Nolito

NolitoJULIÁN CARPINTERO | Recibe el balón en la banda. Lo para. Lo esconde. Hace un amago. Una finta. Y recorta hacia dentro como si tal cosa. Manuel Aguado, ‘Nolito’, se divierte jugando al fútbol y su sonrisa pícara es el reflejo más certero de esta España que en tierras francesas está sorprendiendo, precisamente, por volver a parecerse a sí misma. El atacante gaditano encarna a la perfección el nuevo-viejo estilo de la Selección de Del Bosque, pues a su facilidad para asociarse e interpretar las necesidades del equipo en función de cada contexto añade un desborde y una verticalidad de la que España había adolecido desde el ocaso del mejor Villa, aquel que arrancaba desde el extremo izquierdo con un único objetivo entre ceja y ceja: el gol.

Si en el primer partido de ‘La Roja’ ante Chequia fue uno de los más destacados a la hora de encarar de forma infatigable la meta de Čech, fue en el choque ante Turquía donde Nolito acabó por presentarse ante los ojos de Europa. Más allá del recital de Iniesta, la solvencia de Piqué o el olfato de Morata, el partido del extremo del Celta —que volvió a repetir titularidad— fue un monumento al fútbol de calle. Con un inagotable repertorio de recursos, Nolito, junto con la inestimable ayuda de Jordi Alba, volvió loco al lateral turco Gökhan Gönül, que en ningún momento pudo controlar a un interior más difícil de atar en corto que agarrar por el brazo a un niño travieso. Si no es por dentro, se va a ir por fuera; si no es por fuera, va a acabar yéndose por dentro. Y, cuando no encuentra el sendero para desbordar, se inventa una pared con Silva o busca un disparo combado desde la media luna. Cualquier cosa con tal de complicarle la vida a los defensas rivales.

Después de servir un centro medido para que Morata abriera el marcador y de batir a Babacan persiguiendo un balón a base de fe, Nolito fue a abrazarse con un Casillas cuyo papel se ha reducido al de una especie de tótem: pesa más lo que fue que lo que es. Y lo hizo porque, según él, “me mete un poquillo de caña”. Palabras que expresan los sentimientos de un recién llegado a la Selección —debutó hace un año y medio— que el próximo mes de octubre cumplirá 30 años y que pese a todo ansía poder reivindicar su clase. ¿Con qué camiseta los celebrará? Eso se sabrá después de que termine una Eurocopa en la que está llamado a ser uno de los nombres propios. Luis Enrique suspira por volver a tenerle a sus órdenes, Guardiola piensa que podría ser una pieza diferencial en el ataque de su nuevo City y el Celta confía en poder retener a un hombre que en las últimas tres campañas ha hecho casi 40 goles sin ser un delantero puro. Porque lo que hace diferente a Nolito es que vuelve a ser un niño cada vez que toca el balón. Y eso es bueno para él y para España.

19/06/2016

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