Final feliz

wes-morganJESÚS GUALIX | El cuento de hadas que ha sido la trayectoria del Leicester City en la Premier League de este año ha terminado de la mejor forma posible, con un totalmente merecido final feliz. El equipo de Leicestershire ha sorprendido a propios y extraños, ya que nadie, ni en sus mejores sueños, le daba como el ganador de uno de los campeonatos más importantes y exigentes del planeta. Los ‘foxes’ han sido capaces de superar a base de trabajo, esfuerzo y tesón a clubes de la talla de un Chelsea que se deshizo como un azucarillo y que rozó los puestos de descenso a la Football League Championship, de un Arsenal en manos de Arsenè Wenger que volvió a decepcionar otro año más, de los dos gigantes de Manchester, United y City, que ni con su repleto talonario pudieron combatir contra la gran revelación del fútbol mundial, y de un Tottenham que fue su máximo rival y que vendió cara su derrota hasta el final.

El Leicester es un bloque que ha salido a precio de saldo. La inversión en esta última temporada no excedió de los 38 millones de euros, irrisoria en comparación con otros trasatlánticos ingleses, que por más dinero que han gastado no han sabido frenar un sueño que se ha materializado en hechos. El gran culpable de este éxito es su entrenador, Claudio Ranieri, del cual muchos aficionados, tanto ingleses, como del resto del mundo, se han mofado y le han subestimado hasta el infinito. Ha sabido unir como nadie a su plantilla y hacer valer al conjunto por encima de las individualidades. Tener nombres importantes no asegura títulos, pero tener un equipo sólido e inalterable como una roca, sí.

Porque eso es lo que ha sido el Leicester este curso, una roca cada vez más pesada, más dura y resistente. Los componentes de esta piedra han ido creyendo día tras día en que sí que se podía, en que había que seguir remando para llegar al fin a buen puerto. Cada gol de Vardy, cada asistencia de Mahrez, cada posesión controlada por Kanté o Drinkwater, cada corte defensivo de Wes Morgan o Huth, cada parada de Kasper Schmeichel, que, como su padre, ha hecho historia… La unión de todos estos engranajes ha dado lugar a uno de los milagros más bellos que se recuerdan en el fútbol, tanto actual como de siempre. La esperanza de una escuadra modesta —dentro de lo que es la propia competición inglesa— ha logrado convertirse en una realidad que pocos imaginaban, ni siquiera las casas de apuestas, que a riesgo de perder mucho dinero tuvieron que negociar al alza con quienes apostaron a favor del Leicester en el campeonato inglés.

Ahora es el momento de la celebración, que comenzó en la noche del pasado lunes en la casa de Vardy con ese mágico gol de Hazard, que destruía de golpe todas las opciones de Mauricio Pochettino y de sus chicos para lograr una empresa que ya resultaba harto imposible. Pero después van a surgir preguntas importantes e inquietantes para sus aficionados. ¿Será el milagro del Leicester flor de un día? ¿Cambiará el club su esencia y fichará a jugadores más costosos? ¿Retendrá a sus estrellas? ¿Cómo será su primera experiencia en la Champions League? Tendremos que esperar a que pasen Eurocopa y verano para ello. Ahora es el tiempo de la más que merecida fiesta. Enhorabuena a todos sus seguidores y a aquellos que cerraron sus ojos muy fuerte para seguir creyendo, porque aquí tienen su justo premio.

04/05/2016

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