Vardy

FÁTIMA MARTÍN | El Leicester se ha convertido, sin ninguna duda, en la gran revelación del fútbol europeo esta temporada. Su camino hasta alzarse con la Premier League ha sido comentado hasta la saciedad por todo aficionado que se precie. Al principio con incredulidad, más tarde con sorpresa y, finalmente, con simpatía. Porque a quien le gusta el deporte le enamoran las historias ilógicas en las que dos más dos no son cuatro, en las que el débil puede con el fuerte o en las que el feo se queda con la chica. Uno de los protagonistas de la gesta de los ‘foxes’ —junto con el sempiterno Claudio Ranieri y el elegido como mejor jugador de la competición, Riyad Mahrez— ha sido Jamie Vardy, el goleador del equipo y una de las grandes esperanzas de Inglaterra para dar guerra en la Eurocopa de Francia. Tras su impecable fase de clasificación, los ‘pross’, esta vez sí, merecen ser considerados como una seria alternativa al título.

Roy Hodgson, empeñado en encontrar un encaje para el veterano Rooney en un once plagado de jovenzuelos, tuvo que dirimir de cara al debut de anoche ante Rusia, si dar entrada a Harry Kane junto con el indómito Vardy o apostar por un fútbol menos directo. Y eligió la segunda. Porque alinear al delantero del Leicester es sinónimo de verticalidad a un ritmo vertiginoso. Es inevitable comparar al ariete, que ya parece tener pie y medio en el Arsenal de cara a la próxima campaña, con el ‘Piojo’ López, que se hartó de descoser porterías bajo los mandos de Ranieri para desgracia de van Gaal. Aunque el actual equipo del entrenador romano poco se parece a aquel rocoso Valencia de principios de siglo —cada vez resulta más difícil ver defensas sólidas en la Premier—, todo en Vardy hace que parezca un parásito más. Desde su complexión física, su tardía adaptación al fútbol de élite o su explosivo golpeo de balón hasta su imparable velocidad de pies y de mente o su desenfrenado carácter en el campo. Introducir al ariete de Sheffield puede revolucionar cualquier encuentro, imprimirle velocidad y desequilibrio, para bien o para mal.

Vardy es tan extremo como el picante: no deja indiferente a nadie. O gusta o no gusta, sin medias tintas. Poco se va a tratar aquí de su díscolo comportamiento lejos de los terrenos de juego. Ni siquiera de su laboriosa escalada en las distintas categorías del fútbol inglés hasta afianzarse en la cumbre —de séptima división a la Premier en apenas cinco años—. Si Hodgson ha de apostar por Jamie no es por quién fue ni por quién será, sino porque tiene que aprovechar la ‘buena ola’. El momento de Vardy es ahora y desperdiciarlo sería un sacrilegio que Inglaterra no se puede permitir. Los más conservadores pensarán que, con un equipo plagado de jugadores inexpertos, introducir tal factor de descontrol sería un suicidio. Pero si algo deben explotar los pross en esta Eurocopa es la desvergüenza y la inconsciencia de un grupo de talentosos jóvenes sin miedo a nada y capaces de creer ciegamente en sus propias posibilidades.

12/06/2016

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