El recolector paciente

SERGIO DE LA CRUZ | En esta época de inmediatez, contratos temporales, Tinder y fast food, resulta casi orgásmico encontrar reductos de lo permanente. Lugares o emblemas por los que no pasan los cambios, que siguen puros en su esencia. Uno de ellos se materializa en un jugador de fútbol espigado, de piernas largas como tentáculos, rostro curtido, lunar y brazalete en el perfil izquierdo. Un tal Bruno Soriano, el capo del Villarreal.

En El Madrigal, el ’21’ es un elemento perenne en el centro del campo. Figuras como la de Juan Román Riquelme, que le prestaba las botas cuando no tenía patrocinador; la de Marcos Senna, del que heredó la capitanía; la de Diego Forlán, que fue Bota de Oro; o la de Robert Pirès, que apuró sus últimas gotitas de fútbol, han pasado por el ‘Submarino Amarillo’ y él ha sobrevivido a todas. Primero de grumete con acné, ahora al mando de la nave. No se entiende absolutamente nada sin la zurda del artanense en la sala de máquinas de un equipo del que ya es el jugador con más encuentros, con 364 a sus espaldas. Palabras mayores incluso para un club que todo lo hace bien.

O casi todo. En 2012, tras una temporada muy por debajo del nivel esperado, el Villarreal descendía a Segunda división —el caprichoso destino quiso que fuera Godín el verdugo final— y a pesar de las ofertas, Bruno se quedó en el infierno y comandó a un equipo que perdió de golpe y porrazo a Nilmar, Rossi, Borja Valero, Diego López o Gonzalo Rodríguez, entre otros. Fueron los peores momentos de un jugador al que la inmisericorde categoría de plata le abrasó por completo. Cada partido era un paseo a 6.000 metros de altitud: las piernas andaban casi por obligación y el cerebro daba las órdenes atenazado por la presión. Sólo un año después llegó la liberación.

Lo que ocurrió en el verano de 2012 también se trató de un acto de fidelidad —una virtud cada vez más sobrevalorada, que se lo digan a Maxi López— poco frecuente en el fútbol moderno. No era el primero de Bruno, que con 16 años eligió quedarse en su Artana natal antes que atarse del todo al Villarreal, que le exigía vivir en su residencia, demasiado lejos del hogar. Ante el amor al equipo, optó por su sitio, por su gente, por su forma de vida. Allí desarrolló la capacidad de trabajo de sus vecinos, en una cantera y recolectando naranjas. Y los fines de semana jugaba en Preferente con el conjunto de su pueblo para aprender que las botas pueden masticar y hasta digerir tobillos y espinillas ajenas. Superada la mayoría de edad, el Villarreal llamó de nuevo a su puerta, y esta vez el chaval aceptó.

Fue Pellegrini el que apostó por él y el que también le mandó directo al gimnasio para ganar fuerza en cuanto le vio aparecer por allí. El proceso de crecimiento fue impresionante, y lo que en un principio era un extremo pasó a dominar todas las artes sagradas de la medular. Distribución, pulmones, brega, incluso balón parado… Y la paciencia. La que tuvo hasta que llegó su primer gol: 129 partidos después de su debut, en Vallecas, otro barrio que sabe de sobra lo que significa la primacía del honesto trabajo ante la facilidad del que tiene de todo.

O, por encima de todo, la que le hace convertirse en el eterno paciente en busca de la presencia en la Selección. Víctima a partes iguales de la mejor generación de centrocampistas del fútbol español y de la dictadura de conocidos que ejecuta Vicente del Bosque en sus convocatorias, apenas ha pisado el césped con la camiseta de ‘La Roja’ —sólo seis partidos, el último hace año y medio—. Son muchas las voces que piden su asentamiento en el combinado nacional, más en la situación actual en la que se pide a gritos un cambio de efectivos.

Con siete goles en 39 encuentros, sigue haciendo oposiciones para, al menos, ganarse una plaza en la convocatoria para la Eurocopa de Francia. Mientras tanto, el reto que tiene por delante no es menos apasionante: consolidar la cuarta plaza en Liga que daría acceso al Villarreal a la previa de Champions y, especialmente, esa Europa League en la que el año pasado no dieron la talla. Una vez acaben estas dos aventuras, llegará el momento de saber si el seleccionador decide acortar sus vacaciones. En caso negativo, siempre quedará Artana.

08/04/2016

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