El factor R

RaúlGarcíaJULIÁN CARPINTERO | Podrá gustar más o menos, pero a día de hoy parece un hecho irrefutable que la llegada de Diego Simeone al banquillo del Atlético de Madrid ha devuelto la emoción y la lucha a los derbis capitalinos. La redundante intensidad que unos utilizan para defender un juego que, en ocasiones, rebasa los límites del reglamento es empleada en la acera contraria para argumentar unos resultados que han ido tornándose adversos y que siguen sin digerir. Sea como fuere, la brega se ha convertido en la nota predominante de unos combates que todas las temporadas ofrecen varios rounds. El de hoy, concretamente, será el sexto de este curso futbolístico, una campaña en la que el Cholo ha terminado de ratificar su apuesta por un jugador camaleónico que en este tipo de encuentros se convierte, al mismo tiempo, en una tabla de salvación y en una pesadilla. Depende de los colores por los que lata tu corazón.

La trayectoria de Raúl García podría definirse, cuando menos, como vaivenosa. Joya de la corona de Tajonar, Javier Aguirre le hizo debutar con el primer equipo de Osasuna en 2004 en la posición de mediocentro de contención, puesto en el que no tardó en afianzarse para ayudar al cuadro pamplonica a clasificarse para la ronda previa de la Champions League. El desembarco del entrenador mexicano en el Vicente Calderón tres años después propició que el Atlético apostara por su fichaje desembolsando 13 millones de euros por aquel chico corpulento que amenazaba con tirar a cabezazos las puertas de la Selección. Sin embargo, el histérico Atlético de Madrid de finales de la década pasada no parecía el lugar idóneo para el crecimiento y la estabilidad de un joven que apenas rebasaba la veintena y que asumió con dignidad los silbidos de una grada que grita con los intestinos. A pesar de que, por regla general, sus apariciones nunca bajaron de las 40, su influencia en el equipo se difuminaba paulatinamente a medida que Abel y Quique Sánchez Flores pasaban por la guillotina de la Junta Directiva. De ser titular en la final de Hamburgo, disputar la Champions League o pelear por levantar la Copa en el Camp Nou a verse fuera del equipo en apenas unos meses.

En este contexto, cuando Gregorio Manzano le consideró prescindible, Raúl decidió volver al cobijo de los suyos para reencontrarse consigo mismo. Y a fe que lo consiguió. En aquella temporada 2011/12, Mendilibar le sacó del doble pivote y le adelantó unos metros para situarle detrás del punta con el objetivo de aprovechar su físico y su gran capacidad para ver puerta. La respuesta del navarro fue firmar la mejor campaña de su carrera con 11 tantos en 33 partidos, credenciales más que suficientes como para convencer a Simeone —que había firmado en invierno— de que le llevara de vuelta a Madrid. Así, desde el primer momento en que se puso a sus órdenes, Raúl García se ha convertido en esa figura para la que muchas voces reclaman el papel de centurión rojiblanco, un guerrero dispuesto a poner la cara en cada balón dividido sin miedo a los golpes que pueda recibir. Su actual situación dentro del vestuario del vigente campeón de Liga es, una vez más, paradigmática: tan pronto es suplente ante equipos que sobre el papel serían inferiores al Atlético como indiscutible en choques de máxima exigencia. Así las cosas, los duelos ante el Real Madrid se han convertido en el hábitat preferido de este singular atacante que ha tenido que picar mucha piedra para encontrar un diamante en forma de Selección.

RaúlGarcía

Con todo su historial sobre la mesa la pregunta parece evidente. ¿Por qué Simeone siempre apuesta por Raúl García en los derbis? Por sus características físicas y futbolísticas tan particulares.

1.- Balón parado. El ‘8’ del Atlético es una de las grandes bazas del ‘Cholo’ a la hora de sacar provecho de su principal seña de identidad, el balón parado. Tanto es así que, sin ir más lejos, un gol suyo a la salida de un córner en la ida de la Supercopa de España de esta temporada sirvió para que los colchoneros afrontaran con ventaja la vuelta en su feudo, momento en que certificaron su triunfo. Esta tarde, con la ausencia de Ramos y Pepe, el papel de Raúl García se antoja fundamental con Varane y Nacho como parejas de baile. No en vano, más allá de su facilidad para ver puerta en este tipo de jugadas, su corpulencia física de por sí representa una amenaza para la zaga blanca, que suele verse dañada por las pantallas y bloqueos que Raúl facilita para los remates de los Godín, Tiago o Mandžukić.

En el mismo sentido, siempre es uno más a la hora de defender los córners y las faltas laterales y no es raro verle emparejado con grandes rematadores como Ramos o Cristiano Ronaldo.

2.- Prolongador de jugadas. En la final de Lisboa se pudo observar cómo el navarro caía constantemente hacia la banda de Coentrão y Marcelo cuando Courtois sacaba de puerta o los centrales iniciaban la jugada con un balón en largo. El objetivo de Simeone era, y sigue siendo, buscar el poderío aéreo de Raúl para prolongar el balón y que, en aquel partido concreto, Diego Costa lo peleara después de haber conseguido sacar a Ramos de su zona natural, un recurso para desahogar la salida de los defensas y crear peligro al mismo tiempo, más todavía cuando se cuenta con jugadores tan veloces como Griezmann o Torres.

3.- Líder. Si algo ha definido a Raúl García a lo largo de su carrera eso ha sido su personalidad. No le pesa el brazalete de capitán, sus compañeros le siguen y los rivales le respetan y le temen, aspectos intangibles pero fundamentales a la hora de afrontar un partido como éste.

4.- Lucha. No es fácil ver al navarro arrugarse ante ningún contrario, a los que, cada vez más, saca de quicio con un juego que parece tosco pero que suele ser de lo más efectivo. No hace falta echar la vista atrás para recordar el penalti que provocó —y transformó— ante Ramos en la ida de los octavos de final de la Copa del Rey a principios de enero.

5.- Inteligencia. La experiencia le ha hecho crecer como futbolista y en estos últimos años ha aprendido a interpretar el juego en función de las circunstancias del partido. Además de rebajar o subir la temperatura del choque, es capaz de lanzar una contra, contemporizar el juego, sumarse al ataque o deslumbrar con algún destello de calidad, como el balón de que dejó pasar entre sus piernas para que Arda hiciera el 1-2 en el Bernabéu en la primera vuelta de la Liga.

Artículo escrito para Estadio Leiva el 09 de febrero de 2015.

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