El don de la oportunidad

SantiMinaSERGIO DE LA CRUZ | Tan importante como tener padrino es estar en el momento adecuado y en el lugar correcto. La resignada ausencia de alguna de estas dos variables ha provocado que muchos amores seguramente perfectos se hayan ido por el sumidero y un sinfín de oportunidades se hayan marchado al limbo de las ocasiones perdidas —el cajón en el que se guardarán la mayoría de nominaciones al Oscar de DiCaprio y las veces en que uno se piensa rechazar la última copa de la noche—. Otros, en cambio, se abonan a esta alineación repentina de los astros como el que se toma una cerveza.

El Barcelona, al que antes de golear al Deportivo le crecieron los enanos y los fantasmas de comienzos de siglo, sufrió en sus carnes a un tipo oportuno con cara de enseñar el DNI en los pubs: Santi Mina. El vigués del Valencia ha sido el único futbolista de la Liga BBVA que ha ‘mojado’ en los dos partidos contra los culés. El resultado han sido cinco puntos menos que, quién sabe, los de Luis Enrique bien podrían echar en falta en este tramo final de competición en el que, como decía Luis Aragonés, se ganan las Ligas.

La radiografía de los goles de Mina habla del don de la oportunidad. En Mestalla, el ‘22’ aparecía de repente sólo como vía de escape para un Alcácer agobiado por Piqué y Mascherano. Un toque, gol. En el Camp Nou contempló durante más de 20 segundos la jugada que se formaba en la banda opuesta. En un abrir y cerrar de ojos se encontraba con un pase de Parejo que le dejaba plantado ante Bravo. Un toque, gol. Lo típico para un futbolista que a sus 20 años ha escrito más páginas de periódico que jugadores con una década larga de profesión.

Todo por estar en el momento y el lugar correcto. Un 11 de abril de 2015 en Balaídos para encontrarse con la historia. Ese día marcaba cuatro goles al Rayo Vallecano convirtiéndose en el jugador más joven de la Liga en hacer un póker en 80 años, el cuarto más precoz de toda la historia del torneo. Todos se preguntaban de dónde había salido ese imberbe. Lo cierto es que Santi llevaba ya mucho tiempo ahí, pero aún no le habíamos visto. En Vigo señalaban la Luna, pero todos vimos el dedo.

En A Madroa todos sabían que el joven Santi —hijo de otro Santi, central con el primer equipo del Celta en los 80 que se niega a ver jugar a su vástago en directo— tenía algo. No esa capacidad innata de estar donde uno debe estar, pero sí otras más perceptibles: la velocidad y potencia de un extremo. La reacción fue la de pulirle con cuidado, pues el diamante bien lo merecía. El club vigués llegó a tratarle con tal mimo que le limitó el contacto con los medios locales. Pero Jorge Mendes era harina de otro costal. El agente le echó el guante en cuanto pudo, viendo que el chaval prometía fútbol… y, claro, negocio.

Mirando de reojo al agente, en Vigo comenzó lo que era inevitable, la escalada de Santi a Primera división. Fue Paco Herrera el que le dio la alternativa con tan solo 17 años, y al curso siguiente Luis Enrique recogió el regalo y, con el ‘29’ a la espalda, se encargó de llegar en el momento justo a una cita para recordar, la inauguración del nuevo San Mamés. Para no quedar por debajo de la ocasión, se estrenó como goleador cuando ‘La Catedral’ todavía olía a pintura.  El curso 2013/14 fue el de la confirmación y el 2014/15 el de la explosión.

Berizzo se lo puso complicado y Mina no entró en el equipo hasta la segunda mitad de la temporada. Con poco más de 1.400 minutos, consiguió nueve tantos y se ganó la confianza del míster… aunque le duró poco. Mendes se cansó de esperar y, cuando eso sucede, las carteras toman vida. La del Valencia, concretamente, se levantó hechizada y desembolsó diez millones de euros valiosísimos para unas arcas famélicas como las del Celta.

Santi fue recibido con las suspicacias con las que llega a trabajar el hijo del jefe. La cuantía de su fichaje y el aval de Mendes fueron un cóctel de sabor amargo que el futbolista ha ido poco a poco suavizando con trabajo, gotitas de calidad y un potencial que Mestalla está percibiendo con el paso de los meses. En una temporada tan difícil como la del Valencia, el chico que dudaba sobre su adaptación al calor se ha convertido en una de las noticias más agradables. El don de la oportunidad se pasea de cuándo en cuándo en forma de veinteañero con tatuajes y cuerpo de gimnasio por la capital de Turia. Un potencial con los límites que él mismo quiera imponerse.

22/04/2016

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