La primera vez de Hagi

HagiJULIÁN CARPINTERO | Cuando Rumanía se clasificó para la Eurocopa de 2000 su objetivo era bien claro: ganar un partido. Con uno bastaría. Los hombres de Emerich Jenei, que habían terminado la fase de clasificación como primeros del Grupo 7 sin haber perdido un solo encuentro, viajaron hasta Bélgica y Holanda con la idea de romper el maleficio que les perseguía en el torneo continental, puesto que nunca habían sido capaces de vencer siquiera un choque. De hecho, hasta ese momento su balance era de cinco derrotas y un empate repartidos entre las ediciones de 1984 y 1996. No obstante, el azar que les encuadró en un grupo con Portugal, Inglaterra y Alemania no estaba muy por la labor de que esa tendencia cambiara…

En los albores del nuevo milenio la generación de oro del fútbol rumano tocaba unos acordes que sonaban a despedida. Después de haber entonado su canto de cisne al acabar con la Argentina de Basile en el Mundial de 1994 y de haberle dado la puntilla a Valderrama, Asprilla y compañía cuatro años más tarde en Francia, los Stelea, Belodedici y Popescu se tomaron esta Eurocopa como una oportunidad para poner el broche de oro a unas carreras brillantes que, una vez superada la treintena, poco más podían dar de sí. Especialmente la de Gica Hagi, ‘el Maradona de los Cárpatos’, un talento salvaje en cuyo palmarés figuraba una Copa de Europa y el brillo de haber jugado para Real Madrid y Barcelona, pero al que con 35 años las piernas comenzaban a pesarle. Sin embargo, el ’10’ del Galatasaray no estaba en Flandes para recibir palmaditas en la espalda, sino que anhelaba esa victoria que durante tanto tiempo se le había resistido, ya que él había estado en Francia y en Inglaterra, cuando Rumanía no había sido más que una mera comparsa. Sin nada que perder ni que demostrar, Gica estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de que la bandera de su país sonara bien alto una última vez.

Así las cosas, la Rumanía que compareció en los Países Bajos dispuesta a dar batalla era una mezcla de veteranos —Petrescu, Munteanu, Prunea— y jóvenes promesas —Chivu, Mutu, Lobonț— aderezada con futbolistas en la madurez de sus carreras que eran plenamente conscientes de lo que suponía competir al máximo nivel, tal era el caso de Gâlcă, Ilie, Contra o Filipescu. El estreno llegaría el 12 de junio en Lieja y con Alemania, la entonces vigente campeona, como rival. Para el debut, Jenei dispuso un 5-3-2 con Popescu como líbero, una línea de cuatro defensas, dos pivotes en la medular, libertad para Hagi en tres cuartos de campo y dos puntas incisivos como lo eran Ilie y Moldovan. De las botas de este último nacería el 0-1 en el minuto 5 del partido, cuando Linke no pudo despejar un pase de ‘La Cobra’ y Moldovan batió a Kahn. Sería el bávaro Scholl quien pondría el empate antes de la media hora con un fuerte disparo desde la frontal del área ante el cual Stelea no pudo hacer nada, un tanto que, a la postre, sería definitivo, pues el árbitro no señaló un claro penalti de Nowotny sobre Ilie antes de que Matthäus sacara bajo palos un disparo de Moldovan con Kahn ya batido. Hagi, que al inicio de la segunda parte vio tarjeta amarilla, fue sustituido por Mutu a falta de un cuarto de hora y el choque acabó en tablas con la imagen de Gica y Matthäus, dos leyendas, intercambiándose las camisetas.

El siguiente asalto sería frente a Portugal, un conjunto al que los rumanos ya habían doblegado en la fase de clasificación, pero que venía de exhibirse frente a Inglaterra en la primera jornada. El esquema de Jenei varió a un 4-4-2 en rombo con dos laterales en la banda derecha —Contra y Petrescu— que tenían como objetivo vigilar los movimientos de un Figo en estado de gracia. Al contrario que en el duelo ante Alemania, Rumanía cedió la iniciativa del partido a los lusos, a los que su buen trato del balón no bastaba para acercarse con peligro a los dominios de Stelea mientras los rumanos esperaban alguna contra que Ilie o Moldovan pudieran materializar o un destello de calidad de Hagi, que volvió a ser amonestado al comienzo del partido. De este modo, cuando los 18.000 espectadores que se habían dado cita en el GelreDome de Arnhem pensaban que el 0-0 sería el resultado final, un centro de Figo fue rematado a gol por Costinha cuando el reloj marcaba el minuto 94, un tanto que clasificaba a los de Coelho y que dejó paralizados a los muchachos de Jenei, a quienes el ansiado triunfo se les seguía resistiendo.

Rumanía

Sea como fuere, Rumanía afrontó la última jornada con las matemáticas de su lado: si ganaban a Inglaterra —a la que le valía el empate— y Portugal hacía lo mismo con Alemania estarían en los cuartos de final. Pero sin Hagi, sancionado un partido por acumulación de tarjetas. No obstante, el portero inglés Seaman se lesionó en el calentamiento y tuvo que ser sustituido por un Nigel Martyn que, para desgracia de Kevin Keegan, sería uno de los tristes protagonistas. Al no poder alinear a su estrella, Jenei dejó a un lado el conservadurismo y apostó por repetir el 4-4-2 de Portugal, sólo que esta vez con un doble pivote formado por Gâlcă y Munteanu y la inclusión de Mutu (19 años) como pareja atacante de Moldovan con Ilie tirado a la banda izquierda. El Stade de Charleroi fue testigo de un partido intenso y vibrante que comenzó con un afortunado gol de Chivu, cuyo centro desde la banda izquierda se fue envenenando de tal modo que tocó en el palo y se convirtió en gol a los 22 minutos de juego. Shearer pondría las tablas de penalti y Owen consumaría la remontada antes del descanso tras un gran pase de Scholes. Pero, al inicio de la reanudación, el espíritu irreductible de Rumanía y el error de Martyn al despejar un balón hicieron que Munteanu pusiera el 2-2 con más de 40 minutos por delante. Para entonces, Popescu se había tenido que retirar lesionado y Jenei se la jugó quitando a Gâlcă y a Ilie para meter a Roșu y a Ganea. Faltaban tres minutos para el final cuando llegó el momento decisivo: Moldovan se internó por la banda y fue derribado por Phil Neville dentro del área. Penalti. Sin los veteranos sobre el césped fue Ganea quien tomó la responsabilidad de lanzar una pena máxima en la que engañó a Martyn, vencido a su derecha mientras el balón entraba suavemente por la izquierda. 2-3. Rumanía ya tenía aquello por lo que tanto había luchado, una victoria que, sumada al incontestable 3-0 de Portugal sobre la Mannschaft clasificaba a Hagi y los suyos para unos históricos cuartos.

Aquella noche de junio la locura se desató en Bucarest, donde 30.000 personas salieron a la calle a festejar la victoria y dedicarle el triunfo a Hagi, el héroe ausente. En la siguiente ronda encontraría Rumanía su techo ante la imaginativa Italia que Zoff diseñó en torno a Totti, un encuentro que terminó 2-0 y con Gica expulsado por doble amarilla. Pero esa es otra historia. Porque, como inspirados por el mismísimo Harvey Dent, Rumanía supo que la noche es más oscura justo antes del amanecer.

11/04/2016

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