Una convicción y 64 casillas

SERGIO DE LA CRUZ | El año 2006 escribía sus últimas páginas cuando Guinea Ecuatorial decidía sustituir a su seleccionador. Con la organización de la Copa de África en 2015, el régimen de Obiang deseaba formar una verdadera estructura deportiva y ponía sus ojos en la lejana Logroño. Nada más llegar a Bata, el elegido se propuso un objetivo: evitar que los miles de niños que jugaban en sus calles lo hicieran sin calzado. Tras siete años pateándose las playas de medio mundo como miembro de la Selección española de fútbol playa, sabía el sacrificio que implicaba hacer lo mismo, pero en un suelo lleno de agujeros. Quique Setién tenía una nueva convicción. Una más de todas las que le han llevado en su viaje —de El Ejido a Las Palmas— pasando por Malabo hacia el reconocimiento de todo el fútbol patrio.

La historia del santanderino goza de la privilegiada belleza de la libertad, circunstancia que se da cada vez menos en el fútbol y en la vida, que es el fútbol pero con rivales uruguayos en todas las jugadas. La trayectoria de Setién se entiende únicamente si se asimila que tener una convicción y creerse capaz de plasmarla le libera a uno de cadenas. Como chico aprendiendo a jugar al fútbol en la calle, como futbolista llevando el juego de toque a los barrizales de los 80 y como entrenador en equipos de todo pelaje, Setién siempre tuvo clara una cosa: el cómo importaba tanto o más que el qué.

Por eso dejó su primer banquillo, el del Polideportivo Ejido, cuando comprobó que el club no compartía su modelo de gestión. Por eso se fue del Logroñés tras siete meses sin cobrar y por la misma razón juró que nunca más volvería a estar en un equipo en el que sus jugadores no tuvieran el sueldo en regla. Por eso se ilusionó en una aventura, la guineana, que siempre estuvo abocada a un final prematuro. También por ello se cansó de esperar a la Ponferradina y se decantó por la oferta del Lugo, que le prometió lo más importante: el club se moldearía a sus pretensiones. Fue el comienzo de un matrimonio que incluso se sobrepuso a una camiseta inspirada en una ración de pulpo a la gallega.

En su segunda temporada, llevó al Lugo a la fase de ascenso a Segunda, pero el Murcia y después el Alcoyano le dejaron otro año más en Segunda B. La suerte recompensó a los lucenses el curso siguiente, consiguiendo el pase a la categoría de plata por penaltis en el Ramón de Carranza frente al Cádiz. Era el premio a una manera diferente de ver las cosas en una categoría que no prima, desde luego, el fútbol delicado. También una manera de certificar que las cosas se pueden hacer como uno las siente.

Así llegó el Lugo a la Liga Adelante 20 años después, y no defraudó a nadie. De la mano de Setién, se hizo un nombre rápidamente con una propuesta atractiva y arriesgada. El Anxo Carro se convirtió en un tablero de ajedrez —uno de los hobbies del técnico, que siempre recordará la partida que jugó contra Kárpov y Kaspárov— en el que los locales siempre jugaban con blancas y permaneció en la categoría tres temporadas seguidas con un sello propio. Pero a los seis años de relación, el entrenador abandonaba la protección de la Muralla. Un descanso, o quizá un nuevo reto.

La respuesta llegó el pasado octubre, a muchísimos kilómetros de su Cantábrico… en Las Palmas, su clima tropical y una afición y un club ansiosos de un buen juego por recuperar y de quedarse en Primera. Su primera experiencia en un banquillo de la categoría reina no fue fácil, con una sola victoria en los seis partidos iniciales. Poco a poco, a cuentagotas, la señales positivas se fueron acumulando. El equipo engrasaba: aparecían figuras como las de Tana, Roque Mesa, Willian José o Viera y el tramo final fue una verdadera traca, con el premio al mejor entrenador de marzo y siete victorias en los últimos diez partidos que le han dado a los canarios el acceso a una nueva temporada en la Liga BBVA.

Bajo la atención de toda la parafernalia de ‘la mejor liga del mundo’ se ha podido ver de verdad el potencial de un entrenador que es capaz de imponer su libreto —y no adaptarse a las características de un equipo— en circunstancias adversas. Ante la tendencia de echar redaños en la parte baja de la tabla, Setién optó otra vez por lo que le decía su instinto y asaltó la banca. En Las Palmas nadie ha despreciado el baluarte que se sentó en el banquillo, pero fiel a su indomable espíritu, el técnico ha avisado: “Quiero unas condiciones adecuadas para seguir. Quiero ser feliz e ir a trabajar cada día con las mismas ganas”. Palabras que bien definen una filosofía de vida. El reto para el equipo canario es claro: o le proporciona el hábitat que cree necesario o se llevará sus convicciones a otra parte. A algún lugar en el que las acepten. A ellas y a su tablero de ajedrez.

29/04/2016

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