Bajo el mismo cielo

LeoMessiFIRMA DE FÁTIMA MARTÍN | Andreu sorbe despacio un café en el andén de la estación de Sants. Todavía tiene legañas en los ojos. Odia madrugar más que ninguna otra cosa en el mundo. Tal vez no, es una exageración. Lo que más odia es perder. Pero hoy no puede pasar. El Barça va a cerrar la temporada con doblete, es lo menos que se le puede exigir después del fiasco de la Champions. Tal vez no tanto por el hecho de no ganarla o de caer en cuartos, sino porque pueda llevársela otra vez el Madrid. Porque ahí sí que no, ni doblete ni nada podría maquillar el desengaño. ‘All in a Simeone, piensa. Apura la última gota de café y entra en el AVE. Tras sacar el periódico de la mochila se acomoda en su asiento. ‘La acogida que nos va a dar Madrid va a ser memorable’, reflexiona mientras lee una noticia sobre la huelga de Metro convocada para la hora del partido. Ceñirse al itinerario oficial parece la mejor opción: ‘fan zone’ en el Paseo de la Chopera y exaltación blaugrana a tres pasos del Calderón. Llegar tarde al pitido inicial no está en sus planes. Al fin y al cabo, no es mala idea. No tardará en encontrarse con las caras de casi todos los viajes: Quim y Mercè, los gemelos de Hospitalet montando ruido y el optimista de Vicent. A veces Eva le pregunta qué tiene el fútbol para volverle tan loco. “¿Qué no tiene, cariño? ¿Qué no tiene?”, responde siempre flemático.

Manu apaga el despertador del móvil sin abrir los ojos. Si pudiera, continuaría en la cama diez horas más. La semana ha sido de aúpa. No debió acostarse tan tarde, pero la noche madrileña se lo pedía a gritos. Sin embargo, lo que más pesa es el cansancio acumulado. El viaje a Basilea, las celebraciones por la quinta Europa League —tanto en Suiza como en Sevilla— y poner rumbo a Madrid. Va a tener que pedirse otra semana de vacaciones para recuperarse de ésta otra. Ahora bien, ganando todo es más fácil, más asumible para el cuerpo y la cartera. Tiene guasa esto del fútbol. El sevillismo se ha tirado media temporada atizando al equipo y al entrenador por no ser capaces de ganar un mísero partido fuera de casa en Liga. Y, sin embargo, el primer título ya está en la saca y todas las ilusiones puestas en ganar al Barça y culminar un doblete histórico. Los de Luis Enrique parecían indestructibles a principio de campaña, pero han dejado de asustar en el tramo final. Se les ve hasta asequibles ahora. Con ese empujón de ilusión, pega un salto de la cama del motel en el que ha pasado la noche y descubre un sol radiante de mediodía al otro lado de la cortina. Suena el himno de El Arrebato en la habitación contigua. Susi y Paco ya están en pie. ¿Puede comenzar mejor el día?

El mismo rayo de sol que llena de alegría los ojos de Manu deslumbra a Andreu en cuanto pone un pie fuera de la estación de Atocha. Ahora echa en falta el periódico que ha tirado en la papelera antes de pasar por las escaleras mecánicas. Lo ha hecho impulsivamente, sin pensar que lo iba a echar de menos. Pero es que, entre la situación económica general, la pésima campaña electoral y los constantes intentos de politizar la final de Copa por parte de españolismo y catalanismo, dan ganas de mandarlo todo a la mierda. ‘¿Y a mí qué me importa que no venga Puigdemont al Calderón? Mientras venga Messi…’. Se sacude de estos pensamientos mientras camina hacia Embajadores, donde ya le espera David. Se conocieron en el Clásico liguero de 2011. Gozar, hombro con hombro, de una remontada en el Bernabéu une mucho. Desde entonces, no hay viaje a Madrid en el que desaprovechen la ocasión de verse. “¿Sabes que nunca ha habido una final de Copa entre Sevilla y Barça? ¡Tiene narices! Anda que no nos hemos enfrentado veces… Pero nunca en la final del torneo más antiguo del fútbol español. ¿No es genial? Es una final única. Además, ganamos seguro. Tenemos un promedio histórico de 54 por encima de victoria contra ellos”, va explicando David antes de desviarse rumbo a una Ribera de Curtidores que se mueve al son del Rastro como cada domingo. “¡Eres un friki!”, le espeta Andreu con una sonrisa socarrona. “La verdad es que no me fío del Sevilla. Anda que no nos costó ganarles la Supercopa de Europa… Pero, oye, espera. Por aquí no se va al río, ¿no?”. Su amigo no tiene ni la más mínima intención de pisar la fan zone.

Pocas horas después, Susi se pone una rebeca por encima de la camiseta de Gameiro. El atardecer en la orilla del Manzanares es fresco, aunque las risas y el gentío alrededor del Calderón entonan el cuerpo. “¡Qué arte tenía el camarero! ¡Vaya cara ha puesto cuando le has pedido de postre tres ‘relaxing cups of café con leche’”, recuerda Manu. Las carcajadas les impiden dar un paso más. “Va, venga, un poco de seriedad, que a este paso no llegamos”, añade Paco. Aceleran el paso, no por falta de tiempo sino por ansia de fútbol. De repente Manu muda el rostro y detiene la comitiva poniéndose frente a sus amigos: “¿Y si perdemos?”. “¡Qué mala sombra, chiquillo!”, exclama ella. “Si perdemos, pago yo la última ronda”, responde Paco envalentonado para nueva carcajada general. Manu choca de bruces con un culé al retomar la marcha. Ambos se disculpan, caminaban distraídos pensando en el partido. “¡Que gane el mejor!”, añade el catalán mientras le estrecha la mano. Al alejarse, Andreu deja ver el dorsal en su camiseta azulgrana por encima de una cargada mochila. ‘Amigo, pase lo que pase, nosotros ya hemos ganado’, piensa el sevillano en voz alta.

22/05/2016

Fátima Martín es periodista ex del diario MARCA y futmi.com

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