar a su puerta equipos como el Tottenham, el Sevilla o el Schalke 04.

El tercer daguerrotipo refleja ya un Milik depredador del área, ajeno a los tatuajes, debutante desde 2011 con su selección nacional y con un contrato firmado por el Bayer Leverkusen al año siguiente debajo del brazo. No fue fácil el comienzo. Los de la aspirina no confiaron del todo en él y lo mandaron a formarse al Augsburgo. Tan completo fue el aprendizaje que el Ajax pidió su cesión para la temporada siguiente. Con una zurda única, en opinión de —poca broma— Dennis Bergkamp, el polaco brindó 11 goles en la Eredivisie que le valieron la opción de compra ejecutada sobre él por los ‘ajacied’. De natural agradecido, Milik correspondió con 21 goles en la campaña siguiente, la que acaba de morir.

La cuarta toma, aún en el cuarto de revelado, enseña a un extramotivado Milik queriéndose comer la presente Eurocopa a bocados. En el primer partido de la misma, y pese tener sobre su cabeza la constante sombra de un héroe nacional como Lewandowski, consiguió romper, henchido de rabia, la red de Irlanda del Norte. Tras conducir a su equipo hacia una decisiva y decisoria victoria inicial, las crónicas le señalaron como tremendamente fallón ante Alemania en el segundo partido. El desquite llegó ayer creando ocasiones de peligro ante Ucrania y dando la asistencia para el solitario gol de Błaszczykowski, que supuso el pase del equipo a octavos. Ocurra lo que ocurra a partir de ahora, el álbum de Milik ya tiene material de sobra para enseñar a las visitas.

22/06/2016

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