Amor de ida y vuelta

SergioRamosFIRMA DE SHARK GUTIÉRREZ | No hace falta ser un experto para determinar que las relaciones de pareja son complejas. Todo ser humano entraña una serie de variables, difíciles de controlar o prevenir, en las que se intercambian los papeles de dañador y dañado. Por ello,  las de pareja son las relaciones que nos permiten descubrir más, tanto de uno mismo como de quien te acompaña por ese camino incierto y pedregoso que es el amor en común. Ese sentimiento que te une hoy, puede terminar mutando con el tiempo e ir desapareciendo dicho lazo: lo que ayer hace transmitir una sonrisa desde el alma, hoy puede ser un desencanto y mañana una decepción. La mutabilidad es un temor adicional al que enfrentarse, especialmente cuando no se está caminando a solas por dicho sendero.

La vida de un futbolista es igual de voluble que una relación de pareja. El profesionalismo en la élite no permite, apenas, cometer errores, casi como cuando estás con otra persona. Eso termina minando la relación con quien se establece un vínculo. No hay más que imaginar algo parecido, pero con un grupo de personas tan heterogéneas y diferentes en sí mismas como la afición del Real Madrid. Eso que hoy es un vínculo fuerte, mañana puede ser el motivo de una ruptura. También pasa en una entidad como la de Concha Espina, donde los aficionados son miles de parejas distintas con una visión intoxicada por los clics de ratón o las páginas de cualquier periódico con ansias de vender información errónea —al precio de un café— culpando a quien les representa en el terreno de juego, especialmente notorio cuando los resultados no son los deseados. En este caso, Sergio Ramos se encuentra en el permanente punto de mira del coliseo blanco, siendo idolatrado y odiado a partes iguales. El sevillano se encuentra en una posición difícil, complicada y en la que recibe todos los palos posibles: el puesto de capitán.

Llevar la voz cantante en una relación de pareja es francamente difícil, si quien comparte su vida contigo no está dispuesta a ceder. En el caso del aficionado del Madrid, con miles —o millones— de parejas distintas emitiendo constantemente un juicio de valor sobre ti y lo que haces, aumenta más aún la presión. Sergio vive con ello a diario. Esa inmediata relación causa-efecto termina minando el comportamiento de un futbolista que lleva once años en la plantilla. Más de una década con la misma persona pueden ser muchos en la mayoría de las ocasiones, y en el caso de Ramos parece pasarle factura en el día a día.

SergioRamosII

No nos engañemos. El Ramos futbolista es una individualidad monumental, con unas condiciones exuberantes para leer el juego, anticiparse a sus rivales, ganar balones aéreos cual jugador de baloncesto y camuflar los defectos de su equipo con una actuación de diez, influyendo desde atrás para que el resto del equipo carbure. Su problema no es de fútbol, es de confianza. Al igual que lo que hoy te une puede ser el motivo de una separación mañana, los innecesarios riesgos que toma Ramos —con o sin balón— por estar seguro que eso es lo que le gusta a los aficionados o entrenadores madridistas, puede ser el punto de no retorno en su amor con el escudo que embriaga todo el Paseo de la Castellana. Llevar el brazalete conlleva una responsabilidad que quizá no sepa gestionar. Un amor de idas y vueltas donde con sólo amar al escudo no baste.

Enfrente tendrá la responsabilidad de encontrarse con Agüero o David Silva como posibles causantes de ese amor en declive por el escudo que ha representado durante tantos años. Le toca ser quien lleve los pantalones y sea el defensa que, por condiciones, siempre fue: un central expeditivo, que no se arruga, de los que no tienen miedo a ser líderes en momentos complicados, capaz de unir a todo el equipo a través de un pase vertical o directo. El mismo que en 2014 mató, a cabezazos, las ilusiones en ciudades importantes como Múnich o Lisboa. En su voluntad puede residir el éxito blanco para alcanzar la final de Milán, una vez eliminado el Barça, ser el que nunca ha debido dejar de ser. El capitán enamorado de la ‘Orejona’, un billete de ida (sin vuelta) al amor eterno.

25/04/2016

Shark Gutiérrez es especialista en fútbol alemán.

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