Busquets, la gran verdad

SergioBusquetsFIRMA DE ÓSCAR V. V. | Hace ahora un año y tres meses cierto sector de la afición culé dudaba del ‘5’ que jugaba de ‘4’. Se decía que no estaba sabiendo reinventarse ante la pérdida de protagonismo del eterno ‘6’: Xavi Hernández. El de Terrasa era el único interior capaz de ejercer de mediocentro en la salida de balón más especial de Europa. Por el centro, siempre por el centro. Algo impensable en casi cualquier otro equipo en este siglo XXI, donde el inicio de la transición ofensiva a través del mediocentro está casi siempre vetada por la presión coordinada de la delantera y del centro del campo rival. Pero Busquets tenía el don desaparecer en la salida de balón azulgrana y su espacio era ocupado por una maestría inimitable, por un siempre enorme Xavi. Lo demás ya es historia.

Achacar a Sergio Busquets que no estaba creciendo hacia la dirección correcta es un error de base. Si hay un jugador en el Barça capaz de añadir cada año una nueva característica a su juego —Leo Messi aparte— ése era el de Badía. Del Bosque, Pep Guardiola, Tito Vilanova y, ahora mismo, Luis Enrique no pueden estar equivocados. Todos los entrenadores que ha tenido señalan a Sergio como el jugador clave del equipo, el canalizador del juego del Barça si obviamos al mejor jugador de la historia de este deporte, evidentemente.

Dentro de los errores habituales que sus detractores solían achacarle estaba el que hecho de que, supuestamente, sus acciones eran siempre completamente automáticas, como decididas a priori. Por defecto jugaba al primer toque; por defecto despoblaba la zona del mediocentro para que, como explicábamos, fuera ocupada por el interior con tendencia a la base; por defecto presionaba al hombre con balón incluso yendo siempre al suelo, eliminándose de la jugada… En definitiva, un punto débil en el engranaje azulgrana. Todo, bajo mi punto de vista, interpretaciones erróneas del juego de Sergio, más cuando su sello de marca siempre ha sido la lectura del juego. El propio Mascherano comentaba recientemente que, cuando decidió fichar por el Barça, sabía que lo hacía para ser reserva. Y si tenía alguna duda cada entrenamiento en Sant Joan Despí se lo confirmaba.

Se decía por estos estudiosos del juego blaugrana que si el Barça jugaba bien el de Badía lucía, y si no era el caso, era impensable que el juego de su mediocentro cambiara el rumbo del partido. Nada más lejos de la realidad, el fútbol del Barça dependía en exceso del estado de forma de ‘Busi’. Él era el termómetro y de su lectura en cada momento del partido dependía que el equipo creciera hacia la dirección correcta. El ‘5’ marcaba la línea y a partir de él nacía todo. Y, como no podía ser de otra forma, su juego en este último año y medio ha vuelto a dar otro salto de calidad. No existe un mediocentro en Europa capaz de cubrir más espacio de césped. Y no nos confundamos, no hablamos de un metrónomo, pero sí lo hacemos de un jugador que siempre tiene un mapa del campo en su cabeza, lo que le permite estar en el sitio idóneo en el momento adecuado, tanto en transición defensiva como cuando se trata de ofrecer una línea de pase al jugador con balón en casi cualquier zona del campo. Recientemente, él mismo definió su ‘trabajo’ como un tema puramente matemático: “Se trata de saber cuántos jugadores, compañeros y rivales, se encuentran a tu derecha y a tu izquierda en cada momento”. Sencillo. Y es que si algo resume su fútbol es la sencillez… Y la eficacia.

Capaz de aplicar los conceptos básicos del juego de posición, de fijar al jugador rival antes de soltar el balón, de saltar al colindante, de combinar con un toque cuando de imprimir velocidad al balón se trata. Sin un lujo de más, pero haciendo uso de una técnica individual más propia de un superdotado del fútbol sala en una zona del campo donde perder la pelota es medio gol rival. Características, además, que ha ido ampliando recientemente, como son asistir en profundidad ahora que el fútbol de este Barça de Luis Enrique se ha verticalizado, cuando la jugada lo demanda. Su rango de pase no envidia a ninguno de esos centrocampistas capaces de realizar cambios de orientación brutales, saltándose varias líneas propias y rivales cuando es necesario. ¿Qué será lo próximo? ¿Disparo desde larga distancia? ¿Juego aéreo? Actualmente forma parte de la columna vertebral del equipo, junto con Piqué en la base de la defensa y el inimitable trío atacante. Lo que le hace insustituible, dado que con Mascherano en dicha posición, la lectura de juego se realiza de forma diferente, sobre todo más lenta, al no poder aplicar el argentino los conceptos del juego que antes comentábamos con la misma clarividencia que el ‘5’.

Si aun no han sido testigos de su juego en directo acepten una última recomendación final: acérquense al estadio cuando tengan oportunidad. No les quepa duda, será el jugador que más les impactará con diferencia —el ‘10‘ mediante—. Se necesitan esos márgenes del campo que la televisión no ofrece para poder apreciar en toda su magnitud, las capacidades futbolísticas de un jugador que ya forma parte del mejor Barça de la historia. No se arrepentirán. Disfrútenlo.

27/03/2016

Óscar V. V. es redactor de Rondo Blaugrana

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