El Madrid contra Goliat

AtléticoSERGIO MENÉNDEZ | Pasaban más o menos 30 minutos del mediodía del miércoles cuando Antonio García Ferreras conectaba en directo con José Manuel García-Margallo. Después algo más de cuarto de hora de entrevista en torno a Rajoy y su estrategia de cara a la convocatoria de nuevas elecciones generales, Esperanza Aguirre, el debate sobre si el PP debe posicionarse como un partido social-demócrata o liberal, la amnistía fiscal para la mujer de Arias Cañete, la crisis de los refugiados, Venezuela o si Podemos representa un peligro para la democracia, el ministro de Asuntos Exteriores en funciones y el presentador de La Sexta se despedían deseándose suerte porque esa noche jugaba el Real Madrid. Situados en las antípodas en lo ideológico, fue el único punto de encuentro que se pudo ver entre ambos a lo largo de la entrevista. Y fue también cuando García-Margallo confesó sus nervios ante el partido contra el Manchester City. Ferreras, por su parte, que no dejó de reconocer cierta sensación de vértigo, tranquilizó a su entrevistado citando a Borges. Al parecer no había motivo para el miedo porque, como decía el autor argentino, “los cobardes mueren dos veces”.

Queda la duda de si Ferreras, que en el pasado trabajó a las órdenes de Florentino Pérez como Director de comunicación y contenidos del Real Madrid, aludía con lo de ‘cobardes’ a Manuel Pellegrini y lo hacía con lo de ‘dos veces’ a la vuelta de semifinales; o, por el contrario, iba por los rivales que se encontrarían en la final en caso de ganar. Y es que apenas unas horas antes, el Atlético de Madrid había sellado ante el Bayern de Múnich su billete para la cita de Milán. Efectivamente, jugarían la tercera final de Copa de Europa en la historia del club. La segunda con el Real Madrid como rival si sus vecinos lograban imponerse a los ingleses. Cosa que, para bien o para mal del madridismo, así se produjo.

Si, como cabría sospechar, las palabras de este antiguo vasallo merengue, que según las fuentes de quien escribe son originales de William Shakespeare, se referían al Atlético de Madrid, el periodista habría cometido un verdadero acto de inconsciencia. Semejante temeridad carecería de todo sentido común a juzgar por la forma en que se han interpretado los acontecimientos recientes de la Champions League, que sitúan a Atlético de Madrid como evidente y justo favorito para el título y al Real Madrid como un finalista por casualidad. Un coloso que a fuerza de apear a los a los vigentes campeones de liga de los Países Bajos, España y Alemania ha vuelto a reventar todos los pronósticos — como ya hizo en 2014 —  frente a un equipo al que sólo las bolas calientes y la suerte de comparsas que se ha ido cruzando hasta el momento parecen haber conducido a Milán.

De tratarse de un alusión triunfalista dirigida a los colchoneros, Ferreras no sumaría más que unos pocos adeptos entre el núcleo duro del madridismo o algún que otro aficionado que apela al peso de la historia y la mayor experiencia del club blanco en las batallas finales de la máxima competición continental. Por lo demás, la sabiduría popular y la obra de García Márquez se imponen a Borges: mientras la calle sostiene que a la tercera irá la vencida, la prensa se ha apresurado a publicar las crónicas de una muerte anunciada en honor del Real Madrid, cuyos seguidores se aferran al ‘contragafe’ como dogma de fe de cara a la final. Hecho insólito para una afición con fama de altiva y prepotente. Igual de insólito, al menos, como ver a Jorge Valdano, adalid de la discreción, reconocer que “el Atlético está en proceso de venganza” mientras Simeone trata de refrenar la visceralidad y el revanchismo hablando de “segundas oportunidades”. Aunque en realidad lo haga con la boca pequeña, el colmillo goteando y husmeando la sangre.

RealMadrid

Poco o nada, únicamente en casos muy aislados, se asigna algo de mérito a Zinedine Zidane, que en enero se empezó a hacer cargo de una plantilla prácticamente desahuciada, ridículamente eliminada de Copa del Rey, humillada por el Barcelona en su propio estadio y perfectamente capaz de caer en octavos de final de la Champions League ante la Roma. A día de hoy, en cambio, a pesar de que durante su primer mes en el banquillo llegó a sumar 12 puntos de desventaja de la cabeza de la Liga, el equipo se encuentra a un tropiezo poco probable, pero igualmente posible, de sus dos predecesores en la clasificación para ganarla y a una victoria de alzarse con su undécimo entorchado en Europa. ¿Acaso lo de suministrar la confianza y motivación que ese vestuario lleno de estrellas apagadas necesitaba para remontar la temporada no es algo casi tan mágico como ver a Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, dos grandes defensores de la Memoria Histórica, celebrar los triunfos de un equipo que en el pasado se alió — si bien lo hizo por razones económicas — con un club de aviadores que durante la Guerra Civil bombardeó posiciones republicanas? ¿O acaso es que la Memoria Histórica también es selectiva?

El propio Noel Gallagher, líder intelectual y hermano (presuntamente) bueno de Oasis, así como ferviente y reconocido hincha ‘citizen’, en el saludo que dirigió al público que el pasado 8 de abril disfrutó de su concierto en La Riviera lanzó al aire la siguiente pregunta: “Do you think you will win the Champions League?”. A lo que él mismo se contestó “You’ ve got no fucking chance”. Y aunque todo indicaba que se trataba de una típica y congénita muestra de chulería, la cuestión, al menos por la parte que le tocaba a sus fans merengues, se resume en que no existe ni una posibilidad de que lo consigan.

La realidad, por tanto, parece señalarnos que el guión de Milán se escribió hace ya varios siglos. En las páginas de la Biblia, concretamente. En especial si se atiende a lo que dice la prensa, todo apunta a que será un ‘David contra Goliat’ donde el insensato Zidane se plantará con once piedras y su humilde honda ante un oponente que llega crecido, inconmensurable, rocoso en todas sus líneas, desde la delantera hasta la portería. En lo que se refiere a esta última parcela del campo, las opciones de los blancos pasan por herir de muerte a un cancerbero al que se le desconocen raíces filisteas pero que tiene hechuras de gigante. Así las cosas, sólo la capital mundial de la moda nos arrojará la prueba definitiva, por un lado, de si el Atlético de Madrid, según indican los cronistas de la actualidad, es una verdad incómoda o, como los cordones de colores en las gafas de sol, se quedará en una tendencia absurda; y, por otro, de si Ferreras tenía razón o el espíritu de Borges se volverá en su contra para reducir las posibilidades de una victoria madridista a simples ficciones.

06/05/2016

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